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Caballo de Troya: Un análisis crítico (I): La inspiración del viaje en el tiempo

El presente dossier no pretende, en ningún momento, ser una crítica hacia la figura de Juan José Benítez, autor respetado por millones de personas que, en todo el mundo, siguen sus libros y documentales. Únicamente se limita a exponer, con la mayor asepsia posible, una serie de datos objetivos sobre el origen de su libro Caballo de Troya, para que sea el/la lector/a quien, en última instancia, extraiga sus propias conclusiones. No obstante, a quienes se consideren incondicionales seguidores de J. J. Benítez, se recomienda se abstengan de leer el presente trabajo

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Caballo de Troya: el libro que cautivó a toda una generación

En marzo de 1984 veía la luz la primera entrega de una saga de novelas que ha cautivado el corazón de toda una generación de lectore/as sedientos en su particular búsqueda por la Verdad. Hoy día, más de treinta años después, esta primera novela se sigue reeditando y se sigue leyendo como si se tratara de un libro de no-ficción. Se trata de Caballo de Troya, escrita por Juan José Benítez (Pamplona, 1946), quien insiste que su relato no es una simple novela y que está basado en hechos reales… Así se anticipa desde su contraportada: “Para la elaboración de esta obra, el autor se ha basado en una documentación real, depositada hace años en los Estados Unidos (…). En 1973 las Fuerzas Aéreas Norteamericanas, después de varios años de preparación y tras un sinfín de peripecias, ejecutaron en pleno corazón de Israel uno de esos proyectos ‘supersecretos’ que fue bautizado, precisamente como Operación Caballo de Troya…”.

Según J. J. Benítez, el origen de esta historia no está en su imaginación, sino que reside en unos documentos secretos que le fueron filtrados a través de un alto cargo de la Fuerza Aérea Estadounidense conocido como el Mayor o ‘Mirlo Rojo’. ¿Qué hay de cierto en ello? ¿Es real la crónica de un proyecto ultrasecreto llevado a cabo por la NASA en la que dos astronautas viajaron en el tiempo hasta la época de Jesús? ¿O por el contrario todo es un montaje muy bien orquestado por J. J. Benítez que le ha permitido obtener pingües beneficios económicos vendiendo como real una historia que es inventada y plagiada de otros libros? En el presente dossier, nos limitaremos analizar el contenido de Caballo de Troya con la mayor objetividad posible, exponiendo todas las pruebas a favor y en contra de cada versión… para que sea el lector quien tenga la última palabra.

La idea de la máquina del tiempo en Caballo de Troya

Durante mucho tiempo –relata el propio Juan José Benítez-, fui criado en la educación católica, bautizado y todo lo tradicional en la Universidad de Navarra que es del Opus. Yo nunca lo fui, salí la oveja negra. Al final, con el periodismo, me fui alejando de todo eso, de la figura de Jesús no me interesaba nada y no creía mucho en lo que me contaban las iglesias…”. (Ref. 1) Así fue hasta que tuvo lugar un acontecimiento que despertaría su interés por la figura de Jesucristo, hasta el punto de convertirlo, no solo en el protagonista de su novela, sino en el principal motor de su vida: “Caballo de Troya –reconoce él mismo- me sirvió para descubrir un Jesús totalmente diferente a lo que me habían contado siempre, alguien muy cercano, muy humano que traía un mensaje totalmente diferente a lo que venden las iglesias y eso me llamó mucho la atención. Aquella información me impactó mucho y a partir de entonces casi he vivido en otro mundo, porque ya no me preocupan tanto las cosas que me preocupaban antes (…). Si tuviera que elegir personajes que me hayan influido a mí por algo el primero sería el maestro, al que conozco a través de Caballo de Troya, me ha inspirado, me ha llenado de esperanza (…) Yo creo firmemente en Jesús de Nazaret como mi creador, creo en el Padre Azul, el número Uno, creo que la vida tiene un sentido que no conocemos, creo en las pequeñas y grandes cosas, creo en la amistad, he tenido mala suerte con el amor”. (Ref. 2)

