Hoy tan solo quedan algunas agonizantes ruinas de lo que en su día fue “La Ciudad de los Muchachos” pero, sin lugar a dudas, este enclave apartado en una de las montañas cercanas a Barcelona es de aquellos lugares en donde algo especial impregna el ambiente. Para indagar en su posible fenomenología, hemos acudido al lugar para intentar recabar pruebas

No creo necesario hacer un largo recorrido por la historia de este lugar, pues funcionaba de forma análoga a otros centros de las mismas características: su función consistía en pre educar a los jóvenes internos con el fin de prepararlos para la vida que les esperaba. Las sucesivas guerras, sobre todo las dos mundiales, hicieron que un gran número de jóvenes y niños se quedaran sin hogar, siendo España uno de los más claros ejemplos de pobreza donde las clases más desfavorecidas fueron duramente golpeadas por la Guerra Civil. Sin embargo, España ocupó un puesto muy destacado en cuanto a este movimiento pedagógico social, ya que en Barcelona y Madrid comenzaron a funcionar centros para la acogida de jóvenes excluidos de la sociedad, el funcionamiento de estos centros era entre un internado y una vida familiar, por lo tanto su función adquirió un importantísimo carácter social.

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Es muy probable que el lector se pregunte por qué realizar experiencias en este lugar, en un entorno donde no hay testimonios de apariciones ni evidencias de ritual satánico alguno –muchos son los que adornan estos lugares tétricos de por sí con historias inventadas que tan solo dañan la imagen de lugares de gran importancia como el que nos ocupa-.

Un lugar por el simple hecho de estar en abandono, polvoriento y con un aspecto tétrico y lúgubre a la puesta del sol no implica que allí anide el fenómeno paranormal, sin embargo, en nuestra búsqueda y visita de lugares olvidados, nos topamos con este, y en varias ocasiones el equipo compuesto por Ovidio, Micaela Pedrosa y un servidor nos decidimos a realizar varias experiencias de investigación. Nuestro motivo, aportar más datos a la teoría ampliamente aceptada por una gran parte del sector de la investigación paranormal que presupone que determinados sucesos vividos con una especial emotividad pueden de alguna manera impregnar el lugar y, bajo determinadas circunstancias, estas energías son posibles de captar o de manifestarse.

El lugar es idóneo para ello, pues con total seguridad en este tipo de centros la emotividad y las vivencias altamente sentidas estarían a flor de piel y serían tema cotidiano, pero antes de seguir, dedicar unas palabras a quienes en su día impartieron formación en este centro, personas admirables con dedicación al prójimo, y es que nosotros no buscábamos impregnaciones por supuestos e improbados malos tratos, pues acusar de forma tan grave no se puede hacer de forma gratuita y sin prueba alguna, pero seguramente la emotividad sería tema cotidiano en este lugar.

El enclave está dentro de las tierras pertenecientes a Can Puig, centro que en la actualidad acoge a jóvenes que siguen tratamientos de desintoxicación. El enclave, en la actualidad, está protegido por cámaras, y aun no existiendo cartel de prohibición de entrada, se trata de una finca particular tal y como se nos comentó, por lo que desde entonces no hemos vuelto al lugar, pues siempre el respeto ha de primar por encima de la investigación.

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Estoy convencido de que las personas somos esponjas energéticas, es decir, en potencia todos somos sensitivos. No obstante, no todos podemos captar la misma longitud de onda, por decirlo de alguna manera, pero la emotividad puede ser captada por personas con una alta capacidad sensitiva -tema discutido por algunos investigadores del misterio que solo apuntan a una investigación mediante aparatología y descartando la mente aludiendo, para ello, que nuestra mente es sugestionable y puede “inventar” sensaciones que en realidad no se estén dando, y la verdad es que esto es posible, pero una combinación de técnica y sensitividad, guiada por una metodología en la experimentación pueden acabar por dar resultados sorprendentes-. Por supuesto, todo lo expuesto aquí, puede ser puesto en tela de juicio y mí pretensión no es convencer a nadie de nada, solo exponer un trabajo, un desarrollo y unos resultados.

Tras un primer recorrido por el lugar haciendo las fotos de rigor, mi buena amiga sensitiva ya percibía sensaciones -decir que esto no le sucede en todos los lugares ni de igual manera y con la misma intensidad-, el lugar, sus pasillos y habitáculos invitan a la sugestión, pero algo más allá parecía sentirse en la parte trasera, o la parte que interpreto como tal: allí una piscina en total abandono se mostraba ante nosotros, sobre ella y sobre este enclave una leyenda de una desaparición misteriosa comentada en algunos sitios de Internet, pero al no poder corroborarla con la prensa de la época decidimos anotarlo como “posible suceso”. La búsqueda de información de tipo misterio no había dado resultados muy positivos que digamos, apenas un par o tres de webs comentaban acerca del lugar con experiencias del tipo psicofónico, pero como he comentado en tantas y tantas ocasiones, el fenómeno de las “voces” puede darse en cualquier lugar y salvo que los mensajes sean con clara y repito, clara alusión al lugar poco aportan como datos objetivos.

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Nuestra intención iba más allá de estar a la espera de captar algún posible registro de voces o a esperar algún suceso de tipo paranormal, pues pretendíamos provocar el fenómeno como parte de un trabajo de investigación denominado “La Llamada de los Espíritus”, y aun cuando tal nombre suene morboso, el trabajo es arduo, serio y prolongado en el tiempo, y la alusión al término “espíritu” fue decidida después de que algunas manifestaciones, como pueden ser las de tipo psicofónico, indican a un posible origen inteligente, pues de alguna manera interactúan con el experimentador.

Esperamos a la llegada de la noche en un ambiente con lluvia y bajo el amparo de la luz de la luna que propiciaban unas condiciones inmejorables para la experiencia.

