En el mes de enero de este mismo año, una mujer de Córdoba se pone en contacto con el equipo de Objetivo Paranormal y, en su mensaje, nos describe el horror que está viviendo en su casa. La familia, compuesta por cuatro miembros: el matrimonio y dos hijos vive una situación de inquietud, nerviosismo y desesperación ante determinados fenómenos sin explicación. Al parecer, desde hace cosa de unos seis meses “algo” ha despertado en su hogar. Nosotros estuvimos allí y se lo contamos

El agotamiento que sufren ella y su hijo mayor, llegando a convertirse en intensos dolores de cabeza y una terrible sensación de no estar solos en la casa son unos de los fenómenos que nos llega a narrar, pero lo que más alertó a nuestro equipo fue la parte donde el principal protagonista era el hijo pequeño de la familia: En múltiples ocasiones sale llorando de su habitación y, entre temblores, se abraza desconsolado a su madre.

Ella, con la incertidumbre de no entender cuál ha sido la causa de esa reacción en su hijo, le pregunta reiteradas veces… “¿Por qué lloras?”, a lo que su hijo, entre lágrimas, responde: “por nada mamá…”. Su madre, preocupada, no llega a comprender por qué su hijo no quiere hablar.

Nuestro grupo, Objetivo Paranormal, se reúne para comentar los hechos que nos cuentan y deducir si es viable la investigación. Todos llegamos a la conclusión de que hay un niño que está sufriendo es motivo suciente para visitar ese lugar.

Acordamos la fecha de encuentro, la hora decidida es por la tarde para tener una entrevista previa con los protagonistas principales de este caso. El lugar de encuentro es una cafetería. Para nuestra sorpresa, el matrimonio aparece con su hijo menor. Nos cruzamos los saludos pertinentes y nos sentamos en una mesa bien al fondo del local para evitar que nadie pueda oír la conversación.

Lo primero que hacemos es analizar el comportamiento de cada miembro. La madre, una mujer delgada, de pelo largo y moreno, porta colgantes de piedras supuestamente “curativas y protectoras, lo que me pone en alerta pues, a mi entender, y luego consigo confirmarlo, es amante del esoterismo.

Comienzo la entrevista dirigiéndome a ella pero, a su vez, analizando las actitudes y reacciones del padre ante mis preguntas. Ella se muestra muy nerviosa, gesticula continuamente con cada respuesta mientras su hijo, el cual evitaremos su descripción para preservar su intimidad, anda de un lado para otro del local, siendo imposible mantenerlo más de dos minutos sentado en la silla. Su padre, un señor tranquilo y con muestras de agotamiento extremo ante la situación, apenas habla, solo gesticula.

La madre continúa relatándonos todo lo que anteriormente nos había contado, pero añade que su hijo ha mencionado la presencia de un señor mayor. Decido ir al grano y basar mis preguntas sobre las hipótesis que comienzo a hacerme por las actitudes que observo, así que, sin más, le digo: “¿Su hijo es hiperactivo? ¿Lo ha llevado a un psicólogo?”. La madre, sin dudarlo, me confiesa que el niño está sometido a tratamiento psicológico por la hiperactividad. Le hago referencia a la posible creación de un amigo imaginario, el cual ella me niega en rotundo y dice: “Yo tengo una amiga que ve a los muertos, la primera vez que entró en mi casa me dijo que había dos personas allí. Decidimos poner velas y hacer un ritual para llevarlos a la luz”.

Mi sorpresa fue grata al descubrir que mi hipótesis era cierta. No dudo en preguntarle si esas cosas las hablan delante del niño, a lo que incrédula me responde que sí. Cambio de objetivo y me dirijo en esta ocasión al marido. Sin dudar le pregunto: “¿Desde cuando suceden los fenómenos?”, a lo que él me responde, sorprendido por dirigirme a él: “Hará cosa de seis meses”. Sin dudarlo, le vuelvo a preguntar: “¿Desde cuando conocen a esa nueva amiga?”, a lo que él responde pensativo: “Unos seis meses”.