Fue un día del mes de septiembre de 1977 cuando, trabajando como reportero de La Gaceta del Norte, Benítez fue enviado a Londres para cubrir un congreso sobre la Sábana Santa. Aquel evento marcaría un antes y un después en su vida personal: “Entonces –recuerda el propio Benítez- me di cuenta de que el personaje de Jesús de Nazaret podía tener una perspectiva diferente a la que tradicionalmente me habían contado a través de las religiones. Y me puse a indagar y a investigar. Y tuve un sueño. El sueño era: cómo hubiera escrito un periodista la vida de Jesús de Nazaret, paso a paso. Y el problema de los sueños es que generalmente se cumplen (…) Y a mí un día me llegó una información mágica y me puse a escribir Caballo de Troya…”. (Ref. 3)

Según Juan José Benítez, dos son los elementos que se conjugaron para alumbrar la saga de Caballo de Troya: un sueño y una “información mágica” que providencialmente llega a sus manos. En las siguientes páginas trataremos de dar respuesta a las incógnitas que rodean la redacción de Caballo de Troya y si puede aceptarse la posibilidad de que su relato responda a hechos reales no procedentes de la imaginación de su autor.

Refirámonos primero al “sueño” que, según el periodista navarro, sirvió de detonante a las musas que le inspiraron en Caballo de Troya. Como es sabido, los sueños son cocinados en nuestro inconsciente a partir de retazos de la propia realidad. Y es muy probable que en aquel sueño de Juan José Benítez interviniera esa memoria colectiva alimentada por un buen número de escritores y que, dotados de gran imaginación, se anticiparon a novelar la posibilidad de un viaje en el pasado a través del tiempo…

Desde que en 1895 Herbert George Wells (1866-1946) publicara por primera vez La máquina del tiempo (cuyo título original fue The Chronic Argonauts), han sido numerosos los autores que han novelado la posibilidad de un viaje a través del tiempo. Aunque fue H. G. Wells quien populariza este argumento en el ámbito de la ciencia ficción, lo cierto es que antes que él hubo otros autores. De hecho, el auténtico “padre” del género es Edward Page Mitchell (1852-1927) quien marca el inicio de este género literario con su relato El reloj que marchaba hacia atrás (1881). (Ref. 4)

Casi paralelamente a E. P. Mitchel, y adelantándose también a H. G. Wells, uno de los principales impulsores del género de “viajes en el tiempo” lo encontramos en el escritor español: Enrique Gaspar y Rimbau (1842-1902) autor de una novela de ribetes juliovernescos e injustamente olvidada: El anacronópete (1884) (Ref. 5). Don Sindulfo, un científico extravagante, construye un vehículo aéreo que le permite viajar hasta el pasado. Después de presenciar el último día de Pompeya, devorada por la erupción del Vesubio, en su periplo a través del espacio y tiempo, Don Sindulfo pretendía trasladarse hasta el Monte Ararat y conocer al mismísimo Noé… Posteriormente, otros autores (que seguramente no tuvieron la oportunidad de leer El Anacronópete) también fantasearan con la posibilidad de recrear escenarios bíblicos y conocer a personajes tan emblemáticos como Jesús de Nazaret… Así pues, un siglo antes de que se publicase Caballo de Troya, encontramos los primeros referentes que sientan las bases del género de novela de los “viajes en el tiempo”. A partir de ahí, y señalando títulos concretos tal y como veremos a continuación, podemos definir el caudal literario en el que debió beber la no demasiada fecunda imaginación de J. J. Benítez.

