Dicen que haberlas haylas, la cuestión es donde buscar las verdaderas brujas, las conocedoras. No son tan habituales, ni tan siquiera tienen por qué leer el Tarot. La bruja de antaño era la auxiliadora, la médico, la que permanentemente se hallaba unida a la naturaleza, en ocasiones también la hacedora de magia, pero no viéndola como algo sobrenatural, sino todo lo contrario, como parte propia de la madre naturaleza. Si nos preguntamos donde encontrarlas, siempre será fuera del mundanal ruido de la actual sociedad y aun cuando habite en ella, siempre le será necesario el contacto con la naturaleza y con sus raíces. La presente introducción viene por el hecho de haber conocido a una de estas auténticas brujas, llamadas en Galicia Meigas. A la vez de descubrir a una verdadera, he tenido a bien reconocer mi error de en un pasado haber señalado alguna meiga por el simple hecho de ser gallega cuando no propiciaba la verdadera esencia

Desde aquí agradecer a Rossana Lara su deferencia hacia mí, Fran Recio, y hacia Ana Pozo, mi compañera, quienes por unos días nos adentramos en una tierra mágica donde las haya, en esa Galicia ancestral, cuna de misterios, cuna de la magia y de las meigas. De la mano de Rosana, cabalista y meiga, nos dispusimos a descubrir unas tierras que bien merece la pena ser visitadas, donde la belleza está por doquier. Pero para descubrir determinados rincones, para conocer algunas de sus magias ocultas y algunos de sus lugares más recónditos es necesario acompañarse de quien sabe, y que mejor que ir acompañados por Rosana y por Emiliano, ambos experimentados en la materia. Quizá algún lector se pregunte como puedo saber que realmente es una meiga de las de verdad, pues algo que me hizo afianzar mi posición es ver como las meigas gallegas, aquellas que no se publicitan, muchas de ellas de avanzada edad, la conocen y quieren y lo que está claro es que jamás querrían a una estafadora, pues entre ellas se reconocen.

Desde aquí mi admiración a una tierra, cuadro de bellos paisajes, donde uno se encuentra con decenas de tonalidades verdosas, con gentes amables, con una excelente gastronomía y con rincones de una belleza difícil de expresar.

El presente escrito tan solo es a modo de introducción, porque durante unos días no fuimos turistas, si no viajeros ávidos de conocer y experimentar. La diferencia entre el viajero y el turista es que este último ve los lugares como una película sin ser partícipe de ella y el viajero se une a las gentes del lugar, participa de lo más auténtico, se funde con el entorno y es observador. Poco me imaginaba yo cuantas cosas nos iban a cambiar apenas unos días por adentrarnos en esta tierra, pero no se trata de la cantidad, si no de la calidad y sobre todo de la compañía. Algunos lugares no podré señalar su ubicación precisa ni hablar mucho más de ellos, pues como bien es sabido para el que se adentra en temas fronterizos, quien esté preparado para conocer, comprenderá.

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Cuando uno ve el primer letrero indicador que estamos en tierra gallega algo parece cambiar, y es que en realidad cambia el paisaje y hasta el aire que se respira, no con ello pretender menospreciar otras tierras, pues cada una de ellas tiene su condición y su encanto especial, más es hora de adentrarnos en Galicia.

España posee numerosas bellezas que merecen la pena visitarlas, y Santiago de Compostela es una de ellas. Ciudad rodeada por la leyenda, por un camino iniciático llamado “Camino de Santiago”, que nos lleva directamente hasta la Catedral de Santiago, cuna del peregrino, final de trayecto y nuevo inicio, pues quien realza el Camino de Santiago desde cualquiera de sus inicios al final vuelve a comenzar, pues algo cambia en la vida, pues al igual que ancestrales ritos mágicos, algo muere durante el Camino para dar nacimiento a una esencia difícil de describir, pues se trata de un renacer en la propia persona. Seguramente nos hallemos ante uno de los grandes misterios de esta tierra, pero más allá de Santiago, de un camino que aún me queda por recorrer, estoy deseoso de descubrir enclaves ocultos y diferentes. Para saber más acerca de este camino iniciático hay grandes conocedores de él que han plasmado en papel sus impresiones, creencias y leyendas, como Francisco Contreras Gil, periodista de lo insólito, que está a las puertas de publicar su obra literaria acerca de esta ruta y de su vivencia, seguro una buena obra para conocer más sobre el tema.

