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La Ouija, ¿Sistema para la investigación paranormal?

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La ouija siempre viene predecida de controversia, para algunos, mensajes tan solo del inconsciente, un simple y mero juego mental, para otros prácticamente “cosa” del diablo, sin embargo investigadores serios de este fenómeno como Don Francisco Azorín, nos muestran una cara más “amable” de la ouija, e incluso recomendada como terapia personal

Sea como sea, lo cierto es que en la tabla ouija, los mensajes, tan solo pueden tener dos orígenes, que provengan de nuestro yo más profundo o que sean dictados por “alguien” ajeno a los participantes, a lo largo de mis numerosas experiencias, estaría en condiciones de decir, que no es lo mismo que afirmar, que ambas posibilidades se dan en las sesiones de ouija.

En la película “El Exorcista” se nos mostraba la ouija como la posible ante sala de la posesión diabólica, pero a día de hoy, casi podemos constatar que el mayor riesgo es el propio psicológico, no obstante el presente artículo versa sobre esta práctica en investigaciones de tipo paranormal.

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Sesión de Ouija en el "Hospital del Tórax" (Terrassa)

Desde hace algún tiempo se han puesto de moda las sesiones de ouija como parte de las “supuestas” investigaciones paranormales y digo supuestas ya que muy a pesar mío he de declinarme por la no práctica de la ouija en investigaciones, aun cuando yo mismo y compañeros míos la hayamos utilizado, pero lo bien cierto es que en muy raras ocasiones, rarísimas, diría yo, aportan información válida y comprobable; en la mayoría de los casos se establece una comunicación, pero esta aporta casi nada o nada del todo, en cuanto a datos válidos para nuestro trabajo, en muchas ocasiones es bien cierto que la ouija muestra mensajes que parecen estar en consonancia con el lugar o posibles sucesos acaecidos, pero insisto, los datos casi nunca se llegan a comprobar, y cuando se comprueban ciertamente nos faltan más para poder elaborar un “juicio justo” sobre lo que nos ha comentado la ouija, nombres pero sin apellidos, fechas posibles pero in comprobables, datos de muertes, suicidios u otras tragedias de las cuales nunca llegamos a cerciorarnos y un largo etcétera de mensajes difusos y poco concretos, aunque ciertamente también es verdad que en alguna sesión de ouija aparecen datos que son comprobados y que no eran conocidos por ninguno de los participantes, pero esto sucede en escasísimas y rarísimas ocasiones.

Hay que tener también en cuenta que en ese supuesto otro lado, también existe la mentira, por lo que aquello que se nos transmite, difícilmente lo podremos tener como algo cierto.

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Fran Recio y Manuel Saavedra en una experiencia conjunta con la UB de Barcelona, en donde se mostraba el fenómeno de la ouija a una veintena de jóvenes.

Existen numerosas “investigaciones” en las cuales se incluye una o varias sesiones de ouija, y por descontado, el morbo está servido, pero casi nunca, aparece después la investigación sobre los datos que los investigadores han obtenido de la sesión ouija, así pues, lo que sí se puede es establecer es una relación directa con la búsqueda de morbo y sensacionalismo o por otra parte por que de no añadir una sesión ouija a una “supuesta investigación” esta, prácticamente se quedaría en nada. A las investigaciones “fáciles” se le necesita obligatoriamente de dotar de “algo” que aunque no aporte nada, parezca que lo haga.

Una sesión de ouija alarga un artículo o da matices suculentos a especie de película de terror, pero que queda en eso, en ciencia ficción. Es bien cierto que la ouija parece abrir “puertas” como bien decía mí maestro en ocultismo Don Manuel Seral Coca, que en paz descanse, “Hacer una ouija es como encender una luz en la oscuridad de un bosque” y lo que sucede es que atraen a los mosquitos, por lo tanto sea cual sea el mensaje que se nos muestre en el tablero o bien no le hacemos caso o bien debería ser comprobado, lo cual agrega a una investigación un trabajo impresionante, que la mayoría de los “investigadores” no están dispuesto ha realizar, por lo tanto si lo que después de hacer una sesión de ouija como parte de una investigación es no hacer nada ni comprobar nada, ciertamente la ouija carece de sentido.

Más esotéricamente hablando, y acerca de estas supuestas puertas que se abren hay que decir, que nuestra antena de conexión es nuestra propia mente, con lo cual deberemos obligatoriamente de tener serenidad, respeto (que no debe faltar nunca) pero sobre todo decisión y una mente clara, capaz de discernir sobre lo que nos muestre la ouija y capaz de no sugestionarse, parte del todo fundamental, no sugestionarse con mensaje alguno.

Muchas personas ven en el sistema de la ouija, una forma de comunicación con los difuntos, pero esto, hasta para la mente más preparada es peligroso, ya que intentar comunicarse con un ser querido fallecido puede ocasionar trastornos mentales o psíquicos de suma importancia, volver a insistir que en ese “otro lado” también existe la mentira, prácticamente nunca seremos capaces de estar seguros de que con quien conectamos es en realidad es ese ser querido fallecido, sea nuestra mente ó” entidades” ajenas a ella, es muy posible que los mensajes no provengan de quienes creemos, “alguien” se hace pasar por ese ser querido o ese familiar y aun cuando parezcan esas entidades conocer determinados aspectos que tan solo conoce el familiar que intenta conectar, muy probablemente se manifiesten en el tablero aquellos datos que aun siendo solo conocidos por uno de los participantes, este puede hacer de médium, dirigiendo los dedos y el master hacia mensajes concretos que nos pueden desconcertar, pero que no provienen del más allá, si no del total más acá de nuestra mente.

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La ouija y según mí opinión solo sirve para la propia investigación de sí misma, sin embargo la práctica continuada de la ouija acaba por dejar una sensación agridulce ante la dificultad y en numerosas ocasiones imposibilidad de verificar los datos por lo que esta práctica con el tiempo se suele aparcar ya que su aportación en investigación es mínima o nula.

Jamás practicar la ouija con miedo, aun cuando este miedo no lo reflejemos.

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Artículo escrito por Francisco Recio,
Colaborador de Barcelona.,
el día 7 de Agosto del 2011.

 

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