Conozca la historia de una de las brujas más conocidas que dio la España del S. XIII, una historia que en la actualidad se encuentra casi olvidada pero que, en su día, hizo remover ríos de tinta en la sociedad española de finales de la edad media

Lo cierto es que Teresa Prieto, como se la conocía, fue acusada ante la Santa Inquisición por brujería en Xove (Gijón, España) en 1480.

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Podríamos decir que Teresa es una de las primeras “sacamantecas” conocida en nuestra geografía.

En la denuncia, podemos leer lo siguiente:

«…con arte y propósito diabólico, había usado el oficio de bruja o estaría andando de noche por las casas ajenas, para entrar en ellas haciendo mucho daño a los fieles cristianos, chupándoles la sangre, mayormente a las criaturas, y otras cosas muy feas contra la Santa Madre Iglesia, lo cual cometiera en la aldea de Xove y otros muchos lugares del concejo y fuera de él, incurriendo en grandes penas, por lo que el teniente corregidor pidió la mandasen condenar, siendo presa por su mandato (…). El teniente dictó sentencia contra Teresa Prieto, a la que pusieron en tormento y en él no confesó ni dijo cosa alguna de dichos delitos».

Teresa fue durante una hora sometida a una ingestión masiva de agua -clásica tortura medieval-, sujeta por los tobillos y muñecas. No obstante, Teresa, contra todo pronóstico, no hizo confesión alguna. Posteriormente, mientras el tribunal decidía la sentencia que iba a imponerla, consiguió escapar ante la sorpresa de todo aquel que conocía de primera mano la historia y la de sus torturadores.

La sentencia dicta lo siguiente:

«Condenó a pena de muerte natural, la cual le debería de ser dada de esta manera: que en cualquier ciudad o villa o lugar donde fuese hallada la llevasen a la cárcel y así caballera en asno, atados los pies y manos con una soga de esparto a la garganta, fuese llevada con pregón público por los lugares acostumbrados de la tal ciudad, villa o lugar, hasta el rollo o forca, y allí había de estar colgada hasta que se le saliese el espíritu vital y se le apartase el ánima de las carnes; luego porque ella con arte de encantamiento pudiese volver a su cuerpo en figura del diablo, mandó que la quitasen de dicha forca o rollo y la quemasen las carnes hasta que se tornasen cenizas, condenándola además a la pérdida de todos sus bienes, los cuales aplicó a la Cámara y fisco».

Ante la sorpresa de todos, se entregó posteriormente a la publicación de la sentencia con intención de defenderse, cosa que consiguió siendo esta liberada y todos sus bienes devueltos. Su expediente es uno de los cinco que abrió la Santa Inquisición en Asturias, en este caso, con un final feliz.

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