En una entrevista concedida a Jose Antonio Campoy de la revista Más Allá de la Ciencia (MA) en 1989, con motivo del lanzamiento de Caballo de Troya IV, Juan José Benítez es preguntado sobre cuál fue la inspiración principal para concebir la idea de una máquina del tiempo que traslada a los protagonistas hasta la época de Jesús:

MA: ¿Cómo se te ocurrió la idea de la máquina del tiempo? ¿Ha habido algún experimento real con ella en algún lugar del mundo?

JJB: Sí. No hay tanta ficción como la gente piensa en Caballo de Troya. Hay recreación literaria. Por ejemplo si tú coges cualquier pasaje de cualquiera de los libros al azar, comprobarás que mientras se está contando la escena que sea, inspirada en la vida de Jesús según Urantia (Ref. 6) (sic), si se habla de un problema histórico, pues eso está documentado al milímetro. Y como eso, absolutamente todo. ¿Hasta qué punto es eso una invención? No lo es; es una recreación literaria sobre datos reales (…).

MA: Pero, insisto ¿y lo de la máquina del tiempo?

JJB: En una comida que tuve en casa de unos amigos en Madrid hace tiempo había dos pilotos norteamericanos. No sabíamos que no habían leído Caballo de Troya. Bueno, el caso es que la dueña de la casa les comentó el tema y les habló de la máquina del tiempo. Entonces estos dos pilotos se quedaron muy pálidos y comentaron que cómo era posible que un señor español pudiera conocer el proyecto de un austríaco creador de este sistema, que se estaba ahora investigando en secreto en los Estados Unidos. Por supuesto, yo no lo sabía. Con esto quiero decir que yo no sé hasta qué punto no es cierto que no exista un proyecto así”. (Ref. 7)

En otra ocasión, Benítez ofrece una versión algo distinta sobre los “rumores” que, supuestamente circulan en torno a operaciones secretas realizadas por la USAF que vendrían a confirmar la realidad de lo contado en su novela. Así, por ejemplo, en la presentación de Caballo de Troya 9 en Santiago de Chile, J. J. Benítez relata la siguiente anécdota: “En una reunión en Alemania de una serie de científicos, yo no estaba, a mí me lo contaron, una señora que había leído los Caballos habló del tema, y entonces algunos de los tipos que estaban allí, muy serios, le dijeron: ‘Bueno y ¿usted cómo sabe eso?, si eso es confidencial’”. En esa misma intervención, Benítez comenta haber recibido una carta de un señor de México cuyo padre había sido militar y le había hablado algo de un experimento llamado “operación Caballo de Troya” antes de 1984 (fecha de publicación de la novela) (Ref. 8). Aceptando que todas estos episodios fueran ciertos, resulta cuando menos paradójico que una historia que es de conocimiento público de tantas personas en todo el mundo (España, Alemania, Estados Unidos, México…) nunca haya sido difundida por ninguna otra persona que no sea el propio J. J. Benítez.

En realidad, hay motivos más que razonables para sospechar que J. J. Benítez pudo haberse inspirado en diversos relatos de ciencia ficción para concebir la idea de una cápsula del tiempo capaz de trasladar a sus personajes a la época de Jesús. Porque el argumento de un viaje al pasado hasta la Palestina del siglo I para conocer personalmente al “Hijo de Diosno es, ni mucho menos, algo inédito en Caballo de Troya. Esta idea la encontramos al menos en dos novelas que, en contraste con su originalidad, han pasado completamente desapercibidas al gran público: Planeta en la pupila del tiempo (1968) de Brian Earnshaw y He aquí el hombre (1966) de Michael Moorcock. Estos relatos, salvo error u omisión, fueron dados a conocer por vez primera en España entre 1975 y 1980… curiosamente en el mismo intervalo de tiempo en el que J. J. Benítez comenzaba su andadura como escritor de “realismo fantástico” y debía nutrirse de la lectura de libros del género de fantasía y ficción (Ref. 9). Veamos a continuación qué paralelismos existen entre estas dos novelas y Caballo de Troya para que sea el lector quien, en última instancia, extraiga sus propias conclusiones

