Todo comienza cuando el programa de radio La Voz del Terror se interesa por nuestras investigaciones y se pone en contacto con nuestro compañero David para iniciar una colaboración. Tras varias apariciones en su programa, nos comentan que existe una casa en Cercedilla, al norte de Madrid, donde al parecer hay una cueva y su inquilina no puede vivir en ella. Luces que se encienden, leves vibraciones en la cama, rostros que se muestran ante ella… Allí estuvimos y esto fue lo que nos deparó aquella jornada

Por la lejanía a nosotros, pues estamos en Sevilla, nos fue imposible visitar el lugar en cuanto lo supimos, así que decidimos poner fecha para viajar a Madrid y visitar este misterioso hogar.

Decidimos utilizar un puente festivo para así poder realizar dos investigaciones en la capital. Al llegar nos recibe nuestro gran amigo Pablo Moreira, al que comentamos lo que sucedía en el lugar que íbamos a investigar. Como gran apasionado al tema nos acompaña y guía hacia la localidad madrileña de Cercedilla.

Una vez localizado el sitio, nos esperaban Mónica (la inquilina) y el equipo de La Voz del Terror. Después de las presentaciones, damos paso a la investigación. Realizamos una pequeña entrevista a Mónica, donde nos explica hasta el último detalle de los fenómenos que acontecen en su hogar. Nos llama la atención la ubicación de la puerta de “la cueva: en el pasillo de entrada a la casa, justo en el suelo.

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En el momento, desconocíamos la historia del pueblo, pero mi primera deducción fue que era un refugio en la época de la guerra civil española. Tras indagar en los archivos históricos, descubro que Cercedilla fue un pueblo bastante asediado en aquella contienda, dando veracidad a mi deducción.

Otra detalle a destacar fue el interruptor de la luz de dicha “cueva”. Para mi sorpresa, me lo encuentro tapado con cinta, a lo que sin dudarlo le pregunto a Mónica el motivo de aquello. Ella me dice que es porque encienden todos los días la luz de ese lugar, y que para evitar que sigan haciéndolo, decidió pegarlo con cinta.

Comienza la investigación en la cueva

Era de día, comenzamos la ansiada investigación en la zona de la “cueva”. Por más que lo deseásemos había demasiado ruido ambiental. Tras varios intentos de captación de psicofonías decidimos sólo dar por válidas un par de ellas que eran demasiado claras y con esto no realizar más este tipo de experimentación.

Habíamos colocado una cámara estática en la habitación de su hija, pues al parecer era otro de los lugares donde sucedían estos fenómenos. Al iniciar la sesión de ghostbox, comenzamos a obtener respuestas claras, algo hace mover la bombilla de la “cueva.

Más tarde, unas manos invisibles tocan a nuestra compañera Antonia, la temperatura curiosamente asciende al lado del rempod y empezamos a obtener claros resultados. El lugar era bastante claustrofóbico, apenas cabían cuatro personas y los movimientos eran muy limitados. Deducimos, por la forma del techo y la extraña forma en la que habían construido la escalera, que aquel lugar había sido más grande y que hoy estaba reducido por una gran obra.

Experimentos en el dormitorio de Mónica

Después de la “cueva”, Antonia y yo comentamos de realizar un aislamiento en el dormitorio de Mónica, lugar en el que había sentido golpes, vibraciones y visto presencias. Al comenzar el aislamiento tenemos dificultades para encender la ghostbox. Curiosamente, es en ese momento cuando aparece un orbe de la pared en dirección a mí.

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Al salir del dormitorio probé y el dispositivo encendía sin complicaciones. Parecía estar claro que había sido manipulado por “algo” en aquella habitación. Una vez encendido, comenzamos el aislamiento. Parecen volcarse más con nosotras solas que con el resto del equipo.

Nos dan nombres, nos hablan de una misteriosa llave, sentimos las vibraciones de las que hablaba Mónica e incluso movieron la grabadora. Nuestro asombro era latente.

Satisfechas con el aislamiento, damos relevo a Mª Ángeles y a David. Con ellos, los resultados fueron a menos, pues intentaron durante más de media hora conseguir que la actividad no se desvaneciese, pero fue en vano.

Mª Ángeles quería terminar la investigación haciendo ella sola un encierro en la “cueva”, asi que preparamos cámara estática, grabadora, rempod y ghostbox. Una vez ya todo colocado, cerramos la puerta de acceso que se abría desde fuera.

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Apenas llevaba unos segundos dentro cuando “algo” le respira fuertemente en la cara. De la impresión, comienza a llamarme desesperadamente para que le abramos la puerta, y con la impresión aún en su rostro, nos relata lo acontecido.

Le preguntamos si desea abandonar el aislamiento y con ahínco nos dice repetidamente que no. Vuelve a bajar a la “cueva”. Esta vez, nada más entrar, aparecen dos orbes alrededor de ella. Comienza a intentar comunicarse pero apenas obtiene resultados y decidimos finalizar por la hora que era, pues ya había caído la noche y la inquilina necesitaría descansar.

Aquel lugar hoy día vuelve a estar en alquiler. Mónica, pasados unos meses, nos confiesa que no puede seguir viviendo allí. Decide buscar otra casa y abandona ésta confesándonos que desde que ha cambiado de casa ya no está agotada, no padece dolores de cabeza y, por supuesto, no ha vuelto a sucederle nada más.