¿Sabemos cual es la frontera de la cordura a la locura? ¿Del amor al odio? ¿Estamos condicionados a nuestro comportamiento?
Juan y Yolanda, Yolanda y Juan, una pareja normal como las que podemos ver en la calle, como las de nuestros amigos o como las nuestras mismas, una pareja que, tras algunos meses de locura y desenfreno ha caído en una irremediable rutina.
Sin embargo, la pareja se tenia mucho amor, tanto que, pese a su juventud ya habían decidido independizarse para comenzar una nueva vida en común, lejos del hogar paternal que tanto les condicionaba.
Lo habían probado todo, en todos los aspectos, y no encontraban una forma natural de poder sobrellevar el peso que tanto les acuciaba, un peso tan ruin y a la vez tan placentero que hacía mantenerse a la pareja enamorada.
Cierto día, la pareja decidió realizar un viaje a una ciudad cercana, con el fin de fotografiar algunos enclaves que ambos gustaban, y allí conocieron a una persona, una persona extraña y enigmática que no tardó en cautivarles y apoderarse de sus personalidades.
El pseudogurú iba cultivando en ellos ideas extravagantes, imposibles de creer para personas con algo de bagaje vivencial en sus espaldas, pero que nuestras dos víctimas absorbían como las esponjas, hasta el punto de poner en práctica los rituales que su nuevo amigo les imponía.
Llegó el momento en que el extraño personaje comenzó a inculcarles filosofías mucho mas radicales, mas allá del paz y amor al que los tenía acostumbrados, y comenzó a hablarles de seres malignos, que estaban materializados de algún modo en el espíritu de uno de los miembros de la familia de cada uno.
Juan y Yolanda no dudaron un ápice de las palabras de su líder, y raudos comenzaron a investigar en su entorno mas íntimo familiares con actitud sospechosa, con instrucción de matar a la desgraciada persona en caso de ser encontrada, con una condición fundamental: Cada uno tendría la penosa misión de matar a su familiar.
Los días pasaron y ambos frecuentaban con extraña asiduidad sus respectivas casas, en busca de su inocente presa, hasta que Juan vio al diablo encarnado en su propio hermano, acabando inmediatamente con su vida y enterrándolo sin dilación a las orillas de un cercano pantano.
Por su parte, Yolanda, seguía buscando por su cuenta, y, a punto de desistir de tan cruel propósito, vio con estupefacción que su madre guardaba una suerte de revistas esotéricas desde hace varios años, lo que la sirvió de motivo para, en un momento de descuido, agarrarla ferozmente por el cuello quitando la vida de la persona que 23 años atrás se la regaló.
Pensándose fuera de toda culpa, se reunieron en casa y entablaron contacto con su líder, que les dijo acaloradamente que aún no era suficiente para colmar sus delirantes expectativas, y ordenó a estos que inmediatamente matasen a toda su familia de noche abriendo la llave de gas de las respectivas casas. Aunque esta vez, si podían intercambiarse los objetivos...
Sin dudarlo, cumplieron tan macabro propósito, Juan mató a la familia de Yolanda, y Yolanda terminó con la vida de todos los miembros de la familia de Juan, menos de uno, de su avispado hermano Nicolás, que trasnochaba casi siempre y ese día detectó rápidamente el olor a gas, aunque no pudo salvar al resto de la gente.
De vuelta en casa, nuestras víctimas recibieron la visita de varios coches de policía que, en un principio, iban a comunicarles la fatal noticia. En un ataque de nervios, ambos se atrincheraron en su casa declarándose culpables, justificándolo en las órdenes que el personaje, ahora desaparecido, les había dado.
Las negociaciones siempre son duras, sobre todo cuando se trata de dos locos, y eso la policía lo sabe, por lo que tras varias horas después, ya preparan el plan para asaltar la casa donde estos se encuentran encerrados a cal y canto.
En un momento de cordura, Juan se da cuenta de lo terrible de los acontecimientos, e intenta hacer ver a Yolanda el mismo horizonte. Yolanda con el paso de los minutos también toma cuenta de la situación, ya no eran la misma pareja absorbida por las ideas de un loco sectario. Eran, por fin, Juan y Yolanda.
Recordando todo, comenzaron a surgir los rencores entre ellos, hasta que finalmente, Yolanda empuñó un cuchillo de encima de la mesa donde habían cenado y de una certera puñalada cercenó la yugular y la faringe de Juan, que agonizaba tumbado en el suelo.
Sin pensárselo dos veces, lo decapitó y salió a la ventana, donde estaba todo el mundo expectante, y cabeza en mano arrancó limpiamente los ojos y procedió a comérselos, estaba enloquecida, con sus ojos fuera de las órbitas, desaliñada y completamente cubierta de sangre.
Cuando acabó de hacerlo, decidió que no había un final tan memorable como lanzarse desde la ventana al vacío, quedando allí mismo muerta ante el asombro de todos...
¿Donde está la delgada línea que separa la "cordura" de la "locura"? ¿Donde termina el amor para convertirse en odio? Sin duda, son preguntas que solo saben ellos, pero que se llevaron el secreto a la tumba...
Relato escrita por Pablo Moreira,
Fundador de Mundo Parapsicológico,
el día 7 de Marzo del 2008.
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