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Hotel Colonia Puig, primera investigación

El Hotel Colonia Puig, situado a las faldas del santuario de Montserrat, es de aquellos enclaves abandonados que bien merece la pena el ser visitado. Si observamos fotos de unos años atrás, veremos que, como todos los lugares que caen en abandono, este tampoco se ha librado del vandalismo: fue abandonado a su suerte con prácticamente todo en su interior, cocinas, sillas, mesas, equipo eléctrico e incluso teléfonos y hoy en día ni siquiera se asemeja a lo que en su día fue. Refugio de excursionistas y ciclistas, si alguno tenía conocimientos sobre música, podía tocar un  piano que quedó olvidado en su interior. Hoy, como bien he dicho, apenas unas maderas maltrechas por la humedad y unas varillas que recuerdan que ese amasijo de piezas destrozadas un día conformaron un imponente instrumento musical

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En su interior todo parece que forma parte de una cuenta atrás para que, llegado el día, su angosto interior se desplome. Los pisos superiores están en muy mal estado, apenas quedan cristales ni ventanas y la maleza de los alrededores parece ansiosa por devorar este enclave. Sus pasillos tenebrosos invitan a soñar y si uno conoce su historia, o lo que queda de ella, aun más. Sombrías estancias parecen albergar llanto, como si cada ladrillo de este hotel agonizase en muda congoja.

Realmente no hay demasiada información acerca de este hotel, y son muchas historias que no pueden ser comprobadas y forman parte de la leyenda urbana. Las referencias que se encuentran en las hemerotecas hablan de sus menús, de sus precios y de su elegancia, siendo considerado uno de los hoteles más esplendorosos de principios del siglo XX. Sería posible ahondar más en los por menores de su historia, fechas de inauguración y cierre y demás datos, pero ciertamente irrelevantes para un artículo de misterio ya que, en esencia, los datos que he podido encontrar son más que suficientes para iniciar todo un cúmulo de investigaciones, y hablo en plural ya que, debido a los diferentes resultados y con los diferentes investigadores con los que he acudido, este enclave bien merecerá diversos artículos.

La historia más relevante sucede cuando en 1936 pasa a manos del Gobierno Militar, quien usa sus instalaciones como hospital de campaña donde diferentes personalidades recibirían atención medica. Pasados los tiempos de guerra el hotel intenta recuperar su normalidad, pero años más tarde, se supone que en los inicios de los años 80 o a mediados, cerraría definitivamente sus puertas para caer en el olvido y abandono.

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Heridos de guerra, mutilados y muerte impregnarían el lugar durante su periodo de hospital, las escenas de dramatismo y emotividad serían pan de cada día y, según afirman algunos videntes o psíquicos, como queramos llamarles, las almas de algunos de los que allí perecieron deambulan por sus instalaciones ahora ya derruidas. Ciertamente no hay información alguna de visiones, ni de apariciones, ni de ningún fenómeno paranormal que atormentase a trabajadores o inquilinos, pero en aquella época, de haberse sucedido experiencias que hoy relacionaríamos con lo paranormal, desde luego serían experiencias que quedarían en el interior de quien las viviese.

Como podemos ver, el misterio se coge con pinzas en este enclave. Poca cosa hay segura, pero lo verdaderamente cierto y lo que nos ocupa en este artículo, es el tiempo en el que fue hospital de guerra con la tragedia que conlleva.

Una noche cualquiera, y tal vez movidos por una ley no conocida denominada “azar”, después de una ruta de visita por el enigmático pueblo viejo de Belchite, el equipo compuesto por Jordi Bosch, Micaela Pedrosa, Ovidio Costilla, Antonio Gómez y yo, Fran Recio, decidimos visitar este enclave. Nuestro interés era realizar unas experiencias psicofónicas y tener unas primeras impresiones sobre el lugar.

Amparados en la oscuridad de la noche, y teniendo ante nuestra vista la imponente fachada de grandes dimensiones, nos decidimos a entrar en el hotel. El lugar es sombrío y agonizante, nuestros flashes iluminaron el interior durante el clásico barrido fotográfico. Algo parecía respirarse en el ambiente, de momento achacado a la sugestión con el agravante de nocturnidad. No en todos los lugares se siente lo mismo por muy abandonados o tétricos que sean, pero a pesar de encontrase su interior en un estado deplorable, algo parecía habitar entre ladrillos derruidos y restos de sillas y mesas.

Asentados en nuestro primer centro de operaciones, en el salón comedor, unas velas darían la luminosidad necesaria y nos harían entrar en situación. Todo un equipo de grabadoras analógicas y digitales ocupaban los restos de una vieja mesa con tres patas, a partir de aquí preguntas lanzadas al aire, esperando que desde algún lugar y desde algún espacio alguien o algo impregnaría nuestras grabadoras con mensajes psicofónicos, cosa que desde luego se verificaría durante el análisis en casa, pero como es costumbre en este y en otro tipo de enclaves, los registros obtenidos tanto podían referencias sucesos acaecidos en este hotel como todo lo contrario.

