En esta ocasión, y gracias a Teresa Porqueras, reportera de “Hablemos de Misterio”, nos acercamos a una historia de antaño la cual revivimos en la actualidad. Es una historia real que en su día tuvo importantes consecuencias con ingredientes de leyenda, de magia negra y de brujas en su sentido más peyorativo. Se trata, ni más ni menos, de una mujer que estuvo vinculada a la magia oscura y a los pactos con el mismísimo Diablo

En la Alta Ribagorza, en pleno Pirineo leridano, se encuentra la localidad “encantada” de Peranera, cuyo significado etimológico quiere decir “Piedra Negra”. Una vez situados en los vestigios de este pueblo (en la actualidad apenas queda en pie una reformada casa de un pastor y el angosto y diminuto cementerio) los acantilados imponentes se muestran ante nuestros ojos. Aún quedan algunas ruinas y escombros de lo que en su día fueron las casas de los habitantes del lugar.

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Hemos sido guiados por el escrito de Pep Coll, que narra la leyenda de este enigmático pueblo, siendo él mismo testigo en 1991 de los rumores que decían que este pueblo fue abandonado porque sucedían cosas extrañas. Incluso una señora llegó a contar a Pep Coll cómo aparecían fuegos y humos sin razón aparente y de cómo una criatura murió en extrañas circunstancias, así como cabezas de ganado que fallecían de forma misteriosa.

Los lugareños afirmaron ver a un perro en llamas que después desaparecería en la oscuridad. Se cuenta que el último habitante de la casa más antigua del pueblo de Peranera agujereó toda la casa convencido de que había un tesoro enterrado en ella. Sin embargo, lo que encontró fue una extraña piedra negra que parecía no querer abandonar aquella casa. Esta piedra apareció en la habitación más cercana al barranco donde aparece siempre aunque la tires innumerables veces torrente abajo.

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Según se cuenta, todo lo que sucedía en esta localidad era por la obra maléfica de una bruja; un nombre de mujer que, a día de hoy, no se pronuncia, como si fuese una especie de nombre tabú. En nuestros días sabemos que el nombre de esta bruja era Valentina de Guarne, como así refleja un documento oficial que data del 4 de febrero de 1485 con motivo de la celebración de un juicio en el que fue acusada de brujería junto a dos personas más que fueron acusadas de introducirla en la brujería. La bruja  argumentó que “Valentina” no era su nombre sino que, en realidad, se llamaba Margarita.  Puede ser que fuera “bautizada” por los lugareños así, ya que se asemeja más al nombre clásico de una bruja.

Durante el juicio, la bruja Valentina contó cómo se introdujo en el mundo de la brujería empezando por renegar del nombre de Dios aceptando como único señor al diablo. Valentina fue ungida con aceites para ofrendarla al diablo y una vez reunida con otras brujas y brujos en torno a una piedra ritualizada situada en un lugar secreto, invocaron al Innombrable, que momentos después hizo acto de presencia, siendo Valentina iniciada. Como símbolo de obediencia e iniciación, besó las partes pudorosas del diablo.

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Se cuenta que a partir de entonces sucedía una calamidad tras otra en el pueblo. Nos decidimos a adentrarnos en esta historia de 1485 a pesar de que eramos conscientes de la dificultad, ya que el tiempo deforma las historias convirtiéndose en leyendas. Un documento sellado de la época, en el cual se observa la sentencia de condena a muerte de esta mujer nos hace dilucidar que estamos frente a una historia real.

Nuestra intención era intentar contactar con el rastro energético de la bruja, quizá con esas impregnaciones que de alguna manera quedan en los lugares. La bruja fue condenada a morir en el río Segre ahogada. Las pesquisas e investigaciones de Teresa Porqueras nos llevaron hasta el lugar donde fue ajusticiada. La noche estaba serena y el agua del río fluía tranquila. Nada parecía evidenciar la historia que posteriormente viviríamos…

Los equipos electrónicos pueden registrar, en ocasiones, parte de una realidad que no somos capaces de percibir con nuestros sentidos comunes. Sin embargo, esta tecnología está diseñada para nuestro “aquí y ahora”, para nuestra realidad. Por consiguiente, lo más apropiado es emplear a una persona con facultades, pues la mente es una gran desconocida y es el elemento más eficaz para captar una esencia que, en su día, fue una consciencia y ahora posiblemente lo continúa siendo, pero en otra “realidad”.

¿Qué mejor que una bruja para intentar contactar con otra bruja? Soy consciente de que la investigación y las experiencias que estábamos a punto de realizar no entra en los cánones denominados científicos, pero no hay que excluir posibilidades solo porque nuestra ciencia convencional no las acepte. Muchos recurren siempre a lo que denominamos sugestión para explicar cuanto sucede más allá de lo que capta la tecnología. No pretendo dar nada por sentado y el lector será quien, en última instancia, extraiga sus propias conclusiones. Nuestra meiga elegida para tal experiencia fue Emma Rocío Requejo.

