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Investigamos un caso Ovni en Ardanué (Región de los Pirineos).

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El presente avistamiento OVNI, sucedido en pleno paisaje montañoso, cuenta con varias características que hacen de él un caso muy interesante. Desde el número de testigos presentes, pasando por el anómalo aspecto y movimientos de las luces avistadas, hasta la gran duración del evento. Todo ello y otros aspectos relevantes se detallan en el siguiente informe.

El suceso llegó a mis oídos por medio de mis padres, quienes a mediados de agosto de 2006 pasaron unos días vacacionales en el Pirineo oscense, alojándose en la casa rural (“Casa Perich”) de un pequeño pueblo llamado Ardanué. Allí, el propietario de la casa les narró el avistamiento que habían presenciado en el lugar hacía unos años.

Así, el 12 de octubre de 2006 me desplacé a dicha casa rural, en el citado pueblo, donde permanecí por espacio de dos días, durante los cuales pude conocer a los testigos principales, encuestarles, y analizar la zona exacta de la observación, en donde se realizaron las mediciones oportunas.

En cuanto a la clasificación del suceso investigado, el mismo sería un caso típico de “luces nocturnas” (Hynek, 1972).

La Zona.

Fig. 1. Vista panorámica de Ardanué. (Fotografía: Víctor Martínez).

Ardanué (Figura 1) es un pequeño pueblo situado en el extremo noreste de la provincia de Huesca, y por tanto en pleno Pirineo. Pertenece a la comarca de Ribagorza, y más concretamente, al municipio de Laspaúles. Se encuentra a una altitud de 1360 metros y está ubicado en la falda de una montaña donde las pizarras son las rocas predominantes. Además, otras montañas terminan de conformar el paisaje visible desde Ardanué en todas las direcciones, dándole al pueblo la sensación de aislamiento y tranquilidad. Dicho paisaje montañoso está dominado por la abundante vegetación, especialmente por los pinos. Como se pudo comprobar estando allí, la zona presenta bastante actividad de tráfico aéreo. La población actual del pueblo es de tan sólo cinco habitantes.

Los testigos.

Cinco fueron los testigos que presenciaron el avistamiento. Por un lado, José Cierco Roso, de 59 años de edad a fecha de la encuesta, propietario de la casa rural; Josefina Fontdevilla Coyo, de 57 años, co-propietaria de la casa rural; y Pilar Fontdevilla, de 83 años, madre de Josefina. Los tres, residentes en la casa rural, pudieron presenciar los hechos por espacio de varias horas. Además, fueron testigos también J. Cierco Roso, de 57 años, trabajador de la seguridad social, y hermano de José; y E.N., de 57 años, también trabajadora de la seguridad social, y mujer de este último. Estos dos testigos, que no residen en la casa, sólo observaron los hechos durante unos minutos, marchándose del lugar tras alertar a José, Fina y Pilar.

Respecto al grupo de los tres testigos principales, aquellos que durante buena parte de la noche presenciaron el avistamiento, caben destacar varios apuntes:

José, hombre de una gran amabilidad, que dedica gran parte de su tiempo a las tareas que conlleva la casa rural y a las labores de cuidado a los animales de granja que junto a ella poseen, es una persona culta, extrovertida, y con gran facilidad para el diálogo. Se mostró muy cordial en todo momento, y estuvo encantado de proporcionar todos los datos que se le solicitaron durante la encuesta, sólo teniendo pequeñas dificultades a la hora de expresar el tamaño aparente de las luces avistadas, que rápidamente solventó sin problemas al señalar de comparación las luces de un pueblo cercano.

Fina, la mujer de José, está dedicada en todo momento a las labores de la casa rural. Es también de fácil dialogo, y se mostró igualmente muy cordial y amable, narrando el suceso espontáneamente y de manera bastante detallada.

Por último, Pilar, la madre de Fina, también presenció los sucesos aquella noche, pero se encuentra ya muy mayor, hecho por el cual no fue encuestada.

El suceso.

Los dos testigos principales, propietarios de la “Casa Perich”, fueron encuestados por separado. La encuesta a José Cierco se llevó a cabo el día 13, mientras que al día siguiente se realizó la encuesta a Josefina Fontdevilla.

