Todo el mundo conoce que es y para qué sirve una Ouija. Según la tradición popular es un tablero dotado del alfabeto y de números con el que supuestamente se puede entablar contacto con los espíritus de difuntos, de mascotas, incluso con seres de otros mundos. El caso que nos ocupa ocurrió durante una sesión en el pueblo valenciano de Algemesí y que considero interesante para que la gente considere las posibles consecuencias de realizar esta práctica

Tiene un puntero movible, aunque también puede ser un vaso vacío en medio del tablero sobre el que todos los jugadores ponen sus dedos índices. A cada lado del tablero hay un “” y un “no”; arriba un “hola” y abajo un “adiós” y en forma circular las letras del abecedario. Para comenzar el juego, cada participante hace una pregunta, y espera a que el puntero se mueva hasta una letra, luego hasta otra y así sucesivamente hasta formar una palabra coherente. Hasta ahí llega mi conocimiento sobre la Ouija, como la mayoría de los mortales, supongo.

Un caso misterioso

Personalmente siempre he pensado que más que una puerta a otros mundos, el tablero puede ser un camino a una especie de subconsciente colectivo, pero qué sé yo de todo esto. Al final solo son pensamientos o divagaciones más o menos racionales sobre una tabla de madera que, indiscutiblemente, genera un fuerte impacto a nuestras mentes. Lo que no son ni ambigüedades ni divagaciones es la experiencia personal que tuvo un compañero de trabajo junto con cinco amigos hace 26 años en relación a este fenómeno. Ocurrió en la población valenciana de Algemesí una tarde de sábado del mes de septiembre del año 1989. Como cualquier otro sábado una pandilla de jóvenes, tenían 18 años por aquel entonces, se reunió en una casa deshabitada de un familiar.

Hacía algún tiempo que sentían curiosidad por los temas paranormales y se habían interesado por la práctica de este juego. Habían improvisado una Ouija rudimentaria sobre una mesa de madera antigua con las letras del alfabeto escritas con tiza. La mesa la cubría un cristal que impedía que se borraran las letras y facilitaba el deslizar del vaso, igualmente de cristal. Una vez preparado el escenario comenzó el juego. Únicamente tres de los seis amigos tenían el índice sobre el improvisado indicador. Otros dos se encontraban mirando y un tercero realizaba fotografías con la intención de “capturar” en alguna de ellas un fantasma. ¿Por qué no? La diversión estaba asegurada. Lo que no esperaban era encontrarse cara a cara con el misterio que, de algún modo, echaría raíces en sus vidas.

Estaban muy animados con su nuevo juego de mesa. Empezaron a mofarse y a tomárselo a risa, cuando de pronto el vaso empezó a moverse con más intensidad y de manera más violenta. Uno de ellos se asustó y soltó el indicador, quedándose únicamente dos participantes. Eran mi compañero y su primo. Mientras todo esto sucedía, el chico que llevaba la cámara seguía realizando fotografías a los jugadores. Entonces algo sucedió, el vaso empezó a moverse en círculos violentamente, por lo que los dos últimos jugadores apartaron sus manos sobresaltados mientras observaron cómo el vaso dio una última vuelta al tablero para después salir volando y explotar en el aire. Lo que pasó después es fácil de imaginar, seis jóvenes corriendo aterrados de aquella casa abandonada como si les fuese la vida en ello.

Mi compañero me reconoció que nunca más volvieron a realizar el juego de la Ouija y, que desde entonces, tiene un inmenso respeto a estos temas. Aquello les sobrecogió profundamente, sobre todo al ver el revelado de las fotografías. En una de ellas, concretamente en la que realizaron en el momento previo a que el indicador saliera disparado, aparece una extraña luz que parece estar señalando al vaso.

ouija-algemesi
Fotografía obtenida momentos antes del incidente

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    Por: Cristian Puig Sanz

    Soy Cristian Puig, creador de Carpeta Dosier, un espacio diseñado únicamente para la investigación. Desde esta plataforma se ofrecen interesantes fenómenos que han ocurrido y siguen sucediendo en nuestro territorio.

    A lo largo de la última década, me he dedicado a recorrer el País en busca de todo tipo de fenómenos que aparentemente no tenían explicación o que albergaban dudas al respeto.

    Estos últimos son los que me han permitido continuar con mi pequeña obsesión personal, analizar los misterios sin resolver, independientemente de que posean algún supuesto componente paranormal, o que simplemente contengan la sombra del misterio en el propio caso.

    En todo este tiempo me he encontrado con fraudes de reconocidos escritores o periodistas, con locuras y obsesiones de diferentes tipos de personas, y por supuesto con casos y testimonios que verdaderamente ofrecían un auténtico reto para la lógica y la razón.

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