Existen numerosos enclaves que son verdaderos iconos del misterio repartidos por toda la geografía española. Uno de ellos es, o al menos fue hace unos años, el Sanatorio de Agramonte, situado en plena sierra del Moncayo. En 1930 se inaugura y, después de la guerra civil española, pasa a ser lo que fue en su día: Un centro antituberculosis. Sin embargo, no existía un tratamiento específico para esta enfermedad y la terapia se basaba, sobre todo, en el respirar aire puro, de ahí su ubicación. Al igual que otros tantos sanatorios edificados al mismo propósito, una vez erradicada esta enfermedad caen en abandono. En el caso de Agramonte esto sucedería en 1978. Desde entonces, muchos han afirmado ser testigos de lo imposible dentro de sus muros…

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Hay que tener en cuenta que existía un gran temor hacia el posible contagio de la tuberculosis y otras afecciones similares, con lo que muchos pacientes quedaban abandonados a su suerte en estos sanatorios. Desde luego, la emotividad vivida y sufrida durante el paso de los años y de la gran cantidad de enfermos resulta de grandes proporciones y, aunque científicamente no se pueda probar, es posible que esta emotividad y estas sensaciones aún impregnen este vetusto sanatorio. Tal vez puedan ser, con ayuda de alguna mente, el desencadenante de algún tipo de fenomenología paranormal.

La historia de este sanatorio resulta siniestra, pero supongo que como casi cualquier otro lugar durante la guerra civil. Enclave ideado, en principio, para las clases más altas de la sociedad más tarde las religiosas se harían cargo del sanatorio hasta el momento de caer en abandono, pero no en el olvido, pues en más de una ocasión, y preguntando a quienes habitan cerca, su respuesta siempre es la misma: Para ellos fue un orgullo de centro.

Hay que huir de historias macabras y sin fundamento, pues leyendas corren como en cualquier otro enclave similar, pero no hay que olvidar que fue un lugar dado a la medicina y a los pacientes, por lo tanto, merece el mayor de los respetos.

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Capilla del sanatorio

Una vez en abandono, el Sanatorio de Agramonte resulta ideal para curiosos e investigadores de lo paranormal que hasta él se acercan con el fin de obtener los ecos de supuestas impregnaciones que, de alguna manera, sigan incrustadas entre sus ruinas. Nos guste o no, pasa a ser uno de los enclaves predilectos del misterio. Se recogen decenas de psicofonías, algunas, cosa no siempre habitual, parecen registrar lamentos y sufrimiento. En una ocasión, y durante una investigación conjunta con la SEAMP, registramos en varias grabadoras un sonido identificado como una voz que nos susurraba, como escondida entre el ruido de fondo del arrastre de la cinta magnetofónica: “¡Ayúdenme!”. El tono y timbre de esta y otras tantas psicofonías es de dolor, de sufrimiento y llanto, acorde al lugar en que nos encontramos.

Este sanatorio está en total ruina y es peligroso. Algunos detractores apuntan a la poca responsabilidad de quienes se adentran en él, pero eso sí, tengamos en cuenta que estos mismos detractores han sido los primeros en visitarlo y pasar largas horas en su interior.

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He visitado varios sanatorios similares y cada uno tiene su sensación especial y, aún cuando nuestras sensaciones sea un tema poco objetivo, la realidad es que si lo que funcionase mayoritariamente en este tipo de lugares fuese la sugestión, nuestras sensaciones serían análogas de un sanatorio a otro, y más aún teniendo en cuenta que las historias relacionados con lo inexplicado son muy similares de un sanatorio a otro. Desde luego, y sea como sea, o por lo que sea, este lugar siempre me ha producido una sensación muy especial.

En su interior e inmediaciones se han registrado psicofonías, se habla de sombras errantes, de visiones fantasmales y de sonidos extraños.

El equipo de Pablo Villarubia, junto al investigador de reconocido prestigio Ángel Briongos, realizaron para el programa televisivo Cuarto Milenio una serie de experiencias en el interior del Sanatorio de Agramonte equipados con cámaras térmicas y equipos de grabación de audio, y pasaron unas horas interminables. Sin embargo, en esta ocasión, se incluye un elemento diferente: Una sensitiva, Maria José, con la cual me une una buena amistad.

