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La leyenda del Castillo de Blimea.

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10 de Junio del año 2007.- En esta fecha el grupo Gaipo y los reporteros integrantes de Investigando el misterio rondábamos los alrededores de Pola de Laviana para revivir una de las más bellas leyendas históricas asturianas.

El Castillo de Blimea hace un siglo.

Las leyendas históricas son muy verídicas respecto a personajes y lugares, como en esta que nos sumerge en torno al siglo XIII, los personajes reales, el lugar real, y las historias fantásticas o hechos asombrosos que las gentes atribuían a los personajes importantes en la historia, suele ser la desembocadura de tan hermosos relatos, no cuentos, sino historias que sin duda marcan la cultura de nuestros antepasados. Muy importante rescatarlas, y recordarla, como haremos ahora.

Cuenta la leyenda que desde la edad media, fue el Castillo casa de señorío y misericordia, dando sustento a quien desfallecía y cobijo a quien lo necesitaba, cualquiera que fuese.

El dueño del Castillo era un noble hidalgo, señor de todo el valle, hombre misericordioso y tranquilo, que tenía por una de sus costumbres asomarse a las almenas para contemplar sus dominios, prefiriendo estos pasatiempos tranquilos, a la ferocidad de la guerra.

El buen hombre tenía solo una hija, de nombre Florinda, a la que todos los habitantes de la comarca querían, por su virtud, su piedad y su belleza. Florinda era pretendida por todos los infanzones de los alrededores, que desfilaban diariamente hacia el castillo en bellos corceles.

Sin embargo, ninguno se había ganado el amor de la muchacha, y tampoco se atrevían a decirle nada mas, conformándose con su amistad. Solo el señor de Buelga (Parroquia de Ciaño, en Langreo), sentía herido su orgullo, y decidió que la haría su esposa fuese como fuese, así pues, con promesas y zalamerías, consiguió el permiso del Señor de Blimea para desposarla.

Cierto día, llamo el padre a la hija, y le comunico la decisión de que se desposase con el señor de Buelga. Los ojos de la joven se ensombrecieron, y las lágrimas acudieron a ellos. Su padre, sorprendido y apenado por la reacción de la doncella, a la que adoraba mas que a su propia vida, y nunca quiso causar pesar alguno, le pregunto que le pasaba.

Florinda, aun con la voz ahogada por la emoción, pero firme y resuelta, confeso a su padre que su corazón ya lo había entregado a otro hombre. El anciano hidalgo quiso saber su nombre y si tenía un buen linaje, como correspondía a su hija, por la noble cuna en la que había nacido.

La joven bajo los ojos, sin responder, y el padre supo que se trataba de un labriego. El buen hombre, tuvo un momento de debilidad y furia, ya que por propio egoísmo paterno, aspiraba para su hija un noble de gran prestigio y linaje.

“-Un villano!! - Gritó- Debería hacerle pagar cara su osadía y colgarle de la almena mas alta del castillo”

Florinda, sorprendida por ver a su padre así, y con el miedo metido en el cuerpo, juro y perjuro que jamás le diría su nombre, y que primero se mataría antes de desposarse con otro que no fuera su amado.

El hidalgo de Blimea aun seguía montado en cólera, y amenazo con meterla en un convento si no se casaba con el señor de Buelga, y prohibiéndole volver a mencionar al villano.

En un último arranque de ira, la encerró en un torreón y mando recado al de Buelga, anunciándole su consentimiento.

Yoli Peón y David Madrazo, recorriendo incansables los caminos que acompañan las leyendas asturianas.

Pasaban los días, y en el castillo la agitación era grande, por los preparativos de la boda de Florinda y el señor de Buelga. Llegado el gran día, a primera hora de la mañana, unos fuertes golpes sonaron en la puerta del castillo.

El señor de Blimea, seguido de su sequito, corrió a abrir la puerta, extrañado por los golpes tan fuertes.

