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El palacio de las brujas de Güeñes, Vizkaya

Hoy nos adentramos en un lugar donde la muerte de su constructor, en el S.XVIII, hizo paralizar las obras, y algunos hablaron de que el óbito había sido provocado por un hechicero de Balmaseda. La desgracia, desde entonces, cayó sobre la familia y algunas personas de su entorno y también desde aquél momento el lugar ha quedado marcado por los supuestos lamentos que algunas personas aseguran haber escuchado surgir desde el interior del lugar

A decir verdad, no hay mucha información sobre lo sucedido en la zona: divagaciones sobre maldiciones, un jorobado que vendió su alma al diablo, etc, etc… pero las investigaciones de La Tartana del Misterio han conseguido verificar que el palacio inacabado que ha llegado hasta nuestros días se levanta, al parecer, sobre otra casona anterior, también propiedad de los Señores de Amézaga.

A principios del siglo XVIII, Baltasar Hurtado de Amézaga y Unzaga, Marqués del Riscal de Alegre y General de España destacado en Flandes, invitó al monarca Felipe V, con quien mantenía amistad, a acudir a Güeñes y sentirse en la localidad como en su casa. No obstante, el Rey, airoso, le espetó que “no había en Güeñes hogar apropiado para alojar al Rey de España”.

Para restituir su honor herido, Baltasar de Amézaga encargó en torno a 1708 a uno de los mejores arquitectos de la zona, Martín de Zaldúa, la construcción de un imponente palacio, pero antes de la conclusión del mismo, en 1720 el Marques de Amézaga muere y las obras se paralizaron.

Seguidamente uno de los hijos de los Amézaga murió a causa de una enfermedad contagiosa.

Tras su muerte, sus ropas fueron regaladas al hijo de una familia vecina, quien pronto enfermó y acabó también muriendo, su madre, destrozada, acabó por perder la cabeza, desconsolada muchos cuentan que se la podía ver por las inmediaciones del palacio dando gritos desesperados, pero tras su muerte los gritos y lamentos siguieron escuchandose por todo Güeñes.

Pasaron los años y los 6 hijos de la familia Amézaga, todos arquitectos, quisieron continuar la labor de su padre, pero uno tras otro fueron muriendo conforme retomaban las obras sin que se pudiese dar término al proyecto de su padre: había nacido la leyenda del “Palacio de las Brujas”.

Dice la leyenda que otros nobles de la zona, empujados por la envidia que tenían del Marqués, hicieron magia negra contra él, unos relatan que vendieron su alma al diablo, otros que trataron con brujas para maldecir el Palacio, etc…

Con los siglos la obra inacabada terminó por abandonarse. La maleza cubrió sus muros y salones y, desde entonces, los vecinos del pueblo afirman escuchar escalofriantes ruidos y lamentos de mujer.

Actualmente algunos vecinos afirman que se oyen gritos, gemidos y pasos en el palacio durante las frías y oscuras noches invernales.

Se dice que Güeñes, y sobre todo en Zalla, son zonas llenas de tradiciones supersticiosas, sucedidos de brujas y demás leyendas escalofriantes. Verdad o mentira, lo cierto es que se elaboran historias para poder explicar lo inexplicable. Los fantasmas ayudan a entender, aunque sea a través de estremecimientos, lo que no se conoce y así nacen esas fábulas que a todos nos gusta escuchar porque, de algún modo, nos gusta pasar miedo.

Pasamos algunas noches bajo la siniestra silueta del lúgubre palacio, pero lo único que se escuchaba era el aire silbando a su paso por grietas y ventanas, el cual podemos asegurar que parecían gemidos, lamentos, y que para alguien no versado en el tema, sin ganas de seguir tales lamentos para encontrar su origen, habría sido bastante para salir corriendo gritando “¡Fantasmas!”.

No podemos averiguar a ciencia cierta la leyenda negra que cayó sobre su familia y sobre el propio palacio, pero si podemos asegurar dos cosas: El hijo murió a causa de una enfermedad contagiosa, sus ropas infectadas fueron donadas a otro niño, que por culpa de no desinfectar los ropajes, adquirió tal enfermedad, con su consecuente y trágico final y que los lamentos que se oyen en el silencio de la noche es el viento incidiendo sobre zonas concretas que provocan un silbido débil y agudo, semejante a un lamento de dolor.

 

Publicado por el día 08/03/2017 | Sin comentarios

 

 

 


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