Planeta en la pupila del tiempo (1968)

planeta en la pupila del tiempo

Una de las ideas que más ha cautivado a los millones de lectores que han convertido Caballo de Troya en su libro de cabecera es precisamente la imagen inédita que J. J. Benítez nos presenta de Jesús. Se trata de un Jesús despojado de solemnidad, que no deja en ningún momento de sonreír y que responde con guiños estableciendo una especial complicidad con la gente que le rodea (y a quienes es capaz de conocer con la simple radiografía de su intensa mirada). Se trata pues de un Cristo mucho más amistoso y humano que se distancia de esa imagen un tanto hierática con el que nos ha encorsetado la Iglesia Católica en nuestra infancia. Pero, esta idea de un Jesús que guiña y sonríe desenfadado… ¿es original de J. J. Benítez? Pues parece que va a ser que no…

Dentro del género de la ciencia ficción, uno de los antecedentes que explota el argumento de viajar hasta la época de Jesús lo encontramos en Planeta en la pupila del tiempo (1968), novela absolutamente bizarra escrita por Brian Earnshaw (1929), un escritor británico (tan polifacético como escasamente conocido), especializado en historia y que fue profesor de literatura. En Planeta en la pupila del tiempo, Brian Earnshaw nos describe la sociedad del siglo XXVI, donde la galaxia se divide entre creyentes y ateos. En el original sistema educativo de esta sociedad futura, los estudiantes pueden hacer viajes a través del tiempo y el espacio como vía de aprendizaje para acumular conocimientos en ámbitos tan dispares que van desde las ciencias humanísticas hasta el mundo de las drogas pasando por las experiencias sexuales. Todo ello con un solo objetivo: el conocimiento de uno mismo. En el periplo de este viaje interdimensional, nuestros protagonistas se trasladan en su cápsula del tiempo hasta la Palestina del siglo I con la intención de investigar y despejar todas las dudas en torno a la muerte y resurrección de Jesucristo. ¿Les suena?

La primera traducción al castellano (salvo error u omisión) de Planeta en la pupila del tiempo fue publicada en Selecciones Fotón por el Grupo Editor de Buenos Aires en el año 1975: nueve años antes que Caballo de Troya y justo cuando el periodista navarro comenzaba su andadura en el género del “realismo fantástico” (Ref. 10) con los títulos Existió otra humanidad y Ovnis: SOS a la Humanidad. ¿Fue Planeta en la pupila del tiempo uno de los libros que utilizó Benítez como fuente para escribir su Caballo de Troya? Veamos a continuación algunos de los paralelismos que pueden establecerse entre el Jesús de J. J. Benítez y el que nos dibuja el genial Brian Earnshaw

CABALLO DE TROYA (1984): Éste es el Jesús que se nos describe, en su primer encuentro, según el diario del Mayor: “Su talla lo convertía (…) en un gigante. Jesús no había dejado de sonreír, mostrando una dentadura blanca e impecable muy distinta a la que padecía (sic) la mayoría de los hebreos (…). Levantó su rostro y me perforó con su mirada (…). Depositando unas manos largas y velludas sobre mis hombros, sonrió, al tiempo que me guiñaba un ojo (…). Su faz, apacible y tibiamente iluminada por el sol, infundía un extraño respeto”. (Ref. 11)

PLANETA EN LA PUPILA DEL TIEMPO (1968): Y ésta es la primera impresión que genera Jesús según el diario escrito por los viajeros procedentes del futuro: “El verdadero Jesús es el grandote (…). Este Jesús es sumamente sagaz para observar a la gente, cada vez que alguien habla lo perfora con la mirada y asiente con la cabeza como si en verdad aprobara lo que dice. Hace un momento me miró y yo le hice una guiñada para darle a entender que sabía qué se traía entre manos. Él me sonrió, una sonrisa de connivencia (…). Ahora que lo pienso, el tal Jesús es el único de los que he visto por aquí que se atreve a arrugarse la cara con una sonrisa. Debe de haber inventado y patentado el sistema y por eso es el único que lo aplica (…). Era un rostro sensible, alguien con quien valía la pena hablar, digno de respeto”. (Ref. 12)