Esta médium-sensitiva pudo ver, de forma mental, las imágenes de quienes en su día impartieron medicina, también a los enfermos, pero sobre todo lo que llegó a captar fue una sensación aguda de angustia: Quizá algunas de estas supuestas almas buscasen la recurrida luz, como si se encontrasen atrapadas en lo que Sinesio Darnell y otros denominaron la “Interfase”, un lugar entre nuestra realidad material y la espiritual. Pero quizá no todas estas entidades se encontrasen con “ganas de marchar”, estaban ahí, como el lugar que reconocen como su última morada y, de alguna manera, se sienten ligadas a ella. He de insistir que las apreciaciones de Maria José son del todo subjetivas, pero recordar que sin mente no hay fenómeno paranormal, que los ingenios electrónicos y tecnológicos pueden llegar a captar parte de esa otra realidad a la que llamamos inexplicada, en forma de audio o de más o menos nítidas imágenes, pero intuyo que para lograr captar un mayor espectro de esa frecuencia “paranormal”, al menos de momento, solo puede ser captada por la mente, otra cosa será el acierto del sensitivo a la hora de su decodificación e interpretación.

Durante las horas que duró aquella experiencia, algo espeso se sentía en el ambiente, un ambiente cargado que producía angustia en mayor o menor medida.

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¿Horno crematorio? No, la realidad es que es un horno para cremar ropas usadas en las tareas médicas

Durante mucho tiempo, y he de suponer que aún hoy en día, un pentagrama de color rojo dibujado en el suelo parece evidenciar algún tipo de culto, pero como es habitual, ningún lugar que cae en abandono se libra de la tiranía de los vándalos. Asimismo, tiempo atrás, fueron profanadas las tumbas y no era extraño ver algún hueso humano sacado de su nicho. Acerca de estos actos se habló muchísimo y siempre hay quienes pretender ver el culto al diablo como eje frontal y, desde luego, es muy posible que algún tipo de ritual se produjese en algún momento, pero casi descartaría el satanismo, pues este culto es algo mucho más serio y peligroso que quienes se dedican a invertir cruces, hacer pintadas o grafitos diabólicos. Prácticamente todo lo que vi, incluyendo restos de velas o el mismo pentagrama dibujado en el suelo de la capilla, parecen más propios del gamberrismo o de una magia ritualística de estar por casa, aunque desde luego sería aventurado afirmar al respecto de una posibilidad u otra.

El Sanatorio no se libró de polémicas tales como si la capilla estuvo desde el principio o si el mismo General Franco lo inauguró. Tales hechos o circunstancias son irrelevantes para el misterio, yo personalmente no he visto los planos y no sé más que por alguna foto antigua como era en sus inicios este Sanatorio, lo que verdaderamente importa, desde mi punto de vista, es lo que se vivió en su interior, el sufrimiento de tantas y tantas personas, los sucesos especialmente emotivos.

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Maria José, la sensitiva, nos cuenta como después de la grabación del reportaje toda una serie de sucesos negativos acaecieron sobre las personas que participaron: Intoxicación por múltiples picadas de pulgas, aunque estas mayormente están en los sótanos y, en todas las veces en las que yo he visitado este Sanatorio, no me han picado o, si lo han hecho, ni siquiera he llegado a percatarme de ello, pero tal cantidad de picaduras llegaron a hacer enfermar a uno de los participantes en la experiencia, un accidente grave, extrañas sensaciones y toda una serie de contratiempos y penalidades recaen sobre la práctica totalidad de quienes participaron, así nos lo cuenta la sensitiva.

Bien es cierto que otros tantos investigadores que han visitado el enclave no hablan de sucesos negativos. Tal vez todo se deba a una “simple” serie de casualidades negativas, pero la misma Maria José apunta: “Algo sucedió en aquel sanatorio”, con una entonación notablemente negativa.

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Mi pretensión no es lanzar morbo sobre este tipo de lugares, pero sí la de dar voz a quienes aún de forma, vuelvo a insistir, subjetiva, apuntan otras posibilidades.

Tal vez todo sea fruto de una serie de fatídicas “casualidades” y las sensaciones “fruto de la sugestión colectiva” o, tal vez… y solo tal vez…, y como apuntan algunos testimonios, el lugar esté maldito, aunque yo no sea capaz definir que tipo de maldición.

¿Qué hace diferente la experiencia de Cuarto Milenio a tantas otras en las cuales no parece haber atributos posteriores negativos? Puede que exista una diferencia muy clara e importante: La repercusión mediática. Quizá aquello que habita en el interior desea que no se comente demasiado. Ahora le toca a usted sacar sus propias conclusiones…

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