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Caballo de Troya: Un análisis crítico (II): La idea de una tecnología “no terrestre” y la dramatización de la pasión de Jesucristo

Uno de los documentos que corroboraría la existencia del Mayor (también identificado como Mirlo Rojo), según J. J. Benítez, sería la existencia de unos informes secretos de la NASA donde se revela, con detalle, la increíble tecnología utilizada para hacer posible los viajes en el tiempo.  Sin embargo, un rastreo por la literatura ufológica nos permite localizar fragmentos muy similares a estos “documentos oficiales de la NASA” atribuyéndose su contenido a las famosas cartas de Ummo

El misterio de UMMO

Como el aficionado al tema OVNI recordará, las “cartas de Ummo” remitidas desde los años sesenta a distintos receptores, difundían la noticia de que que una expedición extraterrestre se había infiltrado en el planeta Tierra (Ref. 1). Fue precisamente el contenido de sus textos (torpemente mecanografiados) revelando un avanzado conocimiento en distintos ámbitos del saber lo que convenció a muchas personas de que se encontraban frente a auténticos emisarios procedentes del espacio exterior. ¿Pudieron servir estos textos para inspirar a Benítez en la redacción de los informes técnicos que, supuestamente, le habría filtrado confidencialmente el alto cargo de la USAF? A continuación hemos seleccionado al azar un párrafo del libro de Benítez para compararlo con el texto de una de las “cartas de Ummo” –extraído del libro El misterio de Ummo (1979) de Antonio Ribera- subrayando algunos supuestos paralelismos. Deberá ser el lector quien juzgue esta similitud y valorare si se trata de una simple casualidad o si realmente hay una transcripción literal del contenido de las cartas ummitas recicladas por Benítez para convertirlas en documentos oficiales de la NASA:

El misterio de Ummo

CABALLO DE TROYA (1984): Así describe J. J. Benítez el traje espacial que permite a los astronautas realizar su viaje en el tiempo: “Este traje consta de una membrana sumamente compleja que rodea periféricamente el cuerpo del astronauta, sin establecer contacto mecánico alguno con la piel del piloto. Este espacio que media entre la superficie interna del traje espacial y la epidermis humana está rigurosamente controlado en función del grado de vasodilatación capilar de dicha piel, así como de su transpiración (…). Los equipos de control fisiológico han sido dotados de sondas que verifican casi todas las funciones orgánicas, sin necesidad de introducir dispositivos accesorios en el interior de los tejidos orgánicos. Desde la actividad muscular y la valoración de los niveles de glucosa y ácido láctico hasta el control de la actividad neurocortical, que suministra datos precisamente sobre el estado psíquico del sujeto (…) La percepción binocular ofrece imágenes de relieve normal, de modo que el astronauta cree estar viviendo un mundo real lejos de la envoltura y la masa gelatinosa que lo envuelve en determinados momentos del viaje”. (Ref. 2)

EL MISTERIO DE UMMO (1979): Lo que Benítez presenta como fragmento de un documento oficial de la Fuerza Área de los Estados Unidos, aparece en el libro de Ribera como el texto de una de las cartas cuyos remitentes anónimos se presentaban como extraterrestres (y cuya autoría se atribuye a la imaginación de Jordán Peña): “El Eewe (vestido espacial) es una membrana compleja que rodea periféricamente el cuerpo del viajero sin establecer contacto mecánico alguno su superficie con la epidermis del Oemii (cuerpo humano). (…) El recinto que media entre la superficie interna del Eeweeanixoo Ooe y la piel humana, está rigurosamente controlado en función del grado de vasodilatación capilar de la epidermis, y de la transpiración (…). Los equipos de control fisiológico han sido dotados de sondas transductoras que verifican casi todas las funciones orgánicas sin necesidad de introducir tales Uaxooexy en el interior de los tejidos orgánicos. Desde la actividad muscular y la valoración de los niveles de glucógenico y ácido láctico hasta el complejo control de la actividad neurocortical que suministra datos precisos sobre el estado psíquico del sujeto (…) La percepción binocular ofrece imágenes de relieve normal, de modo que el sujeto cree estar viviendo en un mundo real lejos de la envoltura y la masa gelatinosa que lo envuelve.” (Ref. 3)

Una atenta lectura de las “cartas de Ummo” nos permite localizar el origen de la supuesta tecnología utilizada por la NASA para el viaje en el tiempo de la Operación Caballo de Troya. Así por ejemplo, el término “swivel”, manejado por J. J. Benítez, o partículas subatómicas que hacen posible el viaje a través del espacio y tiempo parece inspirarse en el concepto de “Ibozoo Uu” con el que los ummitas (léase Jordán Peña) explican cómo es la física que permite trasladarse por otras dimensiones. Por supuesto, deberá ser el lector quien extraiga sus propias conclusiones.

