Relatos

Zyklon-B.

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¿El destino de la humanidad depende del miedo a morir de sus momentaneos dirigentes?

¡Qué calor hace hoy! increible...

Ulutes salía de su cobertizo a las afueras de la ciudad para ver si con suerte alguna brisa de aquel caluroso e implacable verano le golpeaba para poder calmar su calor y así poder volver tranquilo a su apacible trabajo de vigilante en el depósito de aguas de la ciudad. Nada gustaba mas a Ulutes que sentarse en su vieja pero cómoda silla y poner los pies encima de la mesa para ver así pasar las horas mirando por la ventana en busca de algún intruso que pudiese penetrar en el interior del recinto.

Ulutes prefería el trabajo nocturno en virtud de su acuciante insomnio, que le venía azotando desde muy temprana edad. Era un fumador empedernido que presumía ante sus escasos amigos de fumar hasta cuatro paquetes de cigarrillos diarios y no se avergonzaba de ello. Además, era una persona huraña y antisocial que vivía prácticamente como un ermitaño.

Esa noche se presentaba tranquila, solo el, su pistola y su vieja radio de válvulas para ver pasar una noche mas, una noche de rutina que prometía ser como todas. Pero, para bien o para mal, esta era especial...

El viento, que apenas soplaba con los últimos rayos de luz, había aumentado y Ulutes lo agradecía saliendo cada poco rato a fumar y a hacer la repetitiva ronda. Ulutes se siente inquieto y angustiado, cosa poco común en el. Tras unos segundos de respiración con el fin de relajarse, decide salir a hacer una ronda por las instalaciones y así poder refrescarse con las brisas nocturnas.

De repente y para su sorpresa, Ulutes divisa un pequeño haz de luz entre los árboles que rodean las instalaciones. Pensando en lo peor, decide acudir raudo a su cobertizo con el fin de coger su viejo revolver y prepararse para una hipotética actuación que nunca antes tuvo que realizar. Nervioso, carga una a una las balas pidiendo al destino que por el bien suyo y de los intrusos no tuviese que hacer uso de ella.

Tras observar desde su cobertizo los movimientos de los intrusos, decide valientemente, tras tomar un trago de su inseparable compañero, el Wisky, ir en su busca para intentar hacerse con la situación e intentar solventarla de la mejor manera posible. Paso a paso, se acerca a un final que se le antoja impredecible, pues en todos sus años de trabajo en el lugar nunca había actuado ni una sola vez ya que su ciudad era bastante tranquila. Lentamente se acercaba para intentar valorar la situación y el peligro que podría conllevar. A medida que Ulutes se acercaba a ellos, el viento subía con mas intensidad y proporcionalmente sus nervios.

Para su sorpresa, Ulutes escucha unos pasos a su alrededor pero le es imposible establecer un contacto visual cercano, son pasos invisibles, alguien que no se ve, que Ulutes ignora su procedencia... De repente y sin que se lo esperase de algún modo una persona se abalanza sobre el y consigue sorprendemente reducirlo a pesar de que Ulutes era una persona bastante fuerte desde que era un niño.

Inesperadamente otra persona se suma al forcejeo, que fue bastante disputado, pero finalmente, y ofreciendo su suerte al destino, Ulutes dejo su cuerpo muerto y quedo a la espera de acontecimientos. Tras unos instantes mirando a sus captores, apareció una tercera persona. Era alto, con una complexión atlética y unos rasgos faciales fuera de lo común, era blanco como un papel, con unos protuberantes pómulos y una cara que no parecía de este mundo, pero a Ulutes eso no le importaba en esos momentos, pues solo le importaba sobrevivir.

- Hola Ulutes, no tengas miedo, hemos venido a encargarte una misión.

- ¿Qué? ¿De qué estás hablando?

- Si, una misión muy fácil y que durará poco. Verás, tu misión será asesinar a todos los habitantes de esta ciudad.

- ¿Qué? Pe... Pero eso no puedo hacerlo, no me gusta la gente, ¡pero jamás he asesinado a nadie! -decía Ulute con dificultad-

- Lo sabemos Ulutes, sabemos todo de vosotros, os hemos vigilado desde que nacisteis y nuestra civilización lleva toda vuestra existencia detrás de vuestros acontecimientos y actos, colectivos e individuales...

