A finales de los años 70 unas extrañas luces sobrevolaron el cielo nocturno en la comarca de Requena y Utiel. Éstas tenían un comportamiento anómalo e inusual.  Algunos testigos de este fenómeno narran cómo estas luces parecía que persiguieran a los vehículos que circulaban tranquilamente por las carreteras de una determinada zona

Ese es el caso de Felisa, la viuda de Juan P., barbero de profesión y natal de Caudete de las Fuentes. Ella nos cuenta, en la tranquilidad de su hogar, la insólita historia que cambió y marcó a su marido hasta el final de su vida. Nos relata cómo su marido Juan, de manera habitual, se desplazaba a localidades vecinas, tales como Las Monjas y Los Marcos para ejercer su profesión.

Ella recuerda que en ocasiones su marido regresaba a altas horas de la noche tras un largo día de trabajo. Y también como en alguna ocasión su marido le había mencionado que en algún que otro trayecto de vuelta a su domicilio se había encontrado con alguna extraña luz de procedencia desconocida.

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Pero todo cambió una noche. Una noche en la que Juan sintió miedo y mucha inquietud ante lo desconocido y que le hizo tomar la decisión de no volver a trabajar fuera de su localidad a pesar de que era un hombre que no se asustaba fácilmente. Era de carácter duro y no creía en “estas cosas”.

Los hechos ocurrieron en la madrugada del 13 de Mayo del año 1977, cuando el barbero se encontraba circulando con su ciclomotor por la carretera CV-452, camino de vuelta hacia su domicilio. Al llegar a una zona arbolada que se encuentra entre las localidades de Los Marcos y El Caudete volvió a toparse con la luz que le había atormentado las anteriores noches.

Pero esta vez era diferente. Generalmente volaban desconfiadas entre las copas de los árboles, pero en esta ocasión le persiguieron claramente hasta volar a poca altura sobre su cabeza.

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Muy impresionado ante lo que veían sus ojos, no tuvo más remedio que detener la marcha. A toda prisa arrastró su ciclomotor fuera de la carretera y se escondió asustado bajo unos matorrales hasta que pudo ver cómo las luces desaparecían repentinamente.

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Muchos años han pasado de todo aquello y algunos de los testigos que protagonizaron estos sucesos ya no se encuentran entre nosotros, pero sus vivencias aún siguen muy presentes en la memoria de sus familiares.

Por eso he querido rendir homenaje tanto a los testigos fallecidos como a los familiares, ya que han tenido la amabilidad de narrarnos lo sucedido, para que el misterio que marcó sus vidas no desaparezca con el paso del tiempo.

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