Su sorpresa fue en aumento, al encontrar a un apuesto joven, servidor suyo, que con semblante emocionado y terriblemente apenado, le dijo:

“-Ved, señor, el tributo que cuesta separar a dos almas que se aman desde niños; para librar a mi amada de los brazos de otro hombre, yo mismo le he dado muerte. Ella me lo suplico y yo he cumplido su ruego”

El noble, horrorizado, le pregunta el nombre de la desgraciada.

“-Su hija, señor”

El señor de Blimea suelta un alarido que se oye en todo el valle, esta próximo a volverse loco de pena y de furia, pero sobreponiéndose, y en un supremo esfuerzo, se contuvo, y le dijo:

“-Libre eres, mi casa es una casa de señorío y misericordia”

“-Gracias señor -responde el mancebo- vuestra sangre es tan noble como el apellido que lleváis, pero ved lo que hago con la libertad que tan generosamente me otorgáis”

Y sacando un puñal aun rojo por la sangre de la amada, se lo hundió en el corazón suicidandose. De esta tragedia fue testigo mudo el Castillo de Blimea.

Grabando el reportaje para el artículo, Isaac y David Madrazo. Actualmente el lugar de leyenda pertenece a tierras privadas, los familiares a los cuales conocimos en el pueblo nos permitieron verlo de cerca para revivir esa hermosa leyenda. En estos tiempos solo son ruinas lo que queda de tal hermoso paraje.

Tras recordar y remover esos archivos para recoger de nuevo esta hermosa leyenda, el grupo Gaipo se trasladaba hasta esta parroquia, buscando el misterio e intentando dar a conocer estas pequeñas historias que componen la propia historia de nuestra tierra, que de otra forma, se perderá con el paso del tiempo. Así como antaño se transmitía por medio oral, aprovechemos tanto el medio radiofónico como el de internet para el mismo fin.

Cuando llegamos allí, no tuvimos mucha dificultad en encontrar las ruinas, ya que se encuentran muy próximas al pueblo, y la gente, muy amable, no tuvo inconveniente en señalarnos exactamente el lugar, al que se accede por carretera o por sendero.

Preferimos ir por el sendero, un sendero de piedra y barro, de árboles y maleza, de hojas verdes, humedad y encanto, como esas imágenes que tenemos de la Asturias de otros tiempos, donde la civilización aun no había mermado sus imponentes bosques, donde la historia y la leyenda se mezclaban de una forma maravillosa.

Casi pasamos de largo cuando llegamos allí, ya que el que entonces fuera un orgulloso castillo, ha quedado en unos años, reducido a ruinas, tomadas por la maleza, y la hojarasca. Pese a todo, se podían distinguir perfectamente tres muros, aun altos y fuertes, con alguna ventana, y parte de lo que debieron de ser los sótanos o las mazmorras, ya que el terreno tiene una bajada muy brusca, unos cuantos metros, y solo en lo que seria el perímetro del castillo.

La maleza lo ha tomado por completo, grandes árboles crecen en su interior y el acceso es difícil, con lo cual, lo primero que hicimos fue grabar unos totales de la zona, del castillo y contar un poco su historia, vamos una primera toma de contacto, con el fin de situarnos. Intentamos encontrar diferentes entradas, ya que al haberse derrumbado el tejado, no se corre mas peligro de desprendimientos.

Recordar el sufrimiento padecido entre sus muros, primero por Florinda, obligada a casarse con quien no ama, y luego por su padre, que ve como su única hija prefiere la muerte, porque su orgullo como caballero le cegó al obligarle a casarse, y luego justo fuera de sus muros, el campesino enamorado de la doncella, que prefiere suicidarse a vivir sin ella, hayan impregnado el lugar de sensaciones.

Quien sabe si las almas de los pobres amantes se han reunido por fin, o siguen vagando, buscándose en la eternidad.

Autores:

-David Madrazo.

-Isaac Froid.

Yolanda Peón.

Ivan Lanza.

Damos un fuerte agradecimiento a los vecinos del pueblo de Blimea por su colaboración y a los actuales dueños de las tierras del castillo por permitirnos realizar este reportaje tanto de la web cómo del programa de radio "Investigando el Misterio"

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