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A veces veo… muertos

Los ojos son similares a las lentes de una videocámara con su correspondiente CCD o CMOS: Su función es reflejar las frecuencias lumínicas y pasar esta información al cerebro, donde posteriormente es analizada. En realidad, donde se genera la visión no es en los ojos, si no en el cerebro, concretamente en la parte trasera de la cabeza, un poco más arriba de la nuca, de ahí que cuando se nos da un golpe en este lugar, lo primero que sucede es la pérdida de la visión y la sensación de “ver estrellas”

Nuestro cerebro funciona mediante comparaciones: Un estímulo exterior, como puede ser una visión, pasa al cerebro y este busca en el registro de la memoria objetos similares. Sin embargo, ante una visión totalmente desconocida para la cual el cerebro no tenga registros similares en el archivo de la memoria, este busca similares en la imaginación, en las visiones de ficción e incluso en las creencias, para de alguna manera poder interpretar aquello que le es desconocido.

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Es precisamente de esta manera que ante una visión, por ejemplo, lumínica y totalmente desconocida, si el sujeto tiene creencias religiosas lo puede interpretar como una aparición angélical o incluso mariana, de igual manera que si las creencias del sujeto son extremadamente esotéricas puede dar lugar a una interpretación de índole energético e incluso mágico, lo mismo que si las creencias son férreas en ufología, la misma luz puede ser identificada como una manifestación de un objeto volante no identificado.

Una vez expresado a grandes rasgos el funcionamiento que usa nuestro cerebro para reconocer… ¿Significa que todo aquello que para la mente es desconocido, en realidad lo que hace es fabular una interpretación? La respuesta es afirmativa para algunos investigadores de lo insólito, pero en mi caso particular siempre hago una clara distinción entre investigadores, al menos en dos grupos. El primero, formado por quienes jamás han tenido una experiencia de tipo paranormal o desconocida y otro los que, al menos, han tenido una. En el caso del primer grupo, podrán llegar a sentir y amar el mundo de la investigación paranormal, pero en raras excepciones serán capaces de ver más allá de sus propias creencias, interpretaciones o cientificismo, en el caso del segundo grupo, la mente acaba por abrirse más, sin descartar ninguna posibilidad por descabellada que parezca en un principio y, hasta que se logren respuestas por parte de los investigadores paranormales o de la propia ciencia, estará claro que el fenómeno es real y existe. Es muy común en quienes no han tenido experiencias que solo acepten los testimonios de lo que ellos creen, por supuesto sin ninguna prueba, y descartan e incluso ridiculizan en ocasiones lo que ellos interpretan como “no paranormal” o invenciones de la mente. Un tercer grupo de investigadores, los que se creen “auténticos investigadores del misterio”, pero que siguen sin aportar nada y defienden la violencia, ya sea verbal o en cualquiera de sus aspectos, queda totalmente descartado y carece de valor.

¿Significa que, quienes han tenido al menos una experiencia insólita, son más crédulos? Por descontado que NO. Pueden ser los grandes escépticos. Recordad que la palabra escéptico no es sinónimo de negador, si no que su significado es “el que duda” y seguirá dudando, pero con el convencimiento de una realidad no tangible.

Paranormal no es sinónimo de sobrenatural. En realidad, no creo que nada esté más allá de lo natural. Todo lo contrario, en realidad se trata de manifestaciones o realidades desconocidas o para las cuales aun carecemos de una explicación razonable.

Pero como bien dice la ciencia, nuestra mente, nuestro cerebro, es el gran desconocido. La telepatía o la precognición son facultades que hoy en día cualquier entendido ya no niega, ya que si vamos sentados en el asiento de un vagón de tren y observamos a alguien, suele ser común que este alguien se gire y nos mire, como habiendo detectado nuestra mirada y nuestro interés. Madres e hijos parecen tener también telepatía y no son pocos los casos en que una madre ha presentido la muerte de su hijo en la guerra, y esto por poner tan solo un ejemplo, podríamos encontrar centenares más… Por lo tanto, está más que probado que el cerebro tiene percepciones extrasensoriales, bien sea a través de los chacras o bien sea mediante algún sistema que de momento no conoce la ciencia. Percibimos más allá de los sentidos comunes y es precisamente a este respecto y al de la película protagonizada por Bruce Willis, “El Sexto Sentido” en donde un niño comentaba “En ocasiones veo…. Muertos”. Por descontado, se trata de una película, pero basada en lo que no pocas personas aseguran, que en ocasiones ven…

Nuestro cerebro es bien cierto que fabula, que inventa y es justo decir que en gran parte de los casos en que las personas aseguran “ver algo” relacionado con lo inexplicado puede tratarse de la propia sugestión en ocasiones amplificada por diferentes estímulos, como por ejemplo, la nocturnidad, en donde merman nuestros sentidos y por lo tanto nuestras reacciones. La sensación de una escasa defensa o el simple miedo a lo desconocido e incluso a los miedos que anidan en el subconsciente pueden llegar a propiciar la alucinación. Decir que el miedo es una reacción de autodefensa del cerebro y una sensación necesaria, carecer de miedo sería un problema que debería tratarse a nivel médico.

