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John Gacy, uno de los peores asesinos en serie de la historia

Esta es la historia de uno de los asesinos en serie más escalofriantes de la historia. Un asesino que, trabajando voluntariamente de payaso, asesinó a una treintena de adolescentes y mantuvo durante años en jaque a la policía de Chicago

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A primera vista, Gacy era una persona ejemplar, muy eficiente en sus negocios, dueño de una empresa de albañilería y decoración, dedicado plenamente a su esposa y persona muy social. Tanto que se dedicaba a organizar las fiestas de su comunidad de vecinos y que en sus ratos libres se vestía de payaso y amenizaba el sufrimiento de los niños en el hospital de la localidad donde residía.

El pasado de Gacy estuvo lleno de altibajos. Los estudios no eran su fuerte, llegando a matricularse hasta en cinco universidades distintas que posteriormente tuvo que abandonar. No obstante, consiguió licenciarse finalmente ciencias empresariales llegando a destacar en el mundo empresarial. Tuvo dos hijos a los que quería con locura y a los que nunca maltrató ni infringió ningún daño.

Sus primeros escarceos en el mundo del crimen

Ya cuando era joven, y habiéndose casado con su primera esposa, los rumores sobre la tendencia de Gacy a juntarse con jóvenes varones de la comunidad eran insistentes. En la ciudad de Waterloo, Gacy fue acusado formalmente por un juez de abusar sexualmente de un menor, aunque el sostuvo siempre que fue una conspiración en su contra.

Al poco tiempo, otra denuncia esta vez bien fundamentada sostenía que un joven de 18 años había sido mandado por Gacy para apalear a un joven que lo acusó previamente de abuso sexual, por lo que le fue impuesta una condena de 10 años de prisión en Iowa.

El asesino no hacia mas que nacer…

Como suele ocurrir en los sistemas judiciales actuales, Gacy salió en libertad un año y medio después de haber ingresado en prisión por “buen comportamiento“, consiguiendo engañar al juez, a los psiquiatras que lo atendían, a sus nuevos vecinos, a los clientes de su empresa de albañilería, que abrió tras salir de prisión y a su segunda esposa, Lillie, con dos hijos que acogieron a Gacy en su nueva vida.

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Durante el transcurso de su nueva vida, 32 víctimas fueron captadas con ofertas de empleo en su empresa, un empleo bastante bien remunerado que hacia sospechar a sus vecinos. Víctimas que murieron con los mismos métodos de tortura sexual.

22 de Mayo de 1978, un único superviviente

Rignall, un joven aventurero y algo incauto, decidió salir una noche de copas por la ciudad cuando un coche se cruzó en su camino. Era Gacy, que le invitaba a subir. Rignall, acostumbrado a montar en coches de extraños para ir de ciudad en ciudad aceptó de buen grado. De repente, Gacy se abalanzó sobre el y le colocó un pañuelo impregnado de cloroformo, lo que hizo a Rignall caer anestesiado.

Cuando despertó se encontró a Gacy desnudo ante el. Comenzó a enseñar y a describirle objetos de tortura sexual que iba aplicando a Rignall a modo de “ejemplo práctico” infligiendo gran dolor sobre su inmovilizada víctima hasta que esta volvió a perder el conocimiento.

A la mañana siguiente, Rignall volvió a recobrar el conocimiento y se encontraba vestido, aunque herido, en la estatua situada en el parque Lincoln de Chicago. Tuvo suerte, fue la única víctima de las 33 que Gacy torturó que sobrevivió a sus ataques.

Sus vecinos alzan la voz de alarma

Gacy gozaba de una excelente fama en su barrio, todo el mundo le quería y el se lo ganaba vistiéndose de payaso y recorriendo los hospitales locales entreteniendo a los niños enfermos y organizando fiestas temáticas a los niños de su barrio, en su propia casa.

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Muchas personas decían que el jardín de Gacy desprendía un olor fétido, pero nadie supo relacionarlo con olor cadavérico. Su mujer, Lillie, sospechaba que en las cañerías de su casa había un nido de ratas muertas, y por otro lado, Gacy culpaba al vertedero cercano de filtrar los olores a la zona, prometiendo una pronta visita al ayuntamiento para realizar la correspondiente reclamación.

En Diciembre de 1978, la madre de Robert Piest, un joven de 15 años aspirante a empleado de la empresa de Gacy, comenzó a impacientarse al ver que su hijo no volvía del trabajo. Piest trabajaba en una farmacia, pero Gacy le había prometido un trabajo mejor en su empresa y esto lo sabía su madre, por lo que denunció la situación a la policía.

7.jpgPelícula dedicada al asesino, donde cuenta su historia

¡Capturado!

El caso fue investigado por el teniente Kozenczak, que citó a Gacy para un interrogatorio, pero este no se presentó excusándose en una presunta enfermedad que en esa época supuestamente aquejaba. Pero, ante sorpresa del teniente, se presentó voluntariamente en comisaría a la mañana siguiente negando cualquier relación con Piest.

Haciendo caso a la voz de la experiencia, el teniente Kozenczak consiguió una orden de registro en su casa, encontrando en su casa el mayor arsenal de instrumentos de tortura sexual que jamás la policía se había encontrado. Tras esto, Gacy confesó todos y cada uno de los 33 crímenes que había cometido.

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En su declaración ante el juez, dijo: “Existen cuatro Gacys: el empresario, el payaso, el vecino y el asesino”.

En Mayo de 1994 fue ejecutado mediante inyección letal, y sus últimas palabras fueron tan categóricas como agresivas: “¡Besadme el culo!”

 

Publicado por el día 25/02/2008 | 17 comentarios

 



 

 





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