La fecha del suceso no ha podido ser determinada con precisión. Si bien es seguro que los hechos acontecieron a mediados de enero, con la navidad ya terminada (probablemente el día 9, que como apuntó Fina es cuando suelen realizar el segundo día de matanza del cerdo, actividad que precedió al suceso), el año no es seguro, pues según José ocurrió hace dos o tres años, y según Fina hace cuatro o cinco. Tampoco en la hora de comienzo del avistamiento se ponen de acuerdo, pues José opina que eran alrededor de las 22 horas, y añade además que “ya hacía rato que era de noche”. Por el contrario, Fina asegura que estaba anocheciendo, lo que sucede varias horas antes de las diez de la noche en el mes del que hablamos. Dado que momentos antes de iniciarse el avistamiento, los testigos acababan de terminar la matanza del cerdo, parece razonable pensar que esta actividad sí la finalizaron cuando aún no había terminado de anochecer, y que pudo pasar un rato hasta que se avistaron las luces, pudiéndose tomar, aunque con mucha precaución, las 20 horas como hora de inicio del avistamiento, por lo que en este caso ambos testigos estarían equivocados en un par de horas.

Comenzando ya con el suceso en sí, aquel día, José, Fina, Pilar, el hermano de José, y la mujer de éste, habían estado realizando el segundo día de la conocida matanza del cerdo, como ya se ha señalado. Al terminar la misma, siendo aproximadamente, como se ha apuntado, las 20 horas, el hermano y la cuñada de José, cuando procedían a marcharse en su automóvil, observaron la presencia en el cielo de unas extrañas luces que se movían en círculo. Inmediatamente alertaron a sus familiares, que se hallaban en la casa, y a continuación se marcharon. A partir de aquí, José, Fina y Pilar, desde el patio de la casa, pudieron observar con mucho detenimiento las luces.

Fig. 2. Dibujo simple pero evidente realizado por José. (Archivo Víctor Martínez).

Fig. 3. Dibujo realizado por el autor, con el visto bueno de José, para determinar el grosor relativo del borde luminoso. (Archivo Víctor Martínez).

Durante las encuestas, tanto José como Fina señalaron el mismo punto de posición de las luces en el firmamento, lo que ayudó a determinar con bastante precisión el rumbo en que las mismas se hallaban, siendo medido por medio de brújula en 330º. Así mismo, la elevación de las luces era de 65º. En cuanto a la altura a la que se hallaban, aunque José señaló que podía ser de 4.000, 5.000, o más metros, estos datos no deben ser tomados muy en cuenta en cuanto al elevado error que pueden contener. Así, la altura aproximada no pudo ser determinada debido a la ausencia de elementos del paisaje que ayudaran a determinar la distancia que separaba a los testigos de la vertical de las luces (necesaria para aplicar los cálculos trigonométricos adecuados), pues éstas parecían estar muy altas, y las montañas de los alrededores se encuentran bastante alejadas del punto del firmamento indicado por los testigos como para poder tomarlas de ayuda en la determinación de esta distancia.

El número de luces difiere en ambos testimonios, pues José cree recordar que las luces observadas fueron cinco, mientras que Fina asegura que eran tres. En cuanto a las características de dichas luces, los testigos definieron su morfología como la de un “anillo”, siendo totalmente circulares, con un círculo interior de color negro, que posiblemente era el mismo cielo, y un borde exterior de una luz blanco-azulada. Según José, esta luz era homogénea en todo el borde (Figs. 2 y 3) y parecía oscilar continuamente de tonalidad más débil a más fuerte, y viceversa. Por el contrario, Fina define el borde exterior como compuesto por numerosos puntos de luz blanco-azulada que no variaban en intensidad (Fig. 4). El grosor relativo de este borde respecto al total del anillo pude observarse en las figuras 3 y 4.

Fig. 4. Dibujo realizado por Fina, que detalla las luces que según ella componían el borde del círculo y el movimiento de rotación del mismo. (Archivo Víctor Martínez).

El tamaño aparente de los “anillos”, que los dos testigos calificaron como mucho mayor que el de la Luna llena, fue determinado en base a las luces de un pueblo señalado por José como comparación. Dichas luces del pueblo, manteniendo el brazo extendido, lograban taparse prácticamente todas con el dedo pulgar, lo que equivale a un diámetro aparente aproximado de 2º, o lo que es lo mismo, a cuatro veces el tamaño aparente de la Luna llena. Además, Fina cree recordar que uno de los “anillos” era algo mayor que el resto. Respecto al tamaño real de las luces, al no poder contar con la distancia aproximada que separaba a los testigos de las mismas, no puede ser determinado, aunque la gran altura a la que aparentaban estar indica que su tamaño real debía ser bastante grande. En este punto, José aventuró un posible tamaño de 30 o 40 metros de diámetro para cada “anillo”, pero el dato no debe tomarse muy en consideración ante la gran inexactitud que seguramente contiene. Aún así, si se toma la altura de las luces que aventuró José (entre 4.000 y 5.000 metros), y teniendo en cuenta los 65º de elevación y los 2º de tamaño aparente, se obtendría un tamaño real de unos 170 metros de diámetro. Por contra, si se supone muy equivocado el dato de altura aportado, y se toma, por ejemplo, una altura de 2.000 metros, el diámetro real de cada “anillo” sería de unos 75 metros. Esto sirve de ejemplo para observar cómo los datos de este tipo que se dan a menudo en los informes OVNI pueden estar muy equivocados si no se pude contar con elementos del paisaje que sirvan como referencia para estimar las distancias.