Repentinamente, el pequeño se sienta en la mesa y, entre bromas, le pregunto sobre lo que le sucede en su habitación. La sonrisa que iluminaba su rostro se apaga de golpe y su mirada se torna violenta. El giro tan inesperado que da el pequeño me sorprende a mí y al resto del grupo. Intentamos seguir preguntándole y una de sus respuestas nos deja perplejos: De esos labios inocentes sale una frase que en tono amenazante y nos dice: “¿Quieres que te tire por la escalera y te mate?”.

Decido dejarlo, pues se siente violento y no desea hablar del tema, pero pasados unos minutos consigo, entre bromas, llevármelo a mi terreno. Como si de un juego se tratase comienza a decirme que él puede ir a un mundo donde no hay leyes, donde puede ver a gente que ya no está, donde puede volar y tener todo lo que quiera. Para cualquier persona que lea este testimonio, está claro que deducirá la inmensa imaginación del niño.

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Salón de la vivienda, donde centralizamos parte de la investigación

Tras analizar el primer contacto con la familia quedamos a una nueva hora para realizar la investigación de campo en la casa. Nos fuimos a cenar e intercambiamos opiniones entre los compañeros. Una vez llegados todos a una hipotética opinión llegamos al lugar.

Al entrar en la casa lo que a todos nos llama la atención es el pasillo del fondo. Nada más cruzar la puerta principal, a la derecha, se localiza la cocina. A continuación, un salón bastante amplio y, en la misma línea recta, aquel pasillo que reclamó la atención de todos.

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Pasillo que distribuye las diferentes estancias de la vivienda

Comenzamos a organizar equipos mientras les advierto, a la familia, que nosotros no nos dedicamos a “expulsar” entidades de los hogares. Intento dejarles claro que nuestra labor es más científica, que lo único que podemos hacer es averiguar si hay algo paranormal en el lugar e intentar averiguar la procedencia de dichos fenómenos. La familia asiente y está conforme con nuestra labor, por lo que dimos comienzo a los experimentos.

Colocamos un sensor de movimiento en la cocina, lo activamos y volvemos al salón para recoger una cámara de vídeo y dejarla estática junto al sensor; es justo en este momento que salimos a por la cámara cuando se activa repentinamente dicho sensor. Sorprendidos, vamos a verificar que no ha podido ser activado por nada que hubiese en el lugar. Con rabia lo volvemos a activar, esta vez ya con la cámara. El otro sensor decidimos ponerlo en la habitación del pequeño. Fue salir de la habitación y llegar al salón cuando este mismo se activa también.

Una vez más no tenemos aún la cámara colocada. Al parecer, la entidad que habita el lugar no permite que le grabemos.

Damos comienzo a la investigación

Dos cámaras de visión nocturna, una grabadora, un EMF, un RemPOD y la cámara de fotos. La primera habitación que escogimos fue la del niño. Realizamos preguntas a las supuestas entidades mientras que en la cocina hay una grabadora captando posibles psicofonías.

La investigación transcurre tranquila, pasamos de una habitación a otra. Hay muestras de actividad, pero no al nivel que nos comenta la madre. Hacemos un breve descanso después del primer recorrido y decidimos analizar los audios de la grabadora colocada en la cocina. Para nuestra sorpresa se han obtenido varias psicofonías.

Una de ellas es la voz de un anciano que nos avisa de que la familia que vive ahora en la casa saben donde se encuentra su mujer. Consultamos con los propietarios y asustados nos responden que sí, lo saben. Estaba claro que “algo” estaba habitando aquella casa.

Como siempre os comento, nada mejor que verlo en el documental de la investigación. Sí me gustaría deciros que curiosamente la actividad comienza con la llegada de esa nueva amiga y con los rituales esotéricos que, por desgracia, comentan todo ante la presencia del niño, el cual ha demostrado una imaginación desbordante, quizás por su hiperactividad. Gracias a las imprudencias de personas adultas, un niño esta padeciendo las consecuencias.

Tomad este caso como ejemplo, pues tras nuestros consejos de abandonar esos rituales y el esoterismo, la madre ha hecho caso omiso, comentándonos que la actividad cada vez es peor. No estando en nuestras manos la posibilidad de poner freno a esta situación. Sed consecuentes con lo que practicáis y delante de quién lo hacéis, pues los fenómenos que sucedían en este hogar eran provocados por la madre, llegando a implicar en ellos a su hijo pequeño.

Vídeo de la investigación