Dejando a un margen que la descripción de Jesús realizada por Earnshaw resulta muchísimo más entrañable desde el punto de vista literario, parece que entre ambos autores hay los suficientes puntos en común como para pensar que: o bien han sido inspirados por las mismas musas, o uno de los dos se ha influenciado en la lectura del otro. Ambos textos coinciden identificar a un Jesús muy diferente a esa “versión oficial” que nos impone el catecismo de la Iglesia.

Estas son las similitudes entre Caballo de Troya (1984) y Planeta en la Pupila del Tiempo (1968) en lo que se refiere a la figura de Jesús:

  • Conoce a la gente con solo mirarla.
  • Está continuamente sonriendo.
  • Se comporta de manera desenfadada.
  • Establece complicidad guiñando o correspondiendo a una “guiñada”.
  • Su rostro es sensible e infunde respeto.

Paralelamente, los astronautas de Benítez (1984) y los viajeros en el tiempo de Earnshaw (1968) muestran similitudes al reflejar sus experiencias de viaje en un diario. También puede ser simple casualidad que uno de los astronautas de Caballo de Troya se llame Eliseo… y que uno de los viajeros de Planeta en la pupila del Tiempo responda al nombre de Eliss. “¿Casualidad? Lo dudo…” (Ref. 13).

He aquí el hombre (1966)

he aqui el hombre

La del viaje en el tiempo a la época de Jesús no parece una idea original de J. J. Benítez. Antes que él, otros autores del ámbito de la ciencia ficción, exprimieron esta fantasía con mucho mayor ingenio narrativo que el periodista navarro. “Behold the man” (1966) de Michael Moorcock (1939), que recibió el premio Nébula a la mejor novela en 1967, es un buen ejemplo de ello…

Su trama tiene como protagonista a Karl Glogauer, un ciudadano inglés de ascendencia judía y cuya personalidad neurótica ha sido esculpida, en buena medida, a través de su educación en el catolicismo. La válvula que puede liberarle como una catarsis de su neurosis es un viaje en el tiempo a través de una esfera que le traslada hasta el año 28 de nuestra era. Salvo error u omisión (Ref. 14), la primera versión editada en España de “He aquí el hombre” se publicó en formato de comic en las páginas de la revista Nueva Dimensión en 1980. Quién sabe si, cuatro años antes de concebir la primera entrega de su saga Caballo de Troya, J. J. Benítez tuviera el comic de “He aquí el hombre” entre sus lecturas de evasión. Pero veamos algunos de los “nexos en común” que pueden encontrarse entre ambas historias…

CABALLO DE TROYA (1984): En las primeras notas del diario del Mayor, se cuenta cómo él y su acompañante aterrizan en su cápsula del tiempo al año 30 de nuestra era: “A pesar de estar viéndolo con mis propios ojos –escribe Jasón-, ¡qué difícil me resultó en aquellas primeras horas hacerme a la idea de que había retrocedido en el tiempo y que lo que verdaderamente tenía a mi alrededor era la Palestina del emperador Tiberio!”. Para pasar desapercibido, el Mayor decide hacerse pasar por un viajero llamado Jasón, y en su camino hacia Betania (lugar de residencia de Lázaro), encuentra a varias personas, entre ellas un niño: “¿Has oído hablar de Jesús el Nazareno?” –le pregunta.

