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El pueblo abandonado de Masegoso (Soria), lugar de leyendas y de “fantasmas”

Un cartel en el pueblo de Pozalmuro (Soria) señala que el destino está cerca. Tras proseguir por una pequeña senda plagada de baches una atalaya avisa de que el viaje ha finalizado. Es la torre morisca del pueblo abandonado de Masegoso, construida en el siglo X. Esta atalaya medieval permanece en un buen estado de conservación a diferencia de lo poco que queda de este despoblado soriano. No muy lejos se vislumbra el puente romano sobre el río Rituerto que permanece seco. Al esquivar varias ruinas de lo que en su día fueron viviendas que albergaban vida se llega a la iglesia de San Esteban. El templo religioso de Masegoso está en una situación avanzada de deterioro y queda poco de su bóveda. Aparte de la torre morisca, las ruinas y la deteriorada iglesia, el despoblado preserva una fuente romana que aún tiene agua

Sin embargo, el motivo de descubrir los rincones de Masegoso no es mostrar su estado actual, sino dar a conocer las leyendas que aún perduran entre los derruidos muros de las pocas casas que quedan. Masegoso guarda historias envueltas de misterio que se resisten a abandonar este frío lugar.

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La leyenda de Masegoso

No se sabe a ciencia cierta cuándo ni por qué se abandonó Masegoso. Los vecinos de los pueblos aledaños aseguran que siempre le han conocido así: abandonado. La zona es visitada cuando se abre la veda de caza, a la que acuden decenas de cazadores a los alrededores de Masegoso, donde acampan por la noche. Sin embargo, cada mes de agosto se representa en Pozalmuro una adaptación de la novela histórica El fantasma de Masegoso: trágica leyenda de una aldea soriana, cuyo autor fue Manuel Ibo Alfaro.

Manuel Ibo Alfaro fue un historiador y escritor postromántico nacido en La Rioja en el siglo XIX. Su producción literaria está orientada a las novelas históricas, en la que la no se olvidan las leyendas y tradiciones que caracterizan a los pueblos. Escribió El fantasma de Masegoso tras haber deambulado por las ruinas del pueblo. Los lugareños cuentan que incluso pasó varias noches a la intemperie y, fruto de las sensaciones que tuvo y de la información que recopiló, creó la obra que tanto se recuerda en Pozalmuro.

La novela de Ibo Alfaro fue reeditada en 1955 por Florentino Zamora Lucas. Narra que Masegoso quedó despoblado en el siglo XVIII por unas circunstancias macabras. El pueblo estaba dominado por dos familias enfrentadas por sus señores: Julio Álvarez y Andrés Orozco. Su rivalidad fue heredada de sus padres, que pleitearon por tener en su poder la torre morisca. El padre de Andrés Orozco dijo a su hijo en el lecho de muerte que jamás se reconciliara con los Álvarez. Si lo hacía, juró que “se levantaría de entre los muertos para castigarle”.

Andrés tenía una hermosa hija llamada Adela; Julián tenía un apuesto hijo llamado Manuel. Habían sido educados para odiarse mutuamente. Sin embargo, el destino hizo que se refugiaran en el mismo árbol durante una fuerte tormenta. Nunca se habían visto a pesar del rencor que les impusieron sus padres. Y debajo de ese árbol, el flechazo del amor apareció: se enamoraron el uno del otro.

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El amor de Adela y Julián era correspondido, pero era imposible. Quedaron al día siguiente en el mismo árbol, en su árbol. Pero la alegría les duró poco: misteriosamente aparecieron los dos padres enfurecidos, que cogieron cada uno a su descendiente con las consiguientes amenazas y advertencias. Los dos enamorados no sabían que una anciana llamada Avedícula (era considerada como una bruja) les vio debajo del árbol en mitad de la tempestad y comunicó aquel encuentro fortuito a los dos padres.

El párroco se enteró de lo sucedido y en misa lanzó una indirecta hacia los padres: “Si no perdonáis, no seréis perdonados”. Temerosos de la ira de Dios, Julián y Andrés se reconciliaron y concertaron la boda de los dos hijos.

Durante la celebración de una fiesta para conmemorar la reconciliación de las familias más poderosas de Masegoso, un joven llamado Lázaro apareció. Este muchacho era nieto de la bruja Avedícula y estaba enamorado perdidamente de Adela. La bruja ideó el plan perfecto: dijo a Lázaro que se disfrazara del fantasma del padre de Andrés (abuelo de Adela), ya que el juramento que pidió se había incumplido.