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Fig. 5. Reconstrucción del avistamiento desde el punto exacto en el que lo presenciaron los testigos. Las luces giraban haciendo círculos (trazas negras) mientras cada una de ellas rotaba (trazas rojas). La reconstrucción se ha hecho con un número de luces intermedia a las dos versiones obtenidas de los testigos, y sobre una fotografía diurna, aunque el avistamiento fue nocturno. (Archivo Víctor Martínez).

En cuanto a los movimientos de las luces (Fig. 5), ambos testigos coincidieron en señalar que durante todo el tiempo, el borde luminoso de cada “anillo” giraba continuamente sobre sí mismo a la vez que todos los “anillos” se desplazaban simultáneamente haciendo círculos, siempre en el mismo sector del firmamento, con un espaciado constante entre todos, y aparentemente sin variar su altura. La velocidad a la que lo hacían era similar a la de los aviones comerciales que transitan por el espacio aéreo de la zona. Mientras estos movimientos tenían lugar, podía escucharse una especie de zumbido oscilante. Está prácticamente descartado que este sonido, que según los testigos se escuchaba claramente, tuviera un origen distinto al de las luces que estaban presenciando, pues los testigos están totalmente familiarizados con el entorno, en el que de hecho llevan viviendo toda su vida.

A raíz de lo que estaban observando, los testigos, según sus propias palabras, sintieron algo de miedo. Así, ahora entre risas, José declaraba que: “la última vez me asomé allá y me acuerdo que me volví escopeteado”. Además, los testigos telefonearon a los pueblos más cercanos, Ardanuy y Castanesa, para comprobar si desde allí también estaban viendo las luces, a lo que les respondieron negativamente.

Los testigos no permanecieron todo el tiempo en el patio observando el fenómeno, pues dada la larga duración del mismo, cuando se acercaba la madrugada se asomaban sólo de vez en cuando para observar las luces, comprobando así que las mismas continuaban girando en círculo. Al final, José recuerda que las luces fueron perdiendo intensidad, y cuando volvió a asomarse por última vez ya no estaban. La duración total del avistamiento, por las informaciones aportadas en las encuestas, se mide en unas tres horas aproximadamente.

En referencia a las condiciones climatológicas que reinaron durante el avistamiento, el cielo nocturno estaba completamente despejado y la Luna no era visible.

Conclusión.

A pesar de las diferencias de los testimonios en varios puntos, tales como el número exacto de luces que se observaron, las características exactas de la luz azulada, y el hecho de que los testigos no coincidan en situar en un año y hora concretos el momento del avistamiento; la sinceridad de los testigos está fuera de toda duda.

Tales variaciones entre testimonios son totalmente lógicas y normales, pues con el paso del tiempo, muy a menudo, la memoria pierde o añade detalles a los hechos. Además, a excepción del número de luces avistadas, los testigos coinciden en los puntos clave del avistamiento, como son la forma en que se inició el mismo tras la matanza del cerdo, la posición exacta de las luces en el firmamento, su aspecto general (forma de “anillo” de luz azulada), sus movimientos, su gran tamaño aparente, y su larga duración.

En definitiva, el suceso presenta muchas características importantes, como son la presencia de unas luces con una morfología anómala como es la de “anillo”; sus movimientos extraños, que se prolongaron durante todo el avistamiento, y que contaban con la rotación de cada luz al mismo tiempo que todas se desplazaban en círculo; el zumbido oscilante que emitían, y que conforma una característica bastante común en los avistamientos OVNI; y por supuesto, la gran duración del avistamiento, que se estima en tres horas aproximadamente.

Debido a todo lo expuesto, el suceso adquiere un índice de extrañeza-credibilidad bastante alto para un avistamiento lejano, y se muestra como un caso OVNI auténtico que puede arrojar más datos interesantes en un futuro.

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