Tras otro barrido fotográfico, dejamos a punto todas las cámaras, tanto fotográficas como de vídeo, pues como bien sabemos, el fenómeno paranormal es aleatorio e impredecible y puede llegar cuando menos se le espera, por lo que hay que estar preparados, aunque es cierto que tal fenómeno parece ser esquivo con los investigadores.

Un vetusta mesa nos serviría como improvisado “centro de operaciones”. En ella colocamos las cámaras y los elementos de grabación de audio: teléfonos móviles, grabadora de bobina abierta Sony TC510-2 y una grabadora digital ZOOM H4n, por lo que los registros de audio estaban garantizados. Unas velas nos alumbraban y a la vez adornaban un escenario idóneo para el trabajo. Algunos investigadores con tendencias, digamos, más esotéricas u ocultistas, creen que la cera es como una especie de acumulador energético, algo análogo a las propiedades de los cristales de cuarzo y, desde tiempos remotos, se asegura que las velas atraen determinadas energías -tales comentarios sé que deberían englobarse en artículos de tipo más esotérico y puede que esto sea cierto, sin embargo, aclarar que en el caso de la parapsicología o el esoterismo nos movemos en el terreno pantanoso de la hipótesis y no se debe descartar una posibilidad simplemente por que no nos guste-.

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Como al principio comentaba, los sentidos estaban a flor de piel, pues algo se respiraba en el ambiente y hay ocasiones en las que el investigador crea una especie de alarma psíquica que salta en lugares cargados. Nuestras mentes visualizaban el contacto, la conexión, el intento de abrir esa puerta que nos conecta con ese supuesto más allá.

Algo parecía manifestarse y podíamos escuchar golpes. Lamentablemente la escasa lluvia, pero lluvia al fin y al cabo, sonaba en el vetusto techo, con lo que era prácticamente imposible discernir entre lo que podía ser un rap o lo que pudiera ser algo anormal, y es que, en otras visitas, también hemos sido testigos de estos golpes, pero las ruinas, vigas y posibles alimañas bien pudieran ocasionar ruidos comparables a un “rap”, de ahí que fuesen descartados. No obstante, la sensación era de intranquilidad, pues en otros lugares también se han percibido “cosas”, pero aquí era diferente y no producía ese “sano misterio”, si no era una sensación, podríamos decir, algo más negativa, algo que parecía deambular entre nosotros y por toda aquella habitación, unas veces de forma más rápida y otras más despacio -sé que muchos pensarán que se trata únicamente de sugestión, y como posibilidad desde luego la teníamos en cuenta, pero era extraño que dos personas apuntarán al unísono la dirección y el lugar en el que se paraba “aquello” sin poder verlo, pero sí, sentirlo-. El barrido fotográfico no alertó de nada anormal y las grabaciones de vídeo tampoco, aunque aun queda material por analizar. Aquello que de alguna manera se captaba psíquicamente como oscuro (no sinónimo de maligno) en una fotografía aparecía en forma de perfil de persona y oscuro, tal vez coincidencia con el capricho de contrastes y sombras producidas por el flash de la cámara fotográfica, no obstante, para nosotros, algo más que “curioso”.

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Muchas de estas investigaciones son muy difíciles de corroborar y comprobar resultados, y aun cuando se use más tecnología, más aparatología, lo cierto es que no aportan más las alarmas, los detectores de presencias, de campos magnéticos o de iones, etc…, puesto que, en realidad, estas manifestaciones no sabemos que efectos producen ni de que se componen, ni como se forman, por lo tanto, de igual manera en un caso y en otro nos movemos en el terreno pantanoso de la hipótesis. Lo que está claro, en cualquier caso, es que la mayoría de los estudiosos de la parapsicología apuntan a que nuestra mente, cuando menos, actúa como interruptor para que se suceda el fenómeno paranormal, y de esta manera, nosotros pensamos que hemos de poner más atención a nuestras sensaciones y percepciones e intentar obtener registros en los aparatos valiéndonos de estas.

El tema psicofónico fue crucial en nuestras experiencias en este lugar, no tanto por los mensajes, si no por la calidad y cantidad. Y es que obtuvimos una gran cantidad de registros que apuntaban exactamente a las sensaciones que tenía la psíquica, algo parecía manifestarse, pero en ocasiones como lejano o con poca fuerza, pues muchos de los registros eran captados por las grabadoras con una mínima intensidad, detectables pero con escasa energía, asimismo los tonos de las voces psicofónicas eran de desasosiego cuando invadían sensaciones similares, y aleatoriamente otras voces irrumpían de forma brusca. Tal vez en este lugar pudimos registrar los ecos de un pasado que se manifestaba de forma inteligente pero con escasa fuerza y, por otra parte, registros psicofónicos que para nada tuvieran que ver con el lugar.

Durante la “Gran Noche de las Psicofonías”, evento organizado por Joaquín Abenza y el programa radiofónico que él mismo dirige, “El Último Peldaño”, este mismo lugar fue nuestro escenario, sirviéndonos aquella experiencia como parte de nuestro trabajo de investigación, corroborando las teorías y puntos anteriormente expuestos.

Dar por sentado algo es complicado en el terreno de la investigación paranormal, pero sin el trabajo y la ilusión seguro que no se avanza, y tal vez algunos critiquen nuestros puntos de vista, si es de forma constructiva serán tenidos en cuenta, de lo contrario, pasarán inadvertidos para nosotros.

Un trabajo de investigación tiene numerosas fases y numerosas posibilidades, elaborar una estadística y tener el máximo de posibilidades controladas y en cuenta es crucial para elaborar una teoría, que aun siendo eso mismo, teoría, se asiente en cimientos firmes.