membrana

La idea de dramatizar La Pasión en Caballo de Troya

Una de las principales aportaciones en la narrativa de Caballo de Troya es la descripción minuciosa que hace el autor, recurriendo a términos médicos, y como si se tratara de una crónica a tiempo real, de los tormentos sufridos por Jesús durante su calvario. A través de la activación de un sofisticado artilugio consistente en un “circuito de ondas ultrasónicas”, el astronauta Jason es capaz de realizar una especie de “chequeo médico” con el que calibrar pulsaciones, densidad de las hemorragias y demás constantes vitales en el cuerpo moribundo del Nazareno. Todo ello es anotado en el cuaderno que, se supone, es el documento oficial que inspira una novela que, en palabras del propio J. J. Benítez, no debe ser considerada como tal. Sin embargo, esta idea –la de “radiografiar” desde el punto de vista médico lo que significó el drama de la pasión- tampoco es inédita, pues encuentra antecedentes en la bibliografía que, supuestamente, pudo haber servido de inspiración a Caballo de Troya.

Radiografía de Cristo (1969)

Radiografia de Cristo

En noviembre de 1985, y cuando Caballo de Troya editado por Planeta llevaba más de un año en la lista de libros más vendidos, algunos medios de comunicación se hicieron eco de las declaraciones del doctor Enrique Salgado Gómez (1926-1997). Este médico y oftalmólogo de origen leonés, pero afincado en Barcelona, manifestaba que Benítez había plagiado parte de su obra que llevaba precisamente por título Radiografía de Cristo (1969) para escribir sus libros Caballo de Troya y El Enviado (1979): “Benítez no tiene ética alguna y ha copiado sin citarme en ningún caso, mi obra de forma tan descarada que ya no tengo más remedio que presentar el caso ante el juez (…). De todas formas, no creo que Juan José Benítez acepte esta polémica, porque le falta información y sobre todo creatividad”. (Ref. 4)

El libro Radiografía de Cristo fue publicado por vez primera en mayo de 1969 por la editorial Marte sin que llegara a ser distribuido en las librerías: fue secuestrado por las autoridades de la Dictadura Franquista el mismo día en que tenía lugar su presentación. Hubo que esperar hasta septiembre del año 1975 para que la obra de Enrique Salgado fuera rescatada por Sedmay, una editorial (muy distante ideológicamente de la editorial Planeta) que tendría un escaso recorrido como consecuencia del constante secuestro de sus publicaciones por la maquinaria de un régimen todavía vigente durante la Transición. Ni que decir tiene que, en contraste con la novela de Benítez, el libro de Salgado apenas alcanzaría difusión comercial.

Después de leer Caballo de Troya, el doctor Salgado salía a la palestra mediática manifestando que J. J. Benítez “muestra una gran confusión e ignorancia científica. Lo que ha hecho es copiar pasajes importantes y extensos de mis libros, que me costaron mucho recopilar. Yo he estudiado casi todo lo que se ha escrito sobre la vida de Cristo, he consultado los manuscritos del Mar Muerto, he aprovechado mis estancias profesionales en Jerusalén para investigar in situ los lugares donde vivió Jesucristo, y lo que yo he hecho es citar una por una todas mis fuentes, cosa que, desde luego, no hace Juan José Benítez. Lo que le ha pasado a este señor es que está tan enamorado de mi libro Radiografía de Cristo que ha acabado por creerse que lo ha escrito él”.(Ref. 5)

Y efectivamente, si uno se toma la molestia de hojear el libro de Enrique Salgado encontrará hasta más de medio centenar de notas a pie de página en cada uno de los veinte capítulos, en los que cita sus fuentes documentales. Algo que no aparece en Caballo de Troya. Ante las acusaciones de plagio, y como era previsible, Benítez decidió querellarse contra el doctor Enrique Salgado acusándole de injurias graves: “Estoy asombrado de las acusaciones de este señor –declararía a la prensa el periodista navarro- porque yo, aunque dicen que ha escrito veintiséis libros, no conozco ninguna de sus obras como tampoco le conozco a él personalmente”. (Ref. 6)

Aunque un Juzgado de Instrucción primero y la Audiencia de Barcelona después resolvieron desestimar la imputación de plagio denunciada Enrique Salgado (Ref. 7), lo cierto es que un cotejo, a vuelapluma, de los libros El Enviado (1979) y Caballo de Troya (1984) con Radiografía de Cristo (1969) nos lleva a descubrir algunos párrafos sospechosamente coincidentes cuando se trata de describir con terminología médica el drama de la pasión. Como muestra, un botón para que el lector saque sus propias conclusiones…

EL ENVIADO (1979):Las uñas azuladas y el cuello hinchado son nuevas señales de alerta: se acerca una catástrofe cardíaca y pulmonar. Y la vista falla. La falta de oxígeno en la retina va oscureciendo la visión, y el condenado aumenta su grado de confusión. Las figuras que se mueven en su entorno se hacen imprecisas. Y muchos creen que la noche se ha echado encima… Algunos médicos opinan, incluso, que quizás en el fondo de los ojos de Jesús se habría empezado a forma un edema papilar –una hinchazón de los nervios ópticos-, también debido a la hipertensión intracraneal, originada por el estancamiento de la sangre en el cráneo o por los trastornos de ventilación, que repercuten en la circulación venosa cerebral y aumentan la viscosidad de la sangre mediante la ‘policitemia’, o aumento del volumen de glóbulos rojos”. (Ref. 8)

