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El escalofriante caso de la familia Tallman

Aunque se ignora, muchos casos de fenómenos paranormales se inician tras adquirir el testigo un bien que, por su historia, puede tener alguna carga psíquica impregnada. Dicha afirmación es un enigma que se sustenta por demasiados testimonios, no obstante, contrastados. En este caso, narraremos la situación vivida por la familia Tallman en una pequeña ciudad llamada Horicon, Wisconsin, la cual comenzó a vivir fenómenos poltergeist en casa tras la adquisición de una bonita litera de segunda mano que instalaron en su casa tras una reforma

Debemos tener en cuenta la cantidad de casos registrados que envuelven objetos “malditos”, muchos sin duda, que nos dan que pensar en cuanto a la impregnación que puede contener un objeto y la influencia que este puede tener en su nuevo entorno. Así, de memoria, podemos nombrar la famosa limusina maldita, cuyos propietarios han sufrido terribles desgracias, o los famosísimos cuadros del pintor Bruno Amadio, donde se dice que allá donde se cuelgan se sufre incendios y muertes.

Estos son sólo dos ejemplos de lo que podríamos denominar Objetos Malditos, cuya casuística ha hecho correr ríos de tinta. Recientemente, sin ir más lejos, el investigador Javier Arries ha publicado un libro bastante exitoso relacionado con el tema.


Objetos Malditos, Javier Arries

El caso de la familia Tallman es, bajo mi punto de vista, bastante significante ya que cumple todos los patrones de un genuino fenómeno poltergeist. Nos trasladamos a Horicon, una apacible ciudad perteneciente al estado de Wisconsin (EEUU), y más exáctamente en la calle Larabee.


Fotografía de la casa realizada en la época

Allí, en 1987 la famila Tallman está finalizando una reforma en su casa que llevaban unas semanas llevándose a cabo. A punto de finalizarla, Deborah, la madre de familia, decidió comprar una hermosa litera de segunda mano en una tienda de la zona.


Hay pocas fotografías de la litera. Las disponibles fueron rescatadas del archivo de uno de los investigadores que pudieron acudir al hogar a indagar el caso, Dr. Don Mueller, ya fallecido (http://www.cultofweird.com)

Comienzan los fenómenos paranormales

Inmediatamente, tras instalar la litera, comenzaron los fenómenos paranormales en la casa. Primero, de forma leve, pero como es habitual, la intensidad y violencia va subiendo de forma gradual.

Allen y Deborah, los protagonistas de la historia, compraron la litera para acomodar a sus dos hijas. Trasladaron al niño mayor a la habitación más pequeña, y las chicas mantuvieron su antigua habitación. La primera noche después del cambio, Deborah acurrucó al niño y encendió su radio reloj para reproducir música mientras se dormía. No mucho después, salió y dijo a su madre que la emisora de radio había cambiado. Deborah lo llevó de vuelta a la cama y volvió a sintonizar la radio donde estaba anteriormente. Salió unos minutos después, asustado y dijo que la estación cambió de nuevo, y esta vez vio que el dial se movía solo.

El niño pronto se sintió incómodo durmiendo en su habitación, pateando y gritando cuando era hora de acostarse.

A medida que el verano de 1987 avanzaba hacia el otoño, las noches inquietas se volvieron comunes para toda la familia. Allen y Deborah escuchaban a su hija menor hablando y riendo por la noche. Pensaron que estaba jugando con juguetes. Pero las conversaciones nocturnas evolucionaron hasta convertirse en pesadillas y comenzó a correr hacia la habitación de sus padres  contándoles sobre los sonidos que estaba escuchando.


Fotografía de http://www.cultofweird.com

Los fenómenos que describió la familia eran tan impresionantes como habituales en estos casos: La visión de una anciana demacrada cerca de la litera, sombras fantasmales rondando las estancias, paredes sangrantes, combustiones espontáneas aleatorias por la casa y mimofonías que amenazaban a los miembros, los cuales, terriblemente asustados ante los fenómenos que estaban sufriendo, se pusieron en contacto con el reverendo de la iglesia local Wayne Dobratz, el cual visitó la casa varias veces con el fin de intentar apartar de allí las energías malignas, lo que ocasionó, como ocurre en muchísimas ocasiones, que los fenómenos aumentasen de virulencia.

La casa fue escenario de uno de los capítulos de la afamada serie norteamericana Misterios sin Resolver. Además, decenas de medios de comunicación dieron cabida al asunto, lo que provocó que centenares de personas, como cuentan las crónicas locales, acudiesen al enclave a intentar presenciar los fenómenos:

Los rumores de fantasmas se habían extendido entre la multitud en el partido de baloncesto del viernes por la noche en la escuela secundaria local. Cientos de autos aparcaron por la calle Larabee yendo hacia la casa de los Tallman. La gente caminaba por los patios de las otras nueve casas de la zona, trepando por cercas, mirando por las ventanas…

Aparecieron borrachos que decían no temer a los fantasmas. Probaron las puertas y ventanas de la casa de los Tallmann con la intención de entrar para demostrar su valentía.

Cuando la policía ordenó a los borrachos y a los curiosos que se mantuvieran alejados de la casa, algunos aspirantes a cazafantasmas les dijeron a los policías que “se fueran al infierno”.

Se hicieron arrestos por conducta desordenada; La policía procedió a establecer un cordón de seguridad en torno a la casa.

The Quill, ed. abril 1988

Cierto es que el Jefe de policía de aquella época, Douglas Glamann, afirma que la familia jamás quiso protagonismo y rara vez habló con la prensa sobre lo sucedido, salvo para desmentir rumores exagerados sobre lo que dentro de su casa ocurría.

La familia abandona la casa

El 11 de enero de 1988 estalló el caos en casa. Un pariente adolescente de Allen había terminado de ayudar a Deborah con los niños. Era la hora de dormir y estaba metiendo a los niños en la cama cuando avisó gritando a Deborah. Algo se había manifestado y todos los niños lo vieron. Estaban histéricos. Sacó a todos por la puerta, los metió en el auto y huyó.

Finalmente, tras 9 meses de sufrimiento sin una solución clara, la familia destruyó la litera, la enterraron en un lugar que solo ellos saben y abandonaron el hogar para mudarse a otro cercano. Actualmente, y como suele suceder, los nuevos propietarios afirman no haber sentido ni presenciado nada anómalo en la casa.

 

Publicado por el día 18/08/2019

 

 


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