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Lugares energéticos: La ermita de los siete chackras

Somos muchos quienes nos hemos dejado seducir por los encantos de una ruta, de unos enclaves llenos de misterio en el sur de Francia. Aún recuerdo antaño, cuando por primera vez quise ir hasta Rennês Le Chateau, sin GPS y con tan solo un punto en un mapa ya caducado. Mí interés era grande, y ya algún libro comentaba acerca del oro de Rennês, de su tesoro, de su enigma, así que me puse en dirección a un lugar sin más indicaciones que un escueto y vetusto letrero justo en la curva que nos hacía entrar en la carretera que nos lleva hasta el lugar indicado, un enclave que parecía querer enterrarse en el mudo olvido. Más tarde a raíz de la publicación del Best Seller “El Código Da Vinci”, y sobre todo a raíz de llevarse este a la gran pantalla, todo cambió, y lo que antes era innombrable para muchos, ahora es fuente de ingresos debido a los turistas ávidos de tesoros

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En el sur de Francia abundan misteriosos enclaves, entre los que obligatoriamente tenemos que destacar la fortaleza de Montsegur, último reducto cátaro, donde una estela conmemora la masacre de sus últimos ocupantes quemados en la hoguera por la inquisición. Así, todos estos lugares pasan a primera línea del interés de curiosos, aficionados y buscadores de misterios, pero no todo se ha investigado como se debiera y unos escritos publicados en internet son reconstruidos, reescritos, refritos – como vulgarmente se dice-, y de esta manera casi todos los trabajos acaban diciendo y afirmando lo mismo, unos pocos se destacan de lo primigenio y no siempre acertado para buscar nuevas hipótesis. Otras líneas de investigación acaban por conformar interesantes escritos, como por ejemplo el del tristemente desaparecido Jean Luc Robín acerca de Rennês, donde desmitifica gran parte de lo que hasta entonces se había dicho, otros más se apuntan al carro de nuevas líneas de investigación dando como resultado otros tantos interesantes trabajos, pero parece que el tema del sur de Francia ya no está tan de moda, quedando en muchas ocasiones estos grandes trabajos en una más que discreta segunda línea.

Nuevamente y acompañado en esta ocasión por Ana Pozo, nos decidimos a visitar, más que a investigar algunos de los mágicos enclaves del Sur de Francia, sin demasiadas pretensiones y sin una agenda cerrada, visitamos Rennês, pero unas obras de mantenimiento o remodelación hacen que no podamos visitar el enclave al completo y la visita acaba por ser bastante mediocre, algunos castillos cerrados en pleno agosto y otros contratiempos no son buen presagio, pero no siempre es verdad aquel dicho de que lo que mal empieza mal acaba. Nos hospedamos por una velada en un hotel al más estilo templario, una comida bastante buena, un café excelente y un buen alojamiento daban la nota alta a este establecimiento, tan solo ensombrecida por los habituales precios elevados de Francia.

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Un improvisado altar, en un enclave marcado por las energías de la Madre Tierra

Durante la cena y el desayuno la casualidad, si es que esta existe, quiso que aquel amable camarero de origen latino y con un castellano perfecto fuese un estudioso de la “Geometría Sagrada” y las conversaciones derivaron enseguida en este sentido. Nos habló de los más que conocidos enclaves clásicos del Sur de Francia, pero tras dudarlo y quizá observando nuestro gran interés en todo lo que nos contaba, nos habló de una pequeña ermita totalmente desconocida y de la que no recuerdo que nadie me haya hablado ni leído nada al respecto, y es que hay muchos más enclaves mágicos de lo que se nos cuenta y a veces tan solo hace falta un poco de suerte para descubrirlos.

Esta es la historia de una ermita desconocida pero donde emana una energía muy especial. Quizá muchos tesoros, algunos inmateriales, no estén custodiados en las grandes catedrales, sino en discretos lugares, allí en donde al hombre, no se le ocurrirá buscar.

Puestos en marcha siguiendo las indicaciones dadas, un pequeño y discreto desvío nos presagiaba y alertaba de una carretera mal asfaltada. Siguiendo la senda, la carretera ascendía curva tras curva y nada parecía indicar que al final nos encontraríamos con una ermita. Tan solo unos kilómetros, que dados el vehículo en el que íbamos se hicieron más largos, una pequeña aldea y justo al final, la ermita.

Bien es cierto aquel dicho que “En el pequeño frasco se encuentra la buena confitura”, pues poco nos imaginábamos la grandeza que puede esconder lo pequeño.

