Entre Mieres y Moreda de Aller, subiendo por un monte, nos encontramos un bonito y pequeño pueblo llamado Sinariego, que cuenta con tan solo unos tres habitantes. Pero lo más interesante es lo que se encuentra justo por encima de las casas habitadas. Allí nos encontramos, en pleno bosque, los restos de una población que acogió, allá por los tiempos de posguerra a los maquis. Estos eran personas que huidas a los montes, vivían en rebeldía y oposición armada al sistema político establecido, el de Franco.
En este escenario es donde tres miembros del grupo GAIPO, decidimos ir a investigar la pasado noche del 31 de octubre. Esta fecha tiene un significado especial, ya que esa misma noche, da paso al Día de los Difuntos o de Todos los Santos.

Tras subir por estrechos caminos con un sinfín de curvas y pronunciadas pendientes llegamos a nuestro destino: Sinariego, donde dejamos el coche, ya que a partir de ese punto, el camino de subida al poblado deshabitado es impracticable para cualquier vehículo. Recorridos unos 100 metros ye empezamos a encontrar construcciones abandonadas, parcialmente derruidas y con ello un paisaje impresionante. Ya pasaba de la medianoche y la oscuridad era absoluta, si no fuera por el foco que llevábamos con nosotros hubiera sido imposible moverse por esos caminos. A pesar de que llovía, no nos llegaban las gotas, ya que las ramas de los árboles eran tan frondosas y abundantes que dejaban totalmente cubierto el cielo para cualquiera que se encontrara allí.
La investigación comenzó con un recorrido por la zona para estudiar los caminos y casas, haciéndonos así una idea de lo que debió ser la vida allí, en tiempos no tan lejanos, un lugar muy propicio para las emboscadas y en general para ocultarse de todo.

Tras el reconocimiento de la zona y la localización de un lugar apropiado para pasar la noche, bajamos al coche para recoger todo el equipo, formado, como en tantas otras investigaciones de dos grabadoras de cinta magnética y una digital, un foco y una linterna, dos videocámaras, tres cámaras de fotos digitales, el tablero ouija y varios accesorios como micrófonos, baterías, cintas, etc.
La noche transcurrió muy rápido haciendo los métodos habituales en nuestras investigaciones: dejamos una grabadora en un cruce de caminos, que nos pareció interesante por su lugar estratégico, ya que en dicha intersección se encontraba un árbol con el tronco hueco desde el que se divisaban los tres caminos que allí se cruzaban, muy apropiado para vigilar la posible invasión a la población de gente no deseada.
También intentamos obtener psicofonías por el método de preguntas en el lugar donde pasamos la noche, un pasillo entre una construcción de piedra que parecía haber sido algo así como un establo y un murete también de piedra, muy parecido a los muchos que flanqueaban gran parte de los caminos. A continuación realizamos una sesión de ouija, en la que participamos Laura Junquera tomando notas de todo lo ocurrido en la sesión y en el tablero David Madrazo e Iván Lanza (el que escribe). Esta produjo unos resultados muy interesantes, puesto que, supuestamente contactamos con varios entes que nos dieron cierta información, aunque no relacionada con la historia de los maquis, ya que nos contaron que habían vivido entre los siglos XIV y XV.

Finalmente, al amanecer, realizamos fotos y grabamos vídeo de todo el pueblo con el fin de obtener psicoimágenes y también para ilustrar esta investigación.
Para concluir esta exposición escrita de la investigación, debemos informar que volveremos, al menos en otra ocasión, a este mismo lugar para completarla, ya que nos faltaron ciertos lugares interesantes por visitar como un colegio y una ermita abandonados, además de entrevistar a los escasos habitantes de este pueblo con el fin de conocer más extensamente las historias allí acontecidas.
Fotografías.














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