Hoy quiero compartir una fascinante historia que descubrí hace poco tiempo, la cual da comienzo en una calurosa tarde de agosto. Según Jacques Bergier, corría exactamente el año 1887, cuando en una población de Barcelona, llamada Banjos, un grupo de campesinos que recogía sus cultivos de forma rutinaria escucharon, de pronto, lo que parecían unos gritos procedentes de una montaña cercana. Los campesinos, curiosos y un tanto alarmados, no dudaron en ir a investigar, descubriendo para su sorpresa a dos niños, un niño y una niña aterrorizados que estaban acurrucados cerca de una cueva

Nota aclaratoria: El presente artículo fue escrito el día 7 de junio de 2013 por Ana Belén Sánchez.

Los niños gritaban palabras en un idioma desconocido para ellos, sus ropas estaban hechas de una especie de misteriosa tela metálica y sus rasgos eran claramente negroides, a excepción de los ojos totalmente rasgados como los de los asiáticos. Pero lo más extraño, sin duda, lo que mas sorprendió al grupo de campesinos, fue el color de su piel. Los niños eran de color verde como las hojas de los árboles.

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Los niños fueron llevados al pueblo, lugar al cual hicieron venir a especialistas en lenguas para intentar, aunque si éxito, identificar de qué idioma se trataba. También acudirían al pequeño pueblo médicos y químicos procedentes de la capital catalana con el objetivo de estudiar el caso. Pronto pudieron comprobar que la constitución orgánica de estas extrañas criaturas era diferente a la humana, carecían de páncreas y poseían un solo pulmón, aunque algo mayor en tamaño que el del cuerpo humano.

Del estudio químico de la constitución de la piel, se descubrió la existencia de fibras desconocidas en la Tierra. Pasado el primer impacto, los niños fueron entregados en custodia a un juez local llamado: Ricardo de Calno. Los sirvientes de este juez trataron en vano de quitarles el color verde convencidos de que era un maquillaje, pero cejaron en su intento poco después, al darse cuenta de que ese tono verde no era otro que la verdadera pigmentación de su piel.

Los niños se negaban a comer cualquier cosa que se les ofrecía, motivo por el cual el niño, más joven, pronto estuvo tan debilitado que enfermó y término muriendo poco después. La niña correría distinta suerte ya que comenzó a ingerir verduras crudas, judías verdes en su mayoría, lo que hizo que cogiera fuerzas y se salvara. La extraña niña vivió en el pueblo durante cinco años después de su misteriosa aparición, sirviendo en la casa del juez.

A medida que pasaron los años, su piel fue tomando un tono caucásico casi normal. También aprendió español, por lo que pudo explicar algo de sus orígenes, aunque esto sólo hizo que aumentara el misterio. Ella dijo que junto con su hermano habían venido de una tierra sin sol, donde toda la gente era de color verde y que vivían en un perpetuo crepúsculo. Explico que había una tierra de luz, más allá de una gran corriente…

Cuando se le preguntó cómo llegó al exterior de la cueva, sólo pudo decir que oyó un ruido muy fuerte y acto seguido ella y su hermano fueron empujados a través de algo… y después ya estaban en la cueva viendo una la luz al final de la oscuridad. Lamentablemente a los cinco años y con la muerte de la muchacha, se desvaneció toda esperanza de resolver el misterio.

Otro autor, Fabio Zerpa, nos describe los mismos hechos pero con ciertos matices. También nos sitúa en agosto de 1887 en Banjos.  El nombre del juez cambia de “Calno” a “Calvo”.

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Coincide en que los niños carecían de páncreas y solo tenían un pulmón y que su piel estaba compuesta de fibras desconocidas por la ciencia de la época.

Apunta, según palabras de la niña, que la iluminación de su mundo era mediante unas bolas solares que permitían crecer a las plantas.

El país de donde procedían estaba separado del nuestro por un gran río muy caudaloso, se produjo un maremoto que inundo su país y los niños escaparon por una gruta que se encontraba cerca del gran río saliendo así a nuestro mundo.