Desde fuera una mal lograda ermita, de pequeñísimas dimensiones en un pueblo, que más que pueblo era una ladea donde apenas vimos dos personas, un pastor con sus ovejas y su perro que rápidamente vino a saludarnos. La puerta de la ermita abierta, nadie en su interior, tan solo una mujer de edad avanzada que justamente salía de realizar algunos trabajos de limpieza. Queríamos constatar todo aquello que nos había contado aquel camarero entendido en simbología sagrada. Nada más entrar y tal y como nos dijo, un poste en el cual había que posar la mano y meditar, conectar con el lugar, alejar los prejuicios y sentir. Unos bancos de iglesia maltrechos, muchísima humedad en las paredes y en el suelo, lo que hace evidencia de corrientes subterráneas, característica común en multitud de estos enclaves, ya que estas corrientes son también evidencias de que la energía telúrica de la propia madre tierra, que emergen con intensidad y de una manera muy especial.

Nos comentó que en ocasiones incluso se podían originar mareos el agarrar aquel poste y lo cierto es que algo se «notaba»… Unas imágenes más que modestas, sin embargo, la imagen de la virgen poseía una gran belleza. Nada de ornamentos de oro ni plata, a la derecha un pequeño altar con velas y, en el altar principal, otra imagen de la virgen que obsequiamos con unos collares que, por alguna casualidad, llevábamos en el coche y dejamos algún dinero que de seguro irá muy bien para el mantenimiento de la ermita o la compra de velas.

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Algo me llamó poderosamente la atención, normalmente los via crucis (las imágenes que hay presentes en todas las iglesias y que conmemoran las etapas, las vivencias de Jesús) son 14:

Primera Estación: Jesús es condenado a muerte.
Segunda Estación: Jesús carga la cruz.
Tercera Estación: Jesús cae por primera vez.
Cuarta Estación: Jesús encuentra a su madre María.
Quinta Estación: Simón el Cirineo ayuda a Jesús a llevar la cruz.
Sexta Estación: Verónica limpia el rostro de Jesús.
Séptima Estación: Jesús cae por segunda vez.
Octava Estación: Jesús consuela a las mujeres de Jerusalén.
Novena Estación: Jesús cae por tercera vez.
Décima Estación: Jesús es despojado de sus vestiduras.
Undécima Estación: Jesús es clavado en la cruz.
Duodécima Estación: Jesús muere en la cruz.
Decimotercera Estación: Jesús es descendido de la cruz y puesto en brazos de María, su madre.
Decimocuarta Estación: Jesús es sepultado.

En esta ermita tan solo habían  siete: el número perfecto para Pitágoras, siete notas musicales, siete días de la semana y otras tantas virtudes son atribuidas a este número. Pero en esta ocasión este simbolismo va más allá, entrando en la simbología y significado de los chakras, estos coinciden en el cuerpo humano, con las glándulas endocrinas, y son puntos esenciales en el cuerpo, los cuales generan energía y la descompensación de alguno de ellos conlleva determinadas disfunciones.

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Cada una de las estaciones de esta ermita corresponde a un Chackra

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La entrada a la ermita, la mano posada en el pilar y da comienzo el ritual

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Como antes exponía, aquella ermita radiaba algo especial, mucha humedad y seguramente corrientes de agua subterráneas. Nuestros antepasados, los más cercanos y los más lejanos, eran muy inteligentes y elegían precisamente estos enclaves en donde las energías de la madre tierra emanan de manera especial y, a su vez, pueden servir como especie de acumuladores y regeneradores para nosotros mismos.

Desde luego los mareos, aunque débiles, se hicieron presentes. Poner la mano en aquella piedra cilíndrica vertical daba una extraña sensación. Posteriormente, y en cada uno de los siete vía crucis presentes, había que detenerse unos minutos, un espacio de tiempo indefinido, algo parecido a la carga de una batería, cuando uno ya se nota cargado pasa a la siguiente imagen.

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Altar principal

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Al salir habiendo completado el círculo, una gran serenidad nos invade y, sobre todo, bienestar. Seguramente quienes edificaron esta ermita dieron gran utilidad a estos campos energéticos que yacen en el interior. Quizá pudo llegar a formar parte de alguna iniciación, quizá únicamente para sentirse bien o para ayudar a la sanación de determinadas dolencias o, quizá, lo más probable, pienso yo, todas estas posibilidades fueron usadas y seguramente alguna más desconocida. Lo cierto es que hablar del sur de Francia es mucho más que hablar de sus castillos, vivir los enclaves es mucho más que visitar Rennês Le Chateau con su supuesto tesoro o Montsegur. Aún así, estos y los más conocidos enclaves son altamente interesantes y están cargados de historia, de leyendas y de “realidad”, pero existen otros tantos lugares muy poco conocidos que no han salido en los medios, o muy poco, lugares que esperan ser descubiertos, lugares que no aparecen como misteriosos, pero que están llenos de este misterio

 

Publicado por el día 24/08/2016

 

 


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