Todas las noches antes de la boda, Lázaro disfrazado de fantasma asustaba a los vecinos de Masegoso desde el torreón con golpes, arrastre de cadenas y gemidos. Una de esas noche y acompañado por el pueblo, Manuel fue en busca del fantasma. Cuando éste apareció, le disparó con la consiguiente sorpresa: el fantasma era en realidad Lázaro disfrazado. El nieto de la bruja no fue herido gravemente y en una distracción de Manuel, sacó su arma y mató al hijo de Julián, pensando que así podría conseguir el amor de Adela.

La idea de Lázaro resultó ser un fracaso. Todo el pueblo le odiaba y Adela no quería saber nada. Por tanto, antes de ser detenido decidió echar en la fuente romana de Masegoso unos sapos venenosos que tenía su abuela para llevar a cabo su venganza.

Los vecinos comenzaron a enfermar y a fallecer de forma repentina. No había familia que no velara algún cadáver. Pasados pocos días nadie quedaba en pie en Masegoso. Los habitantes de las localidades cercanas, al no tener noticias sobre este pueblo, decidieron acercarse para ver qué sucedía. Al llegar, vieron una auténtica danza de la muerte donde las calles se habían convertido en un cementerio.

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Posibles explicaciones

El envenenamiento de la fuente de la que bebe agua un pueblo es una constante para explicar el abandono de un pueblo. Un ejemplo es Mengollo, pueblo abandonado de Asturias, donde la tradición cuenta que sus vecinos murieron al ser contaminada por una salamandra (era el mismísimo Diablo según la leyenda) el agua con la que hicieron el pan.

Pascual Madoz habla en su Diccionario geográfico-estadístico de España y sus posesiones de ultramar que las aguas estancadas son uno de los principales motivos de enfermedades en las localidades rurales. Esta causa mencionada por Madoz puede ser una explicación a la expansión de una enfermedad en un lugar determinado.

La leyenda de Masegoso puede ser creada a partir de la obra de Ibo Alfaro. El autor usa como lugares clave donde se desarrolla la trama los únicos edificios que quedan en pie como son la torre morisca y la iglesia más la fuente romana. La idea de los cuerpos esparcidos por las calles pudo tomarla de los enterramientos que a día de hoy se pueden ver en el suelo de las ruinas del templo religioso. Quizá la visita que realizó al despoblado le sirvió como inspiración para su novela y con el paso del tiempo los sucesos que cuenta la novela se hayan interpretado como reales.

Voces que provienen de ningún sitio

Más allá de lo que transmite la leyenda de generación en generación, las ruinas de Masegoso siguen relacionándose con el misterio. Como todo pueblo abandonado está sujeto a ser considerado como lugar “maldito” por aquellas personas que buscan pasar miedo. De este pueblo soriano se dice que se pueden oír y captar voces en el más absoluto silencio, como si se hubieran quedado soplando en el viento desde hace siglos.

Cuarto Milenio recogió un testimonio de un cazador que acudió de acampada a aquella zona cuando se abrió la veda. El testigo había vuelto de noche a su tienda de campaña de una dura jornada de cacería de codornices. Estaba durmiendo cuando le despertaron unas voces que parecían intercambiar una conversación entre más de dos personas. Al pensar que eran cazadores que estaban reunidos en una charla, se levantó para unirse a la conversación. Su sorpresa llegó al salir de la tienda de campaña: toda la gente estaba dormida y todo estaba en completo silencio.

Grupos denominados de investigación paranormal como el Grupo Deimos se han acercado a Masegoso para realizar sus experimentaciones. Han captado supuestas psicofonías en las que se les invita a abandonar el lugar. Los vídeos que tienen sobre este lugar contiene además una presunta sombra que parece ser un murciélago.

El despoblado de Masegoso es un enclave donde la realidad y la leyenda se juntan. En este caso, al desconocerse la realidad histórica, se tiende a hacer mayor uso de las leyendas al ser la única fuente que queda. Y esas leyendas no importan que no sean ciertas, sino que con estar bien narradas pueden dar lugar a un toque de magia que convierte a enclaves en eternos.

 

Publicado por el día 25/11/2016 | Sin comentarios

 



 

 





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