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La casa encantada de Cubelles y el descubrimiento de una facultad en la testigo

Sobre las casas encantadas dicen que haberlas, las hay, como si de meigas se tratase. En ocasiones, con apariencia de alma propia, quizá con ganas de contar alguna historia, con ganas de transmitir algún mensaje. Seguramente, el cine ha dado una imagen irreal de cuanto sucede en estos enclaves, pero lo cierto es que no hay expertos en esta temática, tan solo personas con una mayor o menor experiencia, tampoco se pueden establecer patrones de lo que acontece en estos domicilios y llevar una a cabo una investigación, por lo que resulta complicado. Quienes sufren los fenómenos que se dan en las casas encantadas buscan una solución, y en la mayoría de los casos poco les importa si logramos psicofonías o alguna que otra imagen supuestamente paranormal, pues desean que aquello que les perturba cese cuanto antes. Lo demás, los registros y otras pruebas o conclusiones son temas añadidos

Cada vez que me encuentro ante uno de estos casos la incertidumbre se apodera de mí, y no me importa reconocerlo, puesto que por mucha experiencia que uno posea, cada caso, cada casa, es un mundo distinto, pues no hay dos casos iguales y no hay que olvidar que la tecnología que se emplea para la investigación, por mucha y sofisticada que sea, está diseñada para “nuestra realidad”, para nuestro mundo en tres dimensiones más la cuarta, el tiempo.

El siguiente caso es más común de lo que pueda parecer, pero aún son muchas las personas que sufren lo paranormal en silencio por miedo al ridículo o a la descalificación, aunque, por suerte, esto está cambiando y cada vez son más quienes cuentan sus casos y vivencias. Lo peor, en todo caso, es a quien contarlo. En la actualidad hay toda una serie de investigadores o supuestos investigadores de lo paranormal, y por otra parte están quienes cobran sumas desorbitadas por limpiezas o trabajos de magia ineficaces o simplemente innecesarios. Quienes se autodenominan más cientifistas acuden con todo un “ejercito” de tecnología, pero en muchos casos sin resultados satisfactorios. Ante estos fenómenos también es posible acudir a quienes aseguran estar en contacto con ese “otro lado” usando técnicas mediumnicas, pero la realidad es que tal abanico de posibilidades no hace más que acrecentar la duda de quien sufre el fenómeno y, en no pocas ocasiones, se decide por quien no se debería decidir.

Llegados a este punto, no quisiera parecer pretencioso en absoluto. No soy ni mucho menos el único posible a quien acudir en estos casos, por ejemplo, la Sociedad Española de Investigaciones Parapsicológicas dispone de grandes profesionales de la investigación y de tecnología suficiente, así como de experiencia en estos casos.

El caso que expongo a continuación vino a mi conocimiento a raíz de los programas radiofónicos que dirijo. Se trata de una familia que entra en contacto conmigo advirtiéndome de extraños sucesos y percepciones en su domicilio.

Lo primero que hice fue entrevistarme con los testigos: Una familia compuesta por una pareja de mediana edad y dos hijos.

Me advierten de que han sido testigos de sombras, sensaciones de tocamientos, desplazamientos de objetos, pero, sobre todo, me hacen hincapié en las sombras, definidas como “humanas”, que se pasean por el domicilio.

Quien más se percata de estos fenómenos es la mujer e insiste en que la “tocan”, e incluso la “agarran”en ocasiones. El marido, que parece más distante a la fenomenología, cree firmemente a su esposa. La mujer parece muy preocupada por si pueden hacerle algún daño.

Hasta el momento los fenómenos no han ido más allá y la credibilidad que me transmiten me parece total y absoluta, y que los fenómenos sean reales o no en primera instancia poco importa, puesto que si son reales en la mente son reales para quien los vive.

Los antecedentes e historia de la casa no muestran ningún detonante, ningún caso trágico ni vivido con una especial emotividad, ni cementerios ocultos bajo tierra ni suicidios en el pasado. Una casa de construcción reciente y nada que aporte pistas sobre el por qué de la fenomenología. Llegados a este punto, hay quien empezaría a dudar del testimonio de la mujer, pero siempre hay que tener en cuenta la posibilidad de que lo que se nos cuenta sea verdad y real.

La mujer me muestra los lugares del domicilio en donde se “aparecen” o se “muestran” más: Una habitación lúgubre en un sótano, al estilo de las películas clásicas del género de terror. Parece que pueda ser fruto de sugestión más que de otra cosa, sin embargo, la extrañeza se apodera de mí cuando me indica que otro de los lugares de más paso de estos “espíritus” es la cocina, totalmente nueva, de reciente construcción y estilo modernista.