Los factores que intervienen en la “sensitividad” de las personas funciona mediante mecanismos que, a día de hoy, desconocemos. En cierto modo, la función de quienes nos dedicamos a la parapsicología es el plantear cuestiones, las respuestas de forma prácticamente obligada llegarán de la mano de la ciencia con el tiempo. Hablar de método científico aplicado a la investigación paranormal comienza por el sentido común y por no ser juez y parte en las diferentes funciones durante una investigación. Realmente no se puede hablar de una metodología específica en la investigación, pues la parapsicología en nuestro país no está reconocida a nivel académico y no está en la mano de ningún investigador ni grupo el afirmar que patrones o que metodología se debe aplicar, puesto que esta será la tarea de los estamentos de la enseñanza, de la universidad y de quienes imparten enseñanza en ella, quienes determinarán los patrones a seguir.

Creerse ser el “verdadero” investigador no es más que un pecado de orgullo. Lo más sensato es aprender de cada caso y de múltiples investigadores, pues siempre hay más mérito en reconocer el trabajo de otros que el propio.

Pero… ¿Realmente la mente es capaz de “ver” esa otra realidad que no se muestra ante los sentidos comunes? La respuesta no puede ser definitiva, puesto que habiendo pruebas a favor y en contra, ninguna acaba por ser determinante. Lo importante para analizar esta cuestión es no solo centrarse en tal posibilidad ni en los testimonios, los cuales se cuentan por millares, ni tampoco en estudios ya sean parapsicológicos o de corte más “científica”, puesto que ninguno es determinante. Habrá por tanto que buscar más allá de esta cuestión y analizar los casos y testimonios relacionados. La mediumnidad asegura que existe la vida más allá de la muerte, y en ocasiones se han dado mensajes y se ha establecido supuesto contacto con el más allá aportando datos desconcertantes y acertados. No son pocos quienes han dedicado gran parte de su vida al estudio de los casos de experiencias cercanas a la muerte haciendo correr ríos de tinta en forma de publicaciones literarias, con testimonios que desde luego no dejan indiferente.

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En una gran cantidad de sucesos trágicos, pongamos por ejemplo el accidente de los Rodeos, sucedido el 27 de marzo de 1977 cuando dos Boeing 747 colisionaron en el aeropuerto de Los Rodeos (Tenerife). En este particular caso, y de forma análoga a otros tantos similares, se cuentan por decenas los testimonios de quienes aseguran haber visto lo que denominamos “fantasmas” o apariciones, y desde luego tales visiones son percepciones extrasensoriales.

Lo mismo sucede en lugares clásicos del misterio, como por ejemplo en el Preventorio de Aigues de Busot, en donde personas con una especial sensitividad o sensibilidad son capaces de percibir lo que antaño sucedió.

Cuantas veces, y en cuantas ocasiones, ante un familiar fallecido no se creído percibir su presencia, y aun cuando muchos aseguran que no es más que una sensación normal causada por la pérdida de un ser querido, estas sensaciones en no pocas ocasiones tienen matices que nos sorprenden.

Cuantos y cuantos casos de percepción día a día se dan en el mundo entero estando, gran parte de ellos, relacionados con los difuntos. Hablar del tema de la vida más allá de la vida resulta complicado para algunos, y no pocos apartan el tema por sentirse incómodos ante él por simple desconocimiento o por quienes aseguran que es poco “científico”. Por descontado una apreciación del todo errónea, puesto que gran parte de las experiencias realizadas por anexos a universidades y por equipos científicos han abordado el tema de la posibilidad de la vida después de la muerte, y no pocas personas de ciencia día a día se interesan por tal posibilidad.

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Está matemáticamente probado que existen más dimensiones de las que podemos percibir en condiciones normales, lo que en ellas exista, es una incógnita, y ante la pregunta de si la conciencia perdura después de la muerte, es una pregunta que sigue sin respuesta, pero de la que cada vez se tienen nuevos datos y nuevas experiencias. Pretender captar una realidad desconocida con la tecnología actual y diseñada para nuestra realidad es arduo arriesgado, a primera instancia resulta muy visual y de corte “científico” experimentar con gran cantidad de aparatos y, desde luego, es una opción interesante y a tener en cuenta, pero para nada determinante. El emplear, por ejemplo, un detector de iones negativos está muy bien y seguramente en ocasiones dará una alerta, ¿Pero de qué? ¿Acaso existe alguna estadística que relacione tales alertas con manifestaciones paranormales? ¿Realmente se ha logrado probar algo con los aparatos que hacen ruido y luces? La respuesta es negativa, pues intentar captar algo sin saber de que se trata es como jugar al azar y, cuando hay alguna manifestación, y queda registrada de alguna manera es por que esta así lo ha consentido.

La mente fabula e inventa, pero también posee facultades que escapan a nuestra comprensión, y los casos y testimonios relacionados con visiones de fallecidos se cuentan por millares. Casos a los cuales no hay que girarles la espalda y, cuanto menos, tenerlos en consideración como posibilidad real. De hecho, la parapsicología nace con la pretensión máxima de estudiar si existe vida más allá de esta, y aun cuando esta incomode a muchos, y más allá de la fe, debe estudiarse. Para ello contamos con una herramienta sensacional, la mente, la gran desconocida.

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Publicado por el día 09/09/2015 | Sin comentarios

 



 

 





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