Desde hace algún tiempo vengo pensando en que hay que innovar. Está claro que la mente juega un papel crucial en el fenómeno paranormal, aunque asegurar que estas manifestaciones sean creadas por nuestra mente puede resultar una “barbaridad” tan grande como afirmar que provienen de seres desencarnados, y es que ninguna de las dos posibilidades está probada a ciencia cierta. Aún así, es altamente probable que el puente de conexión entre varias realidades sea nuestra mente, sin embargo somos pocos, al menos de momento, los investigadores que incluimos personas sensitivas o psíquicas en nuestras experiencias e investigaciones, y es que con ellas se abre todo un abanico de posibilidades nuevas, y mediante estas personas buscamos provocar, atraer al fenómeno y no esperar a que de forma aleatoria o causal se muestre.

Para muchos, todo lo que se llega a sentir en este tipo de lugares forma parte de nuestros miedos, inquietudes o de nuestra propia sugestión, el vocablo sugestión es siempre bien atendido y usado por los detractores de los sensitivos. El miedo es inherente a la investigación, va con ella, pero la mayoría de cuantos amamos el misterio cambiamos dicho estado por ganas de conocer, por curiosidad, una curiosidad que aumenta con cada trabajo, con cada experimentación y, sobre todo, se descubre que el misterio no es tan dañino ni maléfico como algunos pretenden mostrarlo.

Dos sensitivos componen nuestro equipo. Ellos señalan los lugares donde “ven” determinadas energías o entidades, términos diferentes según el gusto del investigador. En aquella primera visita a este hotel, ciertamente sentían “algo”, y ese algo parecía envolver el ambiente, parecía que se movía caprichosamente de un lado a otro, asímismo corrientes de aire deambulaban de un lugar hacia otro, posiblemente corrientes ocasionadas por la falta de cristales en las ventanas. No obstante, unas sensaciones y unos efectos que no se habían dado hasta el inicio de nuestra experiencia.

Los sensitivos alertaban de presencias extrañas en lo alto del comedor, en una especie de palco y en la cocina, la cual da directamente al lugar en el que nos encontramos, por lo que tanto Jordi como un servidor realizábamos fotos por doquier, guiados por las indicaciones de ambos sensitivos, pero el fenómeno parece mostrarse con una cierta inteligencia y parece mutar con tan solo ser observado o incluso se modifica con nuestra propia intencionalidad.

Según algunos médiums, algunas almas pueden quedar atrapadas en una especie de interfase, es decir, ni en nuestro mundo material ni pasar al más allá, y tal vez este tipo de comentarios sean señalados por algunos como poco rigurosos o poco científicos, pero me parece del todo apropiado el incluirlos en este artículo, pues determinadas personas desencarnan y, en ocasiones, pueden llegar a no tomar consciencia de su situación y, aun teniéndola, quedarse ligadas a los lugares que fueron para bien o para mal, especiales para ellos.

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Lo que quiera que fuese que presentían los sensitivos, en un momento dado aseguraban se encontraba en la cocina. Uno de ellos, Antonio, en un acto de valentía y de ilusión se acerca y se adentra en la cocina, comenta que ha encontrado en el interior de una de las cámaras frigoríficas, un zorro disecado, dice que se presta a traerlo, pero la carga emotiva le hace desistir y somos nosotros quienes nos acercamos para verlo. En realidad nada de misterio, tan solo un pobre animal que en su día fue presa de un taxidermista que en aquel momento, y con tan solo un ojo de cristal, era un elemento más del siniestro escenario.

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Las sensaciones iban y venían y se señalaban en un lugar y en otro. En nuestro nuevo campo de operaciones, un angosto pasillo donde nuevamente realizamos pruebas psicofónicas donde las sensaciones de sentirse observado y de que algo nos acompañaba estaban a flor de piel, sin embargo, las sensaciones no se acrecentaban de forma aleatoria, si no que unas veces se sentían para después mermar. Tras nuestra insistencia de que ese algo nos diese una señal física de su presencia, en un momento dado, algo sonó, como unas pisadas contundentes en el piso de arriba. Personalmente, en primera instancia pensé que se trataba de algún animal, pues las ratas que corren por el lugar pueden llegar ha hacer sonidos espectacularmente potentes, pero solo se dieron esa especie de golpes en el preciso momento en que lo solicitamos y más tarde una cierta normalidad volvía a inundar aquel tenebroso pasillo. “Aquello”, fuese lo que fuese, se había marchado.

Realmente probar y registrar este tipo de sucesos resulta arduo complicado, pero lo importante son las vivencias, las experiencias que entrarán a formar parte de una estadística para su posterior estudio. A modo de anécdota, cuando los sensitivos alertaban de esas “presencias”, el canto de un búho se escuchaba y, según alguna leyenda, estos animales son capaces de ver las almas de los seres desencarnados.

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La experimentación con sensitivos sigue siendo para muchos tabú, pero no hay que desechar posibilidades simplemente por que estas no nos gusten.

Una primera visita donde ciertamente todos estuvimos expectantes, algunos resultados picofonicos, pero sobre todo las indicaciones precisas de los sensitivos. Tan solo un primer contacto con un lugar al que califico como “muy especial” y que nos llamaría en varias ocasiones más, otras tantas experiencias que conformarán posteriores artículos, un lugar y una investigación que continua abierta.

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Publicado por el día 14/03/2016 | Sin comentarios

 



 

 





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