Otro de los puntos focalizados es el dormitorio donde asegura haber sentido como caricias. En principio, el lector puede pensar que se trata de “poca cosa”, de fenómenos sutiles y más que nada de percepciones, pero la realidad de estos enclaves muestra que en la mayoría de los casos se tratan de fenómenos sutiles para quien los ve desde fuera, pero de angustiosos para quien los sufre y esta es, en gran parte, la realidad de las casas encantadas, al menos lo más habitual, por descontado sin menospreciar casos famosos u otros de especiales y más angustiosas características, pero por suerte menos comunes. Desde luego no quiero errar generalizando, pero en los casos que me han llegado han sido de estas características, por así decirlo, suaves.

Me resultó tentador el realizar algunas experiencias psicofónicas, pero no lo consideré oportuno por no agrandar la incertidumbre, provocar sugestión o aumentar la angustia con posibles resultados, los cuales no siempre aportan datos sobre lo que se investiga, por lo que opté por continuar la charla mezclando temas triviales con apuntes sobre las vivencias y fenomenología.

En un momento de la entrevista ya pude llegar al menos a una conclusión, si es que en estos casos hay conclusiones firmes, y resultó ser que no nos encontrábamos ante una casa encantada, puesto que en tales casos se sucede fenomenología de índole desconocida con indiferencia de quien habite el domicilio. La testigo me cuenta que ya en un pasado y en otra casa tubo experiencias similares. Tal apreciación hubiese sido muy interesante al principio de la entrevista, pero es muy normal que el testigo no se abra al investigador hasta que este se hace merecedor de confianza. Un trato amable, tranquilizador y sobre todo de entendimiento y normalidad ante los fenómenos extraños es vital para hacerse con la confianza del testimonio.

La testigo asegura que de un tiempo a esta parte se han incrementado sus sensaciones y asegura que ahora ve las “sombras” con mayor claridad, además de ser más consciente de los tocamientos y agarres. Sin embargo, nada parece grave, y así se lo trasmito, dándome ella la razón: Nunca, en realidad en ningún momento, ha sucedido nada angustioso o peligroso en exceso más que el lógico miedo a lo desconocido, a lo que nuestro cerebro no es capaz de comprender al no tener patrones similares.

Al principio sus visiones eran de extrema brevedad, como si de pequeñas disfunciones de la visión se tratase o de diminutas cataratas en los ojos que de forma ocasional hacían acto de presencia. Tales visiones y sensaciones fueron acrecentándose y, en el momento actual, le causan respeto y miedo, pues han pasado de discretas apreciaciones a algo mucho más real y definible.

El caso, en primera instancia, lo doy por concluido advirtiendo de la posibilidad, y solo como posibilidad, de que sea algo más perceptiva que las personas comunes. Tal vez, y solo tal vez, sea capaz de percibir una frecuencia mayor de una realidad no tangible para los comunes, pero no por ello inexistente. Es posible que este despertar de la psique vaya en aumento o, tal vez, quede estancado, pero lo que verdaderamente me sorprendió fue la reacción de la testigo: La calma y la tranquilidad se apoderan de ella y me comenta textualmente: “Creo que siempre lo he sabido, tan solo necesitaba alguien que me lo confirmara”.

Hay quienes pensarán que todo anida en su mente fruto de una sugestión sin aparente causa, pero estoy convencido de que existen personas con la capacidad de percibir porciones de una realidad no perceptible para los más comunes. El caso queda aquí, pero con la tranquilidad de la testigo, una facultad que se despierta y que yo desde luego no sé como adormecer, pues no hay antídotos para quienes son capaces de tener estas percepciones. Lo mejor, o al menos así lo veo yo, es aprender a convivir con esta facultad, darle la importancia que nos merezca en cada caso, pero sobre todo, no sentirse una persona extraña y abandonar el miedo, puesto que es del todo injustificado. Se trata de vivir y seguir viviendo con total normalidad, pero con una facultad más.

Prácticamente ningún caso relacionado con lo inexplicado queda del todo cerrado y, meses más tarde, hasta en tres ocasiones distribuidas en el tiempo, entro en contacto con la mujer interesándome por el caso. Su respuesta: “Estoy más tranquila, ahora he aprendido a convivir con ello”.

No descarto en un futuro realizar en el domicilio algunas pruebas, pues así me lo han solicitado, siempre y cuando tenga la certeza de que ello no les afectará, pues por mucho que esté interesado en realizar experiencias, lo primero, siempre, han de ser quienes sufren estas vivencias y abstenerse de hacer algo que pueda repercutir negativamente.

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Publicado por el día 06/10/2015 | Sin comentarios

 



 

 





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