Supongo que algo extraño debió notar en mi presencia –continua relatando el Mayor- porque, a los pocos minutos, uno de los muchachos volvía a la carrera (…) de inmediato aparecieron dos hombres y el jovencito que, sin duda, les había alertado sobre aquel extranjero… ¿Qué buscas hermano? –me preguntó el que parecía llevar la voz cantante…Me llamo Jasón y soy de Tesalónica. Estoy aquí porque busco al rabí de Galilea’. Cuchichearon entre ellos. ‘Entonces es cierto –sentenció uno de ellos-. Tú eres Jasón… (…) pero eso es imposible… El Jasón que conocimos era viejo y tú eres joven. En esos instantes no comprendí. Y el de la voz cantante resumió: ‘El maestro no está aquí’. Simulé gran contrariedad y, mirando fijamente a los ojos de mi interlocutor, pregunté con vehemencia: ‘¿Dónde puedo encontrarle…?’. ‘¿Para qué le quieres?’ ‘Soy extranjero, pero he oído hablar de él desde Antioquía a Corfu’” (Ref. 15).

HE AQUÍ EL HOMBRE (1966): En la versión ilustrada de “He aquí el hombre” publicada en 1980 vemos a un yacente Glogauer mascullando: “Yo… busco… un… Nazareno… un Nazareno llamado Jesús”. Las palabras parecieron tener poco significado para aquellos hombres, pero murmuraron entre ellos… Y tras repetir la palabra ‘Nazareno’, uno de ellos se marchó como si fuera a buscar algo… (…) Glogauer sabía que Cristo fue crucificado en el año decimoquinto del reinado de Tiberio… pero su pregunta solo pareció confundir al hombre”. Otra de las viñetas describe como “Glogauer apenas tuvo tiempo para insistir en ello. Volvió el otro hombre acompañado de un tercero enorme, temible… ¿Quién eres?’. Le cogió por sorpresa, la pregunta y su accidente… no había planeado que le descubrieran así, sino que había pretendido hacerse pasar por un viajero sirio. Glogauer decidió mantener sus planes y esperar que todo saliera bien. ‘Soy del Norte’. ‘¿No de Egipto?’ –le inquiere su interlocutor. ‘Salí de Egipto hace dos años’ –respondió el viajero en el tiempo. Dio la impresión de que el gigante esperaba que Glogauer viniera de Egipto… y no había motivo para desilusionarle”. (Ref. 16)

Entre los relatos de Moorcock y Benítez encontramos varios paralelismos: Un hombre de la época actual que viaja en una cápsula del tiempo hasta la época de Jesús con una misión que cumplir y que, para no despertar sospechas, decide hacerse pasar por un viajero procedente de otro país al que, paradójicamente, parecen confundir con alguien a quien parecen estar esperando.