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Rocío comenzó dibujando con una sal consagrada un pentagrama en la tierra a la orilla del río, donde los cangrejos saludaban y reverenciaban a la Luna. Seguro que muchos afirmarán que un ritual de este tipo entraría a formar parte de superstición, pero, sea como sea, lo que está claro es que tantos siglos empleando tales o similares prácticas de alguna manera ya han plasmado su intencionalidad en lo que conocemos como registros akásicos, que es esa especie de mente universal formada por todos los seres humanos vivos y fallecidos. Las prácticas ancestrales tienen gran fuerza debido a que la fe en ellas de tantas y tantas personas han acabado por darle vida, intencionalidad y resolución.

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Una vez dibujado el pentagrama en la tierra y Rocío vestida con su personalidad mágica se disponte a invocar a la bruja de Peranera. Un micrófono adaptado para sumergirse en el agua del río sería el encargado de registrar cualquier posible mensaje utilizando como portadora el sonido de la corriente.

Rocío advirtió de una presencia no visible y aseguraba que venía acompañada. El ambiente cambió y desde unos instantes anteriores algo pesado y oscuro se respiraba en el ambiente. La cámara profesional de vídeo no registraba el audio en lo que parecía que algo no funcionaba, pero el ritual se trataba de una experiencia real y no podía ser detenido. En el instante en el que Rocío advirtió de la presencia energética de la bruja en compañía de una entidad oscura, vimos una enorme rata saltar entre las piedras cercanas al río. Debido a la gran negatividad, el ritual tenía que concluir, como así nos lo indicó la meiga, procediendo a despedir a las energías y de nuevo abrir el círculo. Nuestro sentimiento, como en tantas ocasiones, es agridulce, puesto que por nosotros hubiésemos continuado por más tiempo con el ritual. Pero, en estas ocasiones en las que no sabemos acerca de lo que en realidad se está moviendo, hay que hacer caso de quien sabe. Por tanto, seguimos las indicaciones de la meiga, quien una vez finalizado el ritual, recogió todos los elementos y retiró la sal que formaba el círculo.

Ahora es el momento para las conclusiones: el ritual ha dado sus frutos. La rata, según nos comentó Rocío, es puro simbolismo del mal que acompañaba a la bruja de Peranera.

La cámara se quedó sin audio justo en el momento en que tal entidad apareció. Lo más curioso es que, una vez escuchados los audios de la grabadora con micrófono acuático, ésta también se queda sin sonido, como si hubiesen desconectado el micrófono. En cambio, el segundo corte de audio se grabó con normalidad. Lo más extraño e imposible de explicar es que, en el primer audio registrado, sin aparecer ni siquiera el sonido del agua del río, en el momento en que Rocío nos advirtió de la presencia oscura, una voz psicofónica parece decir “No, No volveré/a más”.

¿Quizá el señor de aquella bruja ahora sea el diablo? ¿Realmente éste existe? ¿Es la prueba de que la bruja de Peranera realizó un pacto satánico vendiendo su alma al diablo? Todas estas cuestiones quedan por ser resueltas, siendo el lecto del artículo el encargado de extraer sus propias conclusiones. Las mías afirman que existen energías que nos perturban, quedando evidente que hay otras realidades y otros mundos que quizá estén en este, que parecen ser un reflejo de creencias que se pierden en la noche de los tiempos.

Reflexión

Hay quien, en una ocasión, me recriminó que en realidad no hay tantos casos paranormales, tantas historias relacionadas con lo insólito que contar, pero como es habitual en estos casos, habla quien nunca se esforzó en buscar los lugares donde el misterio habita. No son sólo aquellos lugares truculentos de los que todos hemos oído hablar y que aparentan ser las únicas mecas del misterio. Nada más lejos de la realidad. Existen historias fascinantes que tienen como protagonistas a personas con nombre y apellidos, pero muchas de ellas están escondidas. Otras aparecen como apuntes en libros, pero no en los clásicos de autores del misterio, sino en verdaderas obras de la historia donde se narran sucesos sin explicación. Además, no es menos cierto que, si ahondamos en la vida personal de la mayoría de nosotros, casi todas las personas cuentan experiencias que rozan lo absurdo. Algunas quedan olvidadas, las que nos infunden miedo o simplemente aquellas que no se cuentan por miedo a la burla, pero son vivencias reales.

Existen historias fascinantes que tienen como protagonistas a personas con nombre y apellidos, pero muchas de ellas están escondidas

Para sacar a la luz estas historias se requiere esfuerzo, estudio, dedicación y sobre todo ilusión, pues no son historias de teclado, sillón e internet.

Es cierto que ahondar en sucesos acaecidos hace decenas de años es arduo trabajo, ya que estas historias pasan de boca a oído y pueden ser deformadas, agrandadas o mermadas por quienes las cuentan. Puede que parte de lo que nos llega sea cosecha actual, fruto de interpretaciones o creencias que han deformado la realidad primigenia, pero siempre hay que atenerse a la verdad del dicho: “Tras una leyenda siempre se esconde un trasfondo de realidad”.