La alegría es pura magia y la amistad un don que debe ser preservado, y que mejor que iniciar esta andadura degustando platos típicos de esta tierra en buena compañía, para después de la velada, un descanso reponedor para ir a la búsqueda de lo especial, de lo auténtico.

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Un buen inicio de investigación: Un brindis por el misterio

Uno de los más conocidos símbolos de Galicia son los Cruceiros, de los cuales Rossana nos mostró varios de ellos. Su cifra llegó a alcanzar los más de 10.000 por toda Galicia, por lo que es muy común encontrarlos en cualquier enclave. Su función, unos la de sacralizar lugares y prácticas paganas, otros se erigieron para dar gracias por algún favor concedido, para expresar la fe o posiblemente como elemento de superstición para ahuyentar a las brujas, algo que seguramente no funcionó, pues es bien sabido que algunos de estos Cruceiros fueron usados por las propias meigas en sus labores mágicas. Algunos de estos Cruceiros enlazan directamente con otro de los grandes enigmas, quizá el más temido, La Santa Compaña, que fueron levantados como protección de esta procesión de muertos.

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Catedral de Santiago de Compostela, final del Camino de Santiago, un recorrido iniciático

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Imagen del Apóstol Santiago

Se cree que el nacimiento del Cruceiro comienza en periodo gótico, como así lo expresa en su web Maximino Fernández, pero es algo que no se ha podido constatar. Uno de los más antiguos data del siglo XIV, en Melide (A Coruña) y del siglo XV,  Home Santo, instalado en la puerta del Camino de Santiago de Compostela.

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Cruceiro en Galicia

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Pero hay hechos, leyendas y tradiciones de las cuales hay muy poco escrito. En realidad, los verdaderos secretos de las meigas no están plasmados en las hojas de los libros y su saber se transmite de boca a oído. Antaño fue época de meigas, y rápidamente una cuestión ronda mi mente, la cual la traslado a Rosana, nuestra amiga y guía de estas tierras: ¿Qué sucede con esta tradición, hay meigas jóvenes? Su respuesta no me es muy alentadora, pues resulta negativa, pues según ella en la actualidad cada vez son menos quienes continúan con la labor de la meiga de antaño, ya que la bruja verdadera viene de generaciones pasadas y se transmite en los genes, pero en última instancia deberá ser la mujer la que decida si dedicar su vida a ser meiga o declinará tal labor y don. La propia sociedad en la que vivimos y estamos inmersos no propicia a la meiga y muchas son quienes han huido de estas tierras llamadas por el ego y la avaricia, montando consultas esotéricas, realizando predicciones con mayor o menor acierto, pero olvidando la verdadera esencia de la meiga. Es precisamente por este hecho que anteriormente apuntaba que la verdadera mujer de conocimiento necesita periódicamente volver a su tierra, a sus orígenes, conectar con la naturaleza y con esos lugares especiales donde las energías de la madre tierra brotan y se manifiestan de especial manera. Sin menospreciar a las brujas de salón, o quienes se denominan brujas “modernas”, no creo en estas a modo personal, creo en las de antaño, y quiero ser optimista y pensar que, aun quedando menos, algunas meigas más jóvenes continuarán y darán sentido a la tradición, practicando la verdadera magia de la naturaleza siendo esas mujeres especiales que siempre han sido.

Cementerio antiguos, vallas que eran saltadas por las meigas para conectar con la tierra santa, para realizar sus invocaciones, evocaciones y ritos mágicos, lo cual no es sinónimo de mal hacer, si no de un conocimiento que pocos saben y que menos aún comprenden ni aceptan. La meiga siempre ha sido y continua siendo fiel a sus creencias y, aun siendo mancillada, continua en sus quehaceres diarios, sintiendo que lo que algunos denominan sobrenatural, simplemente por darle un nombre, en realidad está muy presente y nos envuelve por abundantemente. La meiga lo sabe y lo usa en su benéfico, pero sobre todo en beneficio de sus próximos o incluso de aquellos a quienes ni siquiera conoce.