CABALLO DE TROYA (1984): J. J. Benítez describe así el tormento de la pasión cuando el centurión Longino aproxima una antorcha para contemplar el rostro de un Cristo agonizante: “La pupila, muy dilatada, no llegó a moverse. ¡Jesús había empezado a perder visión! La mirada vidriosa (de Jesús) me hizo pensar en la posible formación de un edema papilar o hinchazón del nervio óptico en el fondo de aquel ojo, seguramente como consecuencia de la hipertensión intracraneal o por el menor flujo sanguíneo en aquella región de la cabeza”. (Ref. 9)

RADIOGRAFIA DE CRISTO (1969): Y así es como Enrique Salgado radiografía el mismo episodio de tormento: “Las uñas azuladas y el cuello hinchado indican la catástrofe cardíaca y pulmonar. Su boca, como una espasmódica mueca cóncava, pretende morder y retener el aire. Las pupilas, desconcertadas, ora se dilatarían, ora se contraerían en un ritmo indómito y ajeno a su dinamismo normal. Los ojos irían perdiendo visión debido, principalmente, a la falta de oxígeno en la retina. Y su mirada sería vidriosa, vaga, errante. Es posible que en el fondo del ojo de Cristo hubiese comenzado a formarse un edema papilar, una hinchazón de los nervios ópticos, a consecuencia de la hipertensión intracraneal, originada por el estancamiento de sangre en el territorio cefálico, o debido a trastornos de ventilación que repercuten en la circulación venosa cerebral y aumentan la viscosidad de la sangre mediante la policitemia, es decir, mediante una mayor cantidad de glóbulos rojos”. (Ref. 10)

Aunque Benítez asegura no haber leído el libro del oftalmólogo leonés, también es cierto que no ha sido capaz de despejar las dudas mostrando la fuente originaria en la que se documentó para describir una serie de términos médicos que, por su formación, le deben ser tan completamente ajenos como lo son para la mayoría de sus lectores. Por supuesto, remitimos a la página web de J. J. Benítez en la que se aborda ampliamente este asunto (se recuerda que Benítez fue absuelto por la imputación de plagio en una primera sentencia y también en su recurso) para que sea el lector quien, en última instancia, tenga la última palabra. ¿Transcribió Benítez estos párrafos de un libro que asegura no haber leído… o la coincidencia entre ambos textos es, como se resolvió en sendas sentencias judiciales, producto de una caprichosa casualidad?

Recorte de prensa

Ref. 1: Un breve resumen de la historia de las cartas de Ummo, cuya autoría se atribuye a Jose Luis Jordán Peña (1931-2014) puede consultarse en Moyano, A. L. (2014, diciembre). “Jordán Peña… o el tercer hombre”. El Ojo Crítico, nº 77, pp. 31-34.
Ref. 2: Benítez, J. J. (1984). Caballo de Troya. Barcelona: Planeta, pp. 79-80, nota 1.
Ref. 3: Ribera, A. (1979). “Apéndice al informe enviado al señor… con notas relativas a los Oawoolea Uewa Oemm: Nota número seis”. El misterio de Ummo. Barcelona: Plaza y Janés, pag. 152-153.
Ref. 4: Redacción (1985, 12 de noviembre). “Juan José Benítez, acusado de plagiar una obra sobre Cristo”. El Periódico, sección Cultura, pag. 26.
Ref. 5: Cascos, Emiliano (1985, 14 de noviembre). “El ‘best-seller’ ‘Caballo de Troya’ denunciado como plagio”. El Alcázar, sección Letras.
Ref. 6: Redacción (1985, 14 de noviembre). “Réplica de J. J. Benítez al médico que le acusó de plagio”. El Periódico, sección Cultura, pag. 27.
Ref. 7: Redacción (1988, 20 de julio). “’Caballo de Troya’, de Juan José Benítez no fue un plagio”. La Opinión, sección Letras, pag. 42.
Ref. 8: Benítez, J. J. (1979). “Informe de los expertos. ‘Hubo que desclavarlo’”. El Enviado. Barcelona: Plaza y Janés, pag. 111.
Ref, 9: Benítez, J. J. (1984). “7 de abril, viernes”. Caballo de Troya. Barcelona: Planeta, 1ª edic. pag. 453.
Ref. 10: Salgado, E. (1975). Radiografía de Cristo. Madrid: Sedmay Ediciones, pag. 398.
Ref. 11: Véase http://www.planetabenitez.com/peor/segundojuicio.htm.

 

Publicado por el día 15/06/2016 | Sin comentarios

 

 

 


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