- ¿Como es posible?

- Es muy fácil. Vosotros los humanos sois descendientes nuestros. Hace varios miles de años intentamos mezclarnos con otra civilización y nada salio bien. Ahora te pareces a nosotros porque intentamos pasar desapercibidos en la tierra, pero en nuestro lugar de origen seguramente te sorprenderías de nuestro aspecto externo. Vosotros, los humanos, fuisteis dejados aquí para no interferir con nuestro desarrollo. Aprendimos la lección y con el paso del tiempo nos regeneramos completamente. Os dejamos aquí a vuestra suerte, pero conseguisteis sobrevivir y llegar a un sorprendente desarrollo, por lo que, gracias a la nanotecnología, generación tras generación conseguimos implantaros nanochips de seguimiento.

- ¿Y cual es el motivo para acabar con nosotros?

- Pese a que os habéis desarrollado sorprendementemente, habéis errado en casi todas las etapas de la historia. Pero lo que resulta imperdonable es que, teniendo tecnología y una sociedad avanzada relativamente, sigáis cayendo en los mismos errores que cayeron vuestros antepasados.

- Mirándolo así lo entiendo, tienes razón.

- Bien, ahora que lo entiendes, me gustaría que aceptases la misión que te vamos a encomendar.

- Pero yo no puedo morir, no quiero morir...

- Tranquilo, como muestra de agradecimiento, te dejaremos venir a nuestra civilización y allí podrás comenzar una nueva vida.

A regañadientes, consciente de su inferioridad, Ulutes acepta tan macabra misión...

- Bien, lo haré, supongo que no tengo elección...

- Tranquilo Ulutes, porque en cada ciudad del planeta hay una persona como tu con la misma misión encomendada, y todos vendréis con nosotros mañana, a estas horas, hacia nuestra civilización.

- Bueno... -decía Ulutes triste viendo el destino que se avecinaba a la humanidad- ¿Y cual es el método?

- Vereis, vuestra capacidad autodestructiva os llevó a crear el famoso gas Zyklon B que tantos seres humanos mató a mitad de este siglo. Nosotros, mejorando la fórmula, hemos conseguido un desarrollo inoloro y licuado del gas, mucho mas potenciado, muchísimas veces mas mortífero que el usado en vuestra famosa Guerra Mundial... Por eso te elegimos a ti para esta misión. Tu tienes que vertirlo en los depósitos de agua y la química se encargará del resto.

- Mañana a las nueve de la noche vendremos aquí a buscarte. Muchas gracias por cumplir con nuestros deseos.

Y tan rápido como llegaron a aquel depósito, desaparecieron dejando a Ulutes solo ante tal ardua misión. Ulutes ahora tenia en frente una suerte de cuba de unos 4 metros cúbicos que debía verter al depósito final, al que iría directamente a los grifos, piscinas y duchas de la gente. Que apaciblemente dormían sin saber el trágico final que les esperaba.

La población mundial desapareció, quedando un habitante en cada ciudad, un elegido, un misionero de los extraterrestres que, acentuando su miedo a morir, habían sacrificado al resto de la humanidad en un acto de egoísmo y sumisión.

Los extraterrestres luego los juntaron a todos y los mataron, los bañaron con el mismo agua con el que ellos habían matado al mundo, no querían para nada a la raza humana, habían demostrado con ese acto que son capaces de sacrificar a su propia especie a cambio de su vida, de su egoísmo y de su miedo a lo que en teoría es superior, eran unos cobardes. Solo sobreviví yo, me dejaron como testimonio vivo de aquel día, y vivo recluido en una prisión del planeta Folius, no muy lejano a la tierra. Aquí estaré hasta el final de mis días, y aquí me mantienen vivo para documentar el caso de genocidio mas atroz que nuestro planeta vivió y que acabo con toda la humanidad. Y que no se volverá a repetir...

Desde este presidio, os he narrado la historia de Ulutes, un perfecto egoísta, pero podría haber narrado miles de historias mas de aquella noche, una noche que jamás olvidaré y que debo de cargar como castigo durante el resto de mi penosa existencia.

Firmado: S. D.

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Relato escrita por Pablo Moreira,
Fundador de Mundo Parapsicológico,
el día 5 de Febrero del 2008.

 

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