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La Línea P, la “Línea Maginot” secreta de Franco

La “Línea Maginot” fue el gran sueño de André Maginot, ministro de Guerra francés en el período de entreguerras, que veía la necesidad de mejorar las defensas en la frontera con Alemania, para evitar así que se repitieran los sucesos de la Primera Guerra Mundial. La propuesta de Maginot tuvo gran aceptación popular, ya que daba empleo a muchas personas afectadas por el crack del 1929, por lo que comenzaron a levantarse una inmensa red de fortificaciones, búnkeres y túneles situados a lo largo de la frontera alemana y francesa que tantos problemas había supuesto durante el desarrollo y el fin de la Gran Guerra

La “Línea Maginot” no quedó acabada hasta 1936, en plena ebullición nacionalsocialista en Alemania con el progresivo ascenso de Hitler.  Pero, en España, también existe una red de defensas llevadas a cabo en secreto por el Generalísimo Franco, que nada tiene que envidiar a la famosa estrategia ideada por Maginot.

La Guerra Civil Española, además de una “guerra entre hermanos“, también sirvió como campo de pruebas para diferentes países que habían comenzado una carrera armamentística, como la Alemania nazi, la Italia de Mussolini o la Unión Soviética. A estos países hay que sumarse también a las Brigadas Internacionales, que eran grupos antifascistas venidos de diferentes partes de Europa y del mundo para unirse al bando republicano, ya que Francia y Gran Bretaña habían firmado un Pacto de No Intervención en la guerra española.

Búnker de Punta Lucero

Pero el general Franco no se fiaba, ya que en cualquier momento podrían pasar los Pirineos o desembarcar en el País Vasco tropas de las Brigadas Internacionales procedentes de Francia, que aportaban gran número de voluntarios comunistas dispuestos a luchar por la causa de la República Española.

Por esta razón, comienza en 1937 un plan de defensa secreto de la frontera española que comienza en el País Vasco y se extiende a lo largo de la cadena montañosa de los Pirineos para evitar cualquier ofensiva procedente de países a los que consideraba enemigos directos.

La construcción de la “Línea P” (de “Línea Pirineos“), como así era conocida en clave, no acabó cuando se dio por terminada la Guerra Civil en 1939, sino que muchos peligros seguían acechando al nuevo régimen franquista que comenzaba y que se alargaría hasta 1975.

Si bien Hitler había ayudado al bando nacional con sus novedosas armas de guerra, Franco no se fiaba de él, más si cabe tras haber invadido sin gran resistencia Francia en la Segunda Guerra Mundial. El dictador pensaba que España podía ser el próximo objetivo de la Alemania nazi, ya que compartían frontera y los deseos megalómanos de Hitler de dominar Europa y la buena situación geográfica de España eran motivo de estar alerta. Por tanto, la creación de fortificaciones y de búnkeres comunicados a través de túneles que conformaban la Línea P debía de seguir en pie.

Tras el final de la Segunda Guerra Mundial, el franquismo también miraba con el rabillo del ojo a los republicanos exiliados en Francia pensando que éstos, en cualquier momento, podrían realizar una campaña atravesando los Pirineos con el apoyo de Francia, que no tenía relación alguna con un país que había apoyado a su gran enemigo en la guerra como fue Alemania. Tampoco hay que olvidar el problema los maquis, escondidos en las zonas más agrestes e inaccesibles de las cadenas montañosas cuyo fin era desestabilizar al nuevo régimen español.  Este problema quedó patente en la incursión que tuvo lugar en 1944 en el valle de Arán.

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El programa secreto de la Línea P de Franco se prolongó hasta la década de 1950 y contaba con unos 10.000 asentamientos militares destinados a diferentes labores, aunque al final solamente se llegaron a construir 4.000.

La ONU siguió muy de cerca todo lo que iba referido con este plan secreto de Franco, aunque no llegaron a tomar represalias tras inspeccionar la zona. Para dotar de mayor confidencialidad a la Línea P, los militares se vestían de paisanos o burlaban la atención colocando carteles que anunciando todo tipo de instalaciones que no tuvieran que ver con lo militar.

Nunca se tuvo que recurrir a la Línea P para defender la frontera española, pero el gasto económico y de materiales fue importante, pero al estar en estricto secreto, no se supo con claridad todos los recursos destinados al proyecto.

A día de hoy todavía quedan muestras del plan secreto de Franco, sobre todo en el País Vasco, donde destaca la fortificación y búnker de Punta Lucero, en el municipio vizcaíno de Zierbena y en el que se conserva un cañón y una pequeña red de túneles, así como unas instalaciones abandonadas que pudieron ser cuarteles o lugares de recreo de los militares, como pequeñas cantinas.

También cabe destacar las posiciones del fuerte de la Galea, entre Getxo y Sopelana, construidas en el siglo XVII y usadas para la Línea P hasta 1947 y que se encuentran en unas condiciones lamentables donde sus cañones han desaparecido; o lugares como Gorliz o Ganguren, que poseen una amplia red de túneles y de búnkeres de diferentes alturas que servían para mantener alerta a la zona ante una posible invasión marítima llevada a cabo por el mar Cantábrico.

 

Publicado por el día 21/10/2015 | Sin comentarios

 



 

 





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