Referencias de esta primera parte

Ref. 1: Cfr. Fuenmayor Yépez, S. (2014, 1 de septiembre). “J. J. Benítez: De Caballo de Troya a Estoy Bien”. Capital.
Ref. 2: Cfr. Íbidem.
Ref. 3: CNN Plus (2006, 9 de diciembre). Programa “Cara a Cara”. Entrevista de Antonio San José a Juan José Benítez. Minutaje: 04:05-05_05 min. Puede consultarse en: https://www.youtube.com/watch?v=kCfRzaozmB0. También puede consultarse Álvarez, J. L. (2005, 4 de abril). Entrevista a J. J. Benítez: “En el 78 encontré a Jesús”. Diario de León. Un disculpable lapsus de Benítez le hace situar el congreso de Londres en 1978, cuando tuvo lugar un año antes. Para conocer la primera impresión de Benítez puede consultarse: Benítez, J. J. (1978, febrero). “Cristo resucitó. Sensacionales descubrimientos de la NASA”. Mundo Desconocido, nº 20, pp. 12-18; y Benítez, J. J. (1978, marzo). “¿Cristo resucitó? Así parecen confirmarlo los análisis de la NASA”. Mundo Desconocido, nº 21, pp. 27-32. Como ampliación de estos dos artículos escribirá El Enviado (1978) Barcelona: Plaza y Janés.
Ref. 4: Siendo exhaustivos, el género de “viajes en el tiempo” encuentra su primer antecedente en el relato Memorias del siglo XX (1733) del irlandés Samuel Madden (1686-1765) cuyo argumento se centra en una serie de cartas, escritas por diversos representantes británicos entre 1997 y 1998, y que son transportadas desde esta época futura hasta 1728.
Ref. 5: Aunque fue editada originalmente tres años después, 1884 es el año en el que esta novela fue escrita (según consta en el catálogo de la Biblioteca Nacional). Desde que fuera impresa en Barcelona en 1887, ‘El Anacronópete” fue una novela injustamente olvidada por el público español (y que no debería faltar en la biblioteca de cualquier aficionado al género) que solo volvió a editarse en el año 2000 por Círculo de Lectores. Posteriormente ha sido reeditada por Minotauro (2005) y Trasantier (2014).
Ref. 6: Sin embargo, en la entrevista concedida a Periodista Digital en abril de 2013, J. J. Benítez afirma que leyó el libro de Urantia después y solo después de haber publicado Caballo de Troya y que ambos textos no se parecen en nada. ¿En qué quedamos?
Ref. 7: Cfr. Campoy, J. A. (1989, noviembre). “Caballo de Troya IV. Entrevista a J. J. Benítez”. Más Allá de la ciencia, nº 9, pp. 30-40.
Ref. 8: Presentación de Caballo de Troya 9 en la FILSA de Santiago de Chile el 11 de Noviembre de 2011. Puede visionarse en: https://www.youtube.com/watch?v=Rnib1eAaUKM, minutajes: 04:35- 05:00 min y 04:00-04:35.
Ref. 9: J. J. Benítez estuvo trabajando en la plantilla de La Gaceta del Norte desde 1966 hasta 1979, fecha en la que decide abandonar su trabajo y ficha por la editorial Plaza y Janés con la que se compromete a entregar seis libros en un año, cobrando 330.000 pesetas (de la época) por cada original.
Ref. 10: El género del “realismo fantástico” surge con el libro El retorno de los brujos (1960) de Pauwels y Bergier y se caracteriza por la difusión de teorías pseudocientíficas en las que se otorga pátina de credibilidad a cuestiones como la alquimia, los OVNIs o la creencia en visitas extraterrestres en el pasado. J. J. Benítez se circunscribiría dentro de este género con sus primeros libros que versan sobre la convivencia de hombres y dinosaurios en la prehistoria (Existió otra humanidad) o el contacto con seres extraterrestres procedentes de Ganímedes, un satélite de Júpiter (OVNIs: SOS a la humanidad).
Ref. 11: Cfr. Benítez, J. J. (1984). “31 de marzo, viernes”. Caballo de Troya. Barcelona: Planeta, 1ª edic. pp. 118-119.
Ref. 12: Cfr. Earnshaw, B. (1968). Planeta en la pupila del tiempo. Grupo Editor de Buenos Aires, pp. 141-142 y 143.
Ref. 13: Frase habitual de J. J. Benítez con la que niega el concepto de casualidad: “Una palabra que debería ser borrada de los diccionarios”, suele reiterar en cada entrevista.
Ref. 14: No hemos encontrado referencias de este libro en castellano anteriores a esta fecha.
Ref. 15: Cfr. Benítez, J. J. (1984). “30 de marzo, jueves”. Caballo de Troya. Barcelona: Planeta, 1ª edic. pp. 92 y 96.
Ref. 16: Cfr. Moench, D. (guión) y Nino, A. (dibujo) (1980) “Ecce Homo”. Versión en cómic de Moorcock, M. (1966) “Behold the man”. Nueva Dimensión, nº 124, junio, pag. 80.

 

Publicado por el día 10/05/2016 | Sin comentarios

 

 

 


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