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Lugares propicios para los quehaceres de las meigas

Los Cruceiros también servían como especie de mesa ritual donde ofrendar, donde alzar la voz a la naturaleza y a los elementos.

Brujas oscuras, haberlas, también las hubo y alguna queda, pero la mayoría de ellas no renegaban de símbolo alguno que propiciase la fe, ya fuese cristiano o no, por lo que nunca sentían malestar ante símbolos religiosos, tal vez sí en alguna ocasión un cierto rechazo, pero rechazo a las barbaries tales como la Inquisición, donde una supuesta iglesia que predicaba la honradez y la salvación hacía caso omiso al mandamiento de “No Matarás” asesinando en la mayoría de los casos a mujeres inocentes cuya única culpa era la de ser mujer o la de conocer, y por descontado, para la iglesia de aquella época, el conocer era negativo, y solo unos pocos pudientes y el clero debían conocer.

No me cabe la menor duda que uno de los mayores misterios de estas tierras es la denominada Santa Compaña, una leyenda que se asemeja a otras similares y que recaen sobre otros países y otras localidades. Una procesión de muertos, posiblemente de almas en pena, se aparecen por la noche y van guiados por el portador de un candil. Esta leyenda, como la mayoría de las leyendas, tiene sus variantes, pero el trasfondo radica en dicha procesión siniestra, cuya finalidad es ir en busca de quien está a punto de fallecer. Se dice que, quien la observa, al día siguiente forma parte de este séquito, ya que tras el aviso de la Santa Compaña, la persona fallece. La parte menos conocida de esta manifestación radica en que no parece ser del todo cierto que cuantos ven a la Santa Compaña fallecen, personas con una especial sensitividad han llegado a ver esta procesión sin acabar siendo partícipes de ella, como un testimonio, para mí del todo veraz, que asegura haberla visto y que corrobora otros tantos del mismo tipo.

Tal procesión de ánimas suscita en las gentes un profundo temor, y no me refiero a la edad media, si no hoy en día. Uno de los lugares donde se asegura que se aparece mucho la Santa Compaña en Galicia es San André de Teixidó. Bajando el camino que lleva a la localidad nos encontramos con una ermita en honor a este Santo, donde se asegura que las reliquias, las figuras que se pueden encontrar en los puestos de venta, son milagrosas si se sumergen en el agua bendita de la ermita, y donde lo más clásico es comprar la barca de San Andrés, ritualizarla sumergiéndola en el agua bendita y llevársela como amuleto y objeto de poder. Como otras tantas iglesias y ermitas, la de San Andrés de Teixidó contiene una imagen de este santo que es venerada y besada por lugareños y visitantes en busca de sus favores. Sorprende la gran cantidad de velas que se ofrendan con las más diversas formas: Pies, manos, rodillas y un largo etcétera de formas y otros tantos diversos objetos que se depositan en busca de favores y más aún si tenemos en cuenta que no nos encontramos ante una ermita de grandes dimensiones.

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Representación de la Santa Compaña, una de las leyendas más arraigadas de esta zona

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San Andrés de Teixidó, lugar de aparición de la Santa Compaña

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Imagen venerada de San Andrés

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Ofrendas en la ermita

Hasta aquí la primera parte de un viaje “alucinante” en busca de los misterios de Galicia. Son tantas las leyendas, historias y lugares con ese encanto especial a misterio y, por qué no decirlo, a “sobrenatural” que será necesario algún escrito más.

No dejéis pasar la oportunidad de visitar esta tierra, cuna de leyendas y sensaciones con un camino a recorrer, denominado Camino de Santiago, que actúa a forma de ritual iniciático, ya que quien lo recorre de alguna manera muere, para renacer en si mismo.

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