Existen otras versiones como la que sitúa los hechos en el condado de Suffolk, Gran Bretaña, nada menos que en el siglo XII. Aquí el juez pasa a ser un caballero llamado sir Richard De Calne. Un cronista monástico de Inglaterra conocido como “Gervasio de Tilbury” escribió un extraño relato sobre dos niños que aparecieron de la nada cerca de una pequeña ciudad en Inglaterra.

Un día cálido y soleado del siglo XII, algunos agricultores y otros habitantes de la pequeña ciudad de Woolpit, Inglaterra, se sorprendieron al ver a dos niños pequeños desorientados. Lo más sorprendente sobre los niños fue que su piel que era de color verde oliva, sin embargo, el resto de sus rasgos eran muy humanos.

Los aldeanos trataron de comunicarse con los niños, aunque sin éxito debido a que los pequeños hablaban una lengua que era completamente desconocida.

Los agricultores llevaron a los niños al poblado y se les ofreció una gran variedad de alimentos, pero se negaron a comer y beber nada. Sin embargo, cuando se les ofrecieron frijoles rápidamente los comieron. Por desgracia, el niño se fue debilitando y finalmente murió a los pocos años, pero la joven se adaptó bien a su nuevo entorno. De hecho, ella se convirtió en una mujer adulta y más tarde se casó con un caballero de la cercana localidad de King’s Lynn.

A medida que pasaba el tiempo, su marido le enseñó el idioma Inglés y pronto fue capaz de comunicarse bastante bien. Entonces explicó la historia de dónde venía y cómo llegó a nuestro “mundo” con su hermano. Ella le dijo a su marido que en su mundo, todos tenían la piel similar a la de ella, o más bien similar al color de piel que tenía antes y describió el lugar del que venía, como un país cavernoso y subterráneo de enormes dimensiones donde había un gran río subterráneo que separaba otra tierra más iluminada.

Un día ella y su hermano mientras paseaban, escucharon un sonido como de campanas que salía de uno de los túneles de la cueva. Por curiosidad, entraron en el túnel y siguieron hacia arriba durante un par de días, aunque en su tierra subterránea es probable que no tuvieran el concepto del “día” o la “noche”. Ya desorientados y agotados de tanto andar, salieron a la brillante luz del sol de la aldea británica.

Después de investigar la zona, intentaron volver a la pequeña abertura por donde habían salido, pero no pudieron hacerlo debido a la luz cegadora. Fue en ese momento cuando los agricultores encontraron a los niños y se los llevaron al pueblo.

No me negaréis, que Los niños verdes de Banjos es una historia estremecedora, con todos los ingredientes necesarios para captar la atención hasta de los más incrédulos.

Particularmente, me resulta muy curioso que la historia española y la inglesa, sean tan coincidentes, lo que me hace pensar, haciendo uso del sentido común, que la leyenda rural inglesa se extrapoló hasta España. Nada nos garantiza que se trate de un hecho real o por el contrario no sea otra cosa, que una historia ficticia más. Lo que es un hecho, es que dos culturas distintas, cuentan la misma historia, la de dos jóvenes extraños que aparecen de la nada llegados de otra dimensión.

En España se les conoce como “los niños verdes de Banjos”, pero en Inglaterra son conocidos como “los niños verdes de Woolpit”.

Muchas personas afirman que la leyenda se basa en los niños verdes de la pequeña aldea de Woolpit, pero la realidad es que estas dos historias, están separadas por cientos de kilómetros y por más de siete siglos de diferencia, siendo este uno de los grandes misterios.

La primera versión documentada de esta historia se encuentra en “Destinos Extraños” de John Macklin, publicada en 1965, siendo considerada por algunos la fuente inicial de esta historia.

En otras publicaciones posteriores se afirma que todo ocurrió en el otoño de 1887 y que existen historias similares en Francia o incluso Alemania.

En el libro de Charles Berlitz titulado “Un mundo de fenómenos extraños” se describen los ojos de los niños en forma Asiática, mientras que Macklin describe los ojos de los niños con un poco de apariencia negroide, hundidos y almendrados

Las teorías que se han barajado son varias, desde que los niños vivían en una cuarta dimensión a experimentos científicos realizados bajo tierra o incluso que venían de una alternativa anti-dimensión relacionada con la teoría de la tierra hueca y de sus habitantes.

Algunos historiadores llegan a apuntar, que la historia se originó a partir de una leyenda medieval sobre un conde de Norfolk, que fue responsable de dos niños pequeños.  El conde intentaría sin éxito envenenar a los niños con arsénico y luego los abandonó en el bosque. Con la supuesta muerte de los niños, heredó los bienes de los pequeños. Según algunos habitantes de Woolpit, éstos probablemente se convirtieron en los niños verdes que fueron encontrados desorientados y enfermos.

Hay expertos que mantienen que el envenenamiento por arsénico puede causar que la piel se ponga de color verde, al igual que la anemia como resultado de la desnutrición. Aunque bien es cierto, que esta teoría no explica ni el extraño idioma de los pequeños ni la increíble historia de donde vivían. De cualquier forma y si se trata de una leyenda, es innegable que es una historia con un argumento muy avanzado para su tiempo.

Si pensamos en la descripción del lugar que hace la niña, probablemente nos vengan a la cabeza las mil y una especulaciones que se han hecho sobre la existencia de otros mundos, tal vez la historia más llamativa de todas es la del Almirante Richard E. Byrd (1888 – 1957) un aviador de la Marina Estadounidense, que relatan de la siguiente manera:

El 19 de febrero del año 1947, Byrd realizaba un vuelo de rutina sobre el polo norte, donde afirma que descubrió un lugar extremadamente misterioso tras perderse, a causa de averiarsele la brújula magnética y la aguja giroscópica de su avión. Al no poder mantener su ruta con éstos instrumentos, Byrd intento seguir una ruta intuitiva dando de repente y por casualidad, con un lugar totalmente opuesto a lo esperado por éstas latitudes.

Se trataba de un valle montañoso completamente soleado y cálido, imposible de imaginar en el medio de la gran masa de hielo del ártico. En el diario que escribió, habla de que entro en el interior hueco de la Tierra junto con otros, volando mil setecientas millas sobre montañas, lagos, ríos, distinta vegetación y vida animal. Dice haber visto animales parecidos a los mamuts de la antigüedad moviéndose entre la maleza e incluso haber encontrado ciudades, llegando a describir una civilización en aquel sorprendente lugar.

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En lo que respecta a los hombrecillos verdes, quien no ha oído hablar de ellos como una tipología extraterrestre….Este término fue muy característico de los comienzos de la ciencia ficción y la ufología, asociandose siempre a los marcianos. El término también se suele utilizar, aunque con menor frecuencia para describir a los duendecillos verdes de la mitología.

Habitualmente, los Hombrecillos verdes son descritos como formas extraterrestres humanoides, que se caracterizan por ser criaturas por lo general de menor tamaño que el ser humano con o sin antenas en la cabeza.
También y desde antaño, se ha tenido referencias de humanoides de tez verde, que eran parte del floklore, mucho antes de que se les atribuyera un origen extraterrestre.

Ya en el siglo XX entre las referencias recopiladas, Chris Aubeck, un investigador del folklore, al utilizar búsquedas electrónicas de los periódicos viejos, encontró una serie de casos en los que se hace referencia a los Alien verdes. Aubeck encontró una historia de 1899 en el diario Atlanta Journal-Constitution, que hace referencia a un alien verde, en un cuento llamado Green Boy From Hurrah.

Igualmente Edgar Rice Burroughs en 1906 se refirió a los hombres y mujeres “verdes de Marte”, en su primera novela de ciencia ficción A Princess of Mars.

Sin embargo Aubeck encontró que el primer uso de la frase específica de Little green men, en referencia a un extraterrestre, fue usada en 1908, en el Periódico Daily Kennebec Journal (Augusta, Maine); en este caso los extraterrestres son también marcianos.

En 1910 igualmente, existe una historia sobre un supuesto Hombrecillo verde que habría sido capturado de su nave espacial que se estrellaría en Apulia, Italia.

Posteriormente los Little green men fueron usados normalmente para retratar al extraterrestre, y pronto adornaron las tapas de muchas de las revistas de ciencia ficción de los años 1920 a 1950, en las imágenes de historias populares como Buck Rogers y Flash Gordon.

Desde la década de los 70, su popularidad fue decayendo, y posteriormente fueron desplazados por los llamados Grises, como la forma más conocida y popular de extraterrestre en la ufología, la ciencia ficción y la cultura popular.

Aparentemente y con bastante seguridad es lógico pensar que se trata de una historia falsa. En primer lugar, el citado pueblo: Banjos, es un pueblo fantasma. No existe en ningún nomenclátor de las provincias catalanas y baleares. Diversos profesionales de la comunicación, historiadores y antropólogos han intentado en vano localizar el escurridizo pueblo o pedanía, aunque no debemos olvidar que unos 2000 pueblos españoles desaparecieron al ser destruidos por la Guerra Civil o quedaron deshabitados, circunstancia que dificulta el trabajo de búsqueda, si es que realmente llegó a existir alguna vez este lugar.

Televisión española también se ocuparía de esta historia en el programa Un país de Sagitario, el 14 de septiembre de 1985.

En ese programa se centrarían exclusivamente en la versión dada por Jacques Bergier. En ella se introduce la aparición de un sacerdote, enviado por la Universidad de Barcelona para que intentara averiguar la lengua en la que se comunicaban los niños.

Posteriormente ese sacerdote depositaría sus investigaciones en el Archivo General de la Universidad. Huelga decir que tampoco se ha podido descubrir nada al respecto. Ni rastro del sacerdote ni de sus averiguaciones en el archivo de la Universidad.

El investigador Armando Galant realizó una exhaustiva investigación en diferentes lugares que tenían una raíz etimológica bastante próxima. Así tomó contacto con los alcaldes de las poblaciones de Bancó (Barcelona) Bajol y Banyoles (Gerona), cap de Banyos (Menorca), Bango (Asturias) … pero nadie supo dar pistas del suceso.

Un autor español que firmaba con el pseudónimo de Aitor Ondarrieta propuso, en un trabajo publicado en el número de mayo del año 90 de la revista Más Allá, la versión de que Banjos era en realidad Banyoles (Bañolas) pueblo gerundense raíz de muchos misterios que rodean su famoso lago. Según la versión de Ondarrieta “merodeaban en el mes de abril de 1906 perdidos una niña de doce años y su hermano de once por las inmediaciones de Bañolas.  Eran unos extraños niños de ojos grandes y cabeza prominente.

Su piel era rugosa y de un tono verdoso-oscuro. Los niños fueron recogidos por José, párroco de Bañolas. Los niños no querían comer nada, rechazaban los alimentos y sólo aceptaron comer zanahorias, remolachas, setas y hongos. Un mes después el niño murió por inadaptación y la niña logró sobrevivir un año más. Antes de morir la niña logró aprender cierto vocabulario y consiguió expresarse mínimamente en catalán; de esta manera pudo contar al párroco que ella y su hermano procedían de un lugar muy lejano , en la profundidad de unas grandes grutas.

No hace mucho que Ondarrieta reconoció no poder aclarar de dónde extrajo exactamente la información.

En definitiva, las fechas no coinciden, los lugares tampoco, tan solo el relato de unos hechos que como bien definió en su día Armando Galant, podrían formar parte de una conspiración en silencio para entorpecer con tantas versiones la investigación de la verdad.

O tal vez sea fruto de una experiencia destinada a provocar reacciones entre los seres humanos al igual que tantas leyendas urbanas.

Ojalá algún día podamos encontrar una pequeña pista de esta intrigante historia, mientras tanto, que cada uno de rienda suelta a su imaginación y ponga sus límites en cuanto a la veracidad de esta mágica historia de los niños verdes de Banjos. A mi, me gusta creer que es real.

http://ana-samarkanda.blogspot.com.es/

2 comentarios en “Los niños verdes de Banjos”

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