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Crónica de un fenómeno poltergueist violento en Navarra.

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Los hechos ocurrieron hace unos 17 años, aproximadamente, y son absolutamente reales, doy fe de ello.

En cierta ocasión, un sábado a la mañana, tres amigos de mi cuadrilla se juntaron para salir de excursión a un monte de Navarra. Yo también quería haber ido pero, por motivos de otra índole, no pudo ser.

El caso es que cuando se encontraban subiendo cierto monte, comenzó a llover. Dado que la lluvia no era muy fuerte, decidieron continuar subiendo y confiar en que mejorase el tiempo. Lejos de eso, la lluvia arreció, y se convirtió en un auténtico chaparrón.

No les quedó más remedio que buscar algún sitio para guarecerse. Al poco tiempo encontraron una construcción, como una especie de granero. La descripción que me hicieron de él fue, aproximadamente, el siguiente: una estructura rectangular de cuatro paredes, de unos 30 metros de largo y unos 7-8 metros de ancho (tengo que reconocer que no se ponen entre ellos muy de acuerdo en estas medidas...). El techo, de ladrillo, en "V" invertida. En la entrada, grande, no había puerta.

Al entrar al interior comprobaron que había dos pisos. Al piso superior únicamente se podía acceder por una escalera recta que se encontraba colocada en mitad de la superficie del piso de abajo. Si uno quería ver lo que había en el piso superior, debía de subir por esa escalera y acceder por un hueco, cuadrado, abierto en el suelo del segundo piso. Por lo demás, el granero estaba limpio.

Bueno, el caso es que mientras mis amigos estaban en el umbral de la puerta de acceso al granero, oyeron unos ruidos en el piso de arriba, como si se estuviera arrastrando un mueble. Ante el sobresalto, uno de ellos decidió subir por la escalera y mirar a través del hueco. Únicamente había una silla en una esquina de la planta. Nada, ni nadie más.

Bajó nuevamente y se lo contó a los otros dos amigos. Evidentemente, los tres amigos estaban absolutamente mosqueados...

A los pocos minutos, nuevamente, se escuchó el mismo arrastre de muebles en el piso superior. En este caso fue otro de los amigos quien se decidió a subir y mirar.

Efectivamente, allí estaba la silla, y nada –ni nadie- más. Cuando miró otra vez a la silla, observó algo increíble: ¡la silla, movida por "alguien" comenzó a arrastrarse a toda velocidad en dirección a mi amigo!.

Hay un detalle importante: la silla no tenía ruedas ni nada que pudiera hacer pensar que se deslizaba. Era una silla de madera con cuatro patas. Por eso, cuando ese "alguien" o "algo" la arrastraba, (literalmente LA EMPUJABA), se oían esos ruidos.

El caso es que cuando faltaban 4-5 metros para que la silla se estrellase contra la cabeza de mi amigo, éste se agachó y quiso bajar a tanta velocidad que terminó por caerse literalmente de la escalera. Ante los gritos de horror de este testigo, los otros dos amigos cogieron las mochilas y, ya los tres juntos, salieron del granero a la máxima velocidad que les permitían sus piernas.

Yo he hablado con ellos de esto muchas veces, pero cuando intento indagar algo más con la persona que vió moverse la silla (ahora ya no se pone a temblar, pero pasó unos meses realmente asustado), siempre terminamos con la mismas preguntas: ¿Quién, o qué, era lo que movía la